Porqué defender la secesión, respuesta a Antonio España

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Me topé hace poco con una columna donde se pretende explicar porqué es supuestamente antiliberal apoyar al movimiento secesionista catalán. Se llama “La inoportuna defensa liberal de la secesión”, su autor es Antonio España. Me he topado ya con mucha gente, muchos liberales que igual que Antonio, argumentan en contra del derecho de secesión de los catalanes, usando varios argumentos. Dado que su columna reúne a la mayoría de argumentos que he visto, me pareció útil hacer una réplica. Acá asumo que se parte de una mirada liberal, es decir, de la aceptación de los derechos más básicos del ser humano, por ejemplo el derecho de propiedad (privada). Haré esta réplica en forma de conversación, pues me es más cómodo ese formato para este caso.

se da en unas circunstancias de desafío a la ley y al Estado de derecho

No, lo que va en contra del Estado de derecho es el Estado mismo, que violenta todos los derechos más básicos del ser humano. Además, cualquier ley que diga que uno no puede finalizar relaciones con cualquier organización o persona no es una ley válida, no debe ser respetada. Las leyes malas no se deben respetar.

Es más, me pregunto si Antonio y compañía opinan lo mismo sobre el referéndum kurdo. Se me hace que van a tener un enorme doble estándar ahí. Ese referendum también ha sido declarado ilegal por los Gobiernos de Irak, Turquía y demás déspotas que están luchando por que no se les escapen algunos de sus siervos/esclavos. Sería terrible que la gente empezara a pensar que tiene derecho a ser libre e independizarse si no le gusta el Estado en que están. ¿Qué quedaría para los déspotas entonces? Tendrían que empezar a considerar tener un trabajo productivo en vez de uno parasitario, qué indigno. Disculpen por el sarcasmo.

supone un agravio comparativo con otras situaciones de verdadera restricción de las libertades individuales más básicas, como puedan ser los regímenes comunistas de Corea del Norte, Cuba o Venezuela, o las teocracias islámicas de Oriente Medio

Eso no tiene nada que ver. Que a alguien le roben es tan violación de derechos como cualquier otra cosa. Esta afirmación es como decir que el que una víctima de violación reclame que fue privada de su derecho a la integridad física es un agravio comparativo contra gente que que está en condición de esclavitud en Corea del Norte. Ridículo, y me parece que tal afirmación es de hecho un agravio contra cualquier persona que sufre alguna reducción o privación de alguno de sus derechos.

supone alinearse junto a unas formaciones políticas —nacionalismo corporativista, nacionalismo socialista y comunismo antisistema— que comparten muy poco con las ideas liberales

Los derechos, como por ejemplo el derecho de secesión (que no es más que el derecho a la libre asociación, derivado del derecho de propiedad) se tienen indiferentemente del color político de la persona. Una persona tiene tanto derecho a secesionarse como cualquier otra, incluso si es comunista, fascista, etc. Muy antiliberal me parece afirmar que la posesión de derechos depende del contexto político.

Si algo defienden estos partidos, es supeditar la voluntad personal a la colectiva.

Curioso que estén buscando imponer esa voluntad a muy poca gente. En este caso, me parece que los anti-derechos de propiedad (los anti-secesión, como ya expliqué) son los que buscan imponerle a los catalanes secesionistas sus propios dictados, y no al revés. Los catalanes independentistas parecen buscar no tener que imponerle al resto sus preferencias políticas, si no para qué separarse del resto. Se separan y forman para ellos un sistema que ellos quieren.

A mi parecer, lo que un liberal busca es no imponer a otros los gustos y preferencias particulares propios, sino que cada quién pueda tener para sí lo que prefiere, en tanto no busque imponer nada a otros. Si alguien quiere tener a alguien que gobierne su vida, allá esa persona, mientras no busque imponer eso a otros.

cabe oponer la opresión real que sufren quienes se oponen hoy a esa idea en Cataluña

Mientras existan Estados, va a existir gente en esa situación. Lo mejor que podemos hacer para mitigar ese problema, es aumentar lo más posible la cantidad de jurisdicciones autónomas. Si a alguien le parece mal que a alguien se le imponga un sistema que no quiere, entonces esa persona está a favor de la anarquía, como yo, por simple implicancia lógica.

Además, ¿qué con “la opresión real que sufren quienes apoyan hoy a esa idea en Cataluña”? La moneda tiene dos caras, por si no se han dado cuenta. Como dije, mientras haya Estados, habrá gente oprimida. Y el sistema democrático no cambia en nada ese hecho, para efectos de ese asunto, la democracia no es diferente a una dictadura.

dentro de los márgenes que contemplan la Constitución española y el Estado de derecho, existen los mecanismos democráticos y legales para reformar las leyes necesarias y articular un eventual derecho de secesión.

El problema acá es el que ya indicó Lysander Spooner, en su ensayo “No es Traición“. Por ejemplo podemos citar el simple hecho de que prácticamente nadie ha dado consentimiento formal válido a registe por ninguna Constitución. Es ya de entrada, por tanto, un argumento inválido citar ese documento.

Peor aún, no tiene sentido para un liberal defender un documento que no hace más que amarrar a las personas a un Estado que les quita sus derechos más básicos cada vez que puede.

Y sobre “los mecanismos democráticos”, éstos no son más que humo y espejos. No garantizan derechos, ni nada. No son algo muy valioso ni sagrado. Lo único valioso y sagrado son los derechos.

ya me gustaría que se derogaran muchas leyes tributarias, pero no me tomo la justicia por mi mano

Claro, esa es la mentalidad de un siervo, no de un liberal. Un liberal cree que lo justo no depende de “tener apoyos suficientes”. Si alguien lo ataca a uno, uno tiene derecho a defenderse, independiente de lo que digan los edictos de los políticos. Si alguien le roba a uno, uno tiene derecho a recuperar lo robado, independiente de si se tiene o no “los apoyos suficientes”. El proceso judicial para lo que sirve es para validar o condenar a ojos del resto de la sociedad las acciones de algún individuo. El proceso judicial no puede arrebatarle a la persona el derecho a defender su libertad. No es un sustituto suficiente, más bien es un apoyo, una herramienta para asistir en el “hacer justicia”.

inoportuna también porque el pueblo de Cataluña (…) ya disfruta hoy de unos altísimos niveles de autogobierno que nada tienen que envidiar a las democracias más descentralizadas del planeta.

Esta afirmación es muy similar a decir que “es inoportuno para la esclava americana de la época antebélica reclamar por su esclavitud, ya que su situación es mucho mejor que la de cualquier esclavo en cualquier otro lugar o época”. De hecho, esto es verdad. Los esclavos en los EEUU antebélicos (en los años directamente previos a la guerra de secesión) efectivamente vivían mejor que cualquier otro esclavo de cualquier otra época preva, o cualquier otro país. Es más, los esclavos allí en general tenían estándares de vida superiores a los de los hombres libres de clase baja del resto de los EEUU, al menos si lo medimos en sentido material. Muchos de ellos tenían incluso permitido tener propiedad, manejar negocios (tanto propios como de sus amos) entre otras cosas similares. Entonces la afirmación de “¿qué más quieren los catalanes, si ya son casi tan independientes como un país aparte?” es como decir “¿qué más quiere el esclavo, si ya tiene casi tanta independencia y bienestar material como un hombre libre?”. Un argumento claramente repulsivo, especialmente en boca de un liberal.

Es cuestión, si así lo desea la mayoría, de seguir profundizando en la descentralización —deseable para todas las personas y no solo los catalanes— sin necesidad de abrir un proceso de secesión costoso e incierto para todos.

Me parece que Antonio debería aprender un poco de los argumentos que se daban, tanto a favor como en contra de la esclavitud, en la época antebélica ya mencionada. Esto porque lo que acabo de citar es muy, muy similar a los argumentos que daban las personas que se oponían a eliminar la esclavitud. Muchos eran argumentos de la línea “si los esclavos son liberados nadie sabe cómo lo harían para sobrevivir, y los problemas políticos que podrían causarse, por eso lo responsable es simplemente tratar de aumentar el bienestar de los esclavos sin liberarlos”. Argumentos como éste abundaban en esa época (además de los ya conocidos argumentos desde el racismo).

El Estado de derecho —lo que los anglosajones llaman ‘rule of law’— es uno de los grandes pilares en los que se basa el ideario liberal. El respeto y defensa de la vida, de la propiedad privada o del cumplimiento de los contratos no se entiende sin la vigencia del imperio de la ley.

Así es, pero eso no es lo mismo que “imperio del Estado”. La ley no proviene del Estado, no viene del Congreso, no viene de políticos o burócratas. Peligroso que un liberal crea algo así.

Son precisamente las normas generales —las constituciones y leyes de rango superior— las que reducen la arbitrariedad del gobernante, poniendo límite a la coacción institucional y protegiéndonos de la discrecionalidad en la actuación de políticos y burócratas.

Esto es falso. Entre más pequeñas son las jurisdicciones, más limitada es la coacción institucional y menor es la discrecionalidad de los gobernantes. Sorprendente que haya que decirle esto a un liberal. La libertad de asociación, sobre todo, es una de las fuerzas que más limitan en el hecho a las acciones de no sólo Gobernantes, sino que también limitan lo que una persona puede hacer en el mercado. Es la piedra angular de la libre competencia. Decir que no corresponde que una persona, o un grupo de ellas, se desligue de un Estado, es básicamente lo mismo que imponer un monopolio en algún producto o área mercantil, al menos para efectos de la limitación del poder.

Las Constituciones por sí solas no son garantía de nada. Famosamente, la URSS en su Constitución, declaraba la libertad de expresión, de reunión, de religión, entre muchas otras garantías. No hace falta mucha investigación para comprobar que ninguna de estas garantías se respetó. También se puede poner de ejemplo la Constitución de los EEUU, la cual ha sido repetidamente violada, las garantías en ella expresadas no han sido respetadas. Las Constituciones no tienen demasiado valor. No limitan el poder de nadie. Es peligroso que un liberal crea lo contrario.

la ley nos protege de los gobernantes, y renunciando a ella, renunciamos a la libertad.

Si por “ley” Antonio se refiere a los edictos de los políticos, entonces claramente está muy confundido. No tiene mucho sentido decir que los edictos de los políticos nos protegen de los edictos de los políticos, es una contradicción, claramente.

representan menos del 50% de los votantes menos del 36% sobre el censo total catalán—

Asumo que estas cifras están basadas en los resultados del referéndum. Si es el caso, entonces es bastante deshonesto afirmar algo así. Hay muchas razones por las cuales el resultado podría haber sido más bajo que lo que habría sido de otro modo.  Primera entre ellas está la amenaza policial del Gobierno español. Ésta actuó como un “chilling effect“, disuadiendo a mucha gente de presentarse a votar, para no arriesgarse a sufrir represalias. Muchas otras acciones del Gobierno español también dificultaron a mucha gente poder votar. Si no hubiera habido tanta intervención por parte del Estado español, el resultado habría sido más fidedigno. En cualquier caso, no corresponde tomar los resultados como el número definitivo. Claramente había más gente a favor de la secesión (y en contra), que no votaron por uno u otro motivo. Mal de parte de un liberal no notar esto.

la Constitución, el Estatuto y el resto de leyes orgánicas relevantes en la materia son precisamente la garantía que tiene aquel otro 50% que no quiere que le ‘secesionen’ involuntariamente.

Esto es totalmente dependiente del marco de referencia. Uno bien podría argumentar que la minoría oprimida acá es el grupo de catalanes a los que se les está forzando a vivir bajo el dominio del Estado español, contra su voluntad. Ellos son minoría frente al resto de españoles. La moneda tiene dos caras, y en esta cara “la Constitución, el Estatuto y el resto de leyes orgánicas relevantes en la materia” lo único que hacen es garantizar que la minoría no pueda librarse de la opresión de la mayoría. ¿En qué quedamos entonces?

Los liberales que toman partido por la causa separatista, y apoyan y justifican sus actos pensando que así defienden la libertad, olvidan que el derecho de libre asociación y desasociación atañe también a aquellos que desean mantenerse asociados y a aquellos que no quieren cambiar su asociación por otra excluyente, aún más colectivista, totalitaria y opresora de verdad

Y ese es el problema de que existan los Estados. Esto ya lo dije más arriba, y la única solución es tener las más jurisdicciones posibles. Viene a la mente también la idea de las Jurisdicciones Funcionales Superpuestas en Competencia (FOCJs, de “Functional Overlapping Competing Jurisdictions”) de Bruno Frey. Pero mientras no se de eso, la existencia de los Estados en ausencia de libertad de asociación garantiza que habrá gente oprimida, pasada a llevar, y lo mejor que podemos hacer en esos casos es subdividir los Estados, aumentar la cantidad de jurisdicciones. Que es lo que el separatismo catalán busca. Por simple lógica, esto es un argumento por el que un liberal debiera estar a favor de la secesión en este caso.

¿o qué piensan que persigue la CUP? (…) el independentismo preconizado por sus promotores en Cataluña es deshonesto, antidemocrático y liberticida, con un fuerte condicionamiento comunista que se combina con un corporativismo de tintes fascistas.

Claramente no persigue imponerle un sistema a una mayoría de españoles. ¿No cree Antonio que los españoles estarían mejor sin tener lidiar con la CUP? Si es verdad que en Cataluña los ánimos políticos se inclinan hacia el socialismo ¿No es mejor para el resto de españoles que estos socialistas se independicen y dejen de ejercer influencia sobre los primeros? Cuando se impone el unicismo (independiente de si se hace mediante un sistema democrático, monárquico, parlamentario, etc.), lo que se logra es una garantía de que nadie podrá obtener el sistema que prefiere.

Difícilmente puede catalogarse esta secesión como defensa de la libertad individual.

Más bien lo que es es un acercamiento a ésta. Los que quieren vivir en una comunidad socialista, que lo hagan, allá ellos. En tanto no busquen imponerlo a otros, un liberal no debería poner objeciones. Y si bien no es el caso, al menos se acerca más que forzar a estas personas a mantenerse en un sistema que no desean para si mismas. Y si como consecuencia estos socialistas se vuelven más pobres, cosa de ellos.

Tal es el caso, por ejemplo, de todos aquellos grupos humanos, étnica, cultural o lingüísticamente homogéneos, que fueron conquistados o cuyo territorio fue anexionado por la fuerza en algún momento reciente de su historia. O que se vieron repentinamente dentro de unas fronteras artificialmente definidas por terceros, como fue el caso de Yugoslavia o las antiguas colonias en África o Asia. No es el caso de Cataluña, cuyos condados se incorporaron al reino de Aragón por vía dinástica en la Edad Media, y en el Renacimiento, y también mediando el matrimonio entre sus respectivos monarcas, se unió con los dominios castellanos para formar el actual reino de España.

Esto es totalmente irrelevante. La libertad de asociación no depende de “homogeneidad cultural” ni de accidentes históricos. Una comunidad multicultural tiene tanto derecho a formar su unidad política independiente como una comunidad culturalmente homogénea. Y ambas tienen derecho a hacerlo, tanto si “toda la vida” han sido parte de otra, como si alguna vez fueron incorporadas a esta otra a la fuerza. Todo eso es irrelevante. Parece muy extraño para un liberal condicionar los derechos a cosas como ideología de la persona, accidentes históricos, cultura, etc.

a los liberales prosecesión les pregunto, ¿quién sufre opresión hoy en Cataluña?

Básicamente todos, en tanto que viven bajo la autoridad despótica de un Estado que atropella sus derechos. Y como ya dije antes, la secesión de un grupo permite reducir la discrecionalidad de los Gobernantes, aumenta la competencia entre ellos, etc. Además, valida el derecho de las personas a secesionarse, lo cual debiera ser legítimo bajo cualquier pretexto y circunstancia (como debiera ser si se considera que la libertad de asociación es algo que existe). Si fuese así, se habrían evitado muchas guerras y genocidios, a decir verdad.

Pregúntenselo a los catalanes que no quieren secesión, a los que el domingo quedaron señalados por quedarse en casa, a los delatados y multados por rotular sus comercios en español, a los que no pueden elegir la lengua en la que educar a sus hijos, a quienes defienden ideas no independentistas y les desean violaciones en grupo o señalan los comercios de sus padres.

Y está muy bien denunciarlo. Esas personas también tienen derecho a secesionarse de cualquier Estado, sea catalán, sea español, sea el que sea. Pero impedir la secesión de un grupo no ayuda a fortalecer el derecho de secesión de las personas mencionadas, más bien lo debilita.

Y a poco que uno haya viajado, se da cuenta de que España es hoy uno de los países más abiertos, integradores, tolerantes y acogedores del planeta.

¿Será esto motivo necesario o suficiente para negarle el derecho de secesión a alguien? No lo creo.

Costó muchas cesiones llegar a una Constitución imperfecta para todos

No suena como algo bueno. ¿No sería mejor que cada grupo tuviera su propio país, constitución, etc. que le acomoden mejor?

con el inmenso mérito de darnos una mínima estabilidad política que nos ha permitido centrarnos en nuestros asuntos privados y cambiar radicalmente el país en estos 40 años.

¿No se habría logrado lo mismo teniendo cada grupo su propio sistema, etc.?

No, defender esa convivencia imperfecta no es nacionalismo español.

Pero tampoco me parece algo muy sensato. ¿Forzar a todos a funcionar bajo un mismo Estado lleno de pugnas entre grupos con preferencias políticas dispares? No me parece algo muy liberal para hacer.

una sobrerrepresentación parlamentaria fruto del viciado sistema basado en circunscripciones electorales, que favorece la formación de coaliciones.

¿No que la democracia era tan buena?

Podrían haber convocado ahora otras con el mismo carácter plebiscitario, legales y con todas las garantías. Convocatoria que es prerrogativa legítima y exclusiva del presidente de la Generalitat. ¿Por qué no lo han hecho? ¿Por qué han preferido la ilegalidad? ¿Por qué han preferido la propaganda y la movilización en la calle, exponiendo a sus seguidores a la acción policial?

¿Porqué debe ser ilegal hacer un plebiscito? ¿Porqué se considera legítimo imponerle a la gente mecanismos y procedimientos contra su voluntad?

Finalmente, puestos a defender la necesidad de un derecho liberal de secesión colectiva como mejor aproximación posible a la secesión individual, ¿por qué restringirlo a un territorio dado? ¿Por qué no secesión de los autónomos? ¿O de los que tengan horóscopo Piscis? ¿O de los aficionados al aeromodelismo? ¿Se dan cuenta de la arbitrariedad del criterio territorial? ¿Por qué en un territorio pueden desasociarse y en otros no?

Efectivamente el criterio territorial es arbitrario y por lo mismo he estado defendiendo el derecho de secesión individual (que no es otra cosa que el anarquismo).

Por no hablar de que la secesión dentro del territorio independizado —requisito para que la secesión sea compatible con el liberalismo— plantea serias dificultades prácticas. Pues, ¿cómo se consigue que entre dos vecinos que comparten rellano, uno se independice junto con un grupo de catalanes y el otro se quede dentro de España junto con el resto de catalanes que desean quedarse?

Parece complicado, pero aún puede complicarse más. ¿Qué hacemos con aquellos que quieran desasociarse de su comunidad autónoma pero no de su país ni de su provincia? ¿Y con los que quieran independizar su municipio de su provincia, pero no de su comunidad autónoma y sí de su país para unirse a un tercero? ¿Y por qué no independizar el barrio? A fin de cuentas, hay barrios que podrían cumplir los criterios de nación: cultura, lengua y etnia propias.

Primero, es un salto lógico afirmar lo de la compatibilidad. Si fuera así, sería también incompatible con ser liberal oponerse a la secesión en este caso, por vicios similares. ¿Y en qué quedamos ahí?

Segundo, vuelvo a mencionar la propuesta de Bruno Frey.

as secesiones parciales (colectivas) no siempre acercan al ideal de la secesión individual —antes bien, suele ser al contrario—

¿Alguna justificación para tal afirmación?

cuando se circunscriben a un territorio, necesariamente generan una minoría o mayoría— a la que se le trata de imponer una secesión indeseada.

La moneda tiene dos caras. Me exaspera tener que repetir esto una y otra vez. Impedir la secesión también “necesariamente genera una minoría —o mayoría— a la que se le trata de imponer” un Estado indeseado.

El apoyo liberal de la secesión de Cataluña es, pues, inoportuno.

A mí me parece muy oportuno. Tanto desde el punto de vista teórico-filosófico, como desde el punto de vista estratégico ¿Cuándo será la próxima oportunidad que habrá para achicar no sólo España, sino que la UE? Además de que esta secesión, si resulta exitosa, sirve como antecedente positivo para cualquier otro grupo que desee formar su jurisdicción separada (por ejemplo los kurdos en Irak y alrededores).

representa una estupenda ocasión para alejar a la gente de un liberalismo, siquiera imperfecto, pero con otras prioridades más realizables a medio plazo … demostrando que somos gente práctica

Esto me suena a queja de lobbista que quiere parecer “respetable” y “políticamente correcto” para ser aceptado dentro de los círculos de poder mainstream, la verdad. Mi interés como liberal no está en ser políticamente correcto ni en caerle bien al establishment. Mi interés está en lograr más libertad. Y eso nunca se ha logrado (excepto en contadas ocasiones) ni por medio del lobby, ni por los canales políticos regulares. Por lo mismo insistir en esas vías no es conducente a “demostrar que somos gente práctica”.

Para cerrar, quiero dejar en claro que probablemente tenga muchas opiniones en común con Antonio España. Pero de tanto en tanto se dan casos en los que liberales podemos estar en desacuerdo. En algunas ocasiones es por temas estratégicos, donde no se puede hablar realmente de una alternativa “mas liberal” o viceversa. En otras hay diferencias filosóficas, donde la discusión puede volverse más amarga. Me parece que el desacuerdo sobre el independentismo catalán tiene más de desacuerdo sobre estrategia que sobre principios, lo que al menos nos permite decidir estar en desacuerdo, sin tener que decir que unos u otros son “menos liberales”.

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Gato por liebre

José Luis Cofré, en una columna publicada en El Líbero hace un llamado a que los liberales “dialoguen sobre las grandes similitudes que los unen, abandonando las leves discrepancias que nada aportan al tenerlos separados.” Todo eso suena muy bonito. El problema es que menciona una buena cantidad de grupos y personas que, si bien se hacen llamar “liberales”, realmente están muy lejos de tener lo que José dice, específicamente “la esencia del liberalismo, un escepticismo frente a la autoridad y el poder, limitando a este último, una concepción del individuo como el centro de la sociedad, …una sociedad civil activa que en base al libre emprendimiento produzca el progreso y reduzca la pobreza.” Todos los grupos políticos y personajes que mencionó (“Sociedad, Voluntad Cívica, Evópoli, Amplitud, Ciudadanos, Red Liberal”, o “Felipe Kast, Luciano Cruz Coke, Andrés Velasco, Lily Pérez, Cristobal Bellolio”) ostensiblemente consideran que el Estado debe ser el centro de la sociedad, el ente rector, propietario último de bienes y personas, y regulador de su actuar. No tienen un gran escepticismo frente a la autoridad, ni pretenden limitar mucho el poder. Lo que quieren es que éste sea utilizado para redistribuír la propiedad de las personas, ya sea creando sistemas de salud y educación completamente estatales, que es la posición de Cristóbal Bellolio y “Rojo Progresista” (el nombre con que me parece gracioso llamar a Red Liberal); o que sea instrumentalizado para lograr “igualdad de oportunidades” por medio de redistribución de propiedad privada hacia algunos grupos específicos y la reducción de la libertad en cosas como la selección en establecimientos educacionales (la posición de Felipe Kast). La mayoría de personas y grupos citados de hecho lo que buscan no es reducir y limitar el poder, sino que maximizarlo por medio de maximizar los ingresos estatales, con el objetivo de “llevar a cabo política social”, que no es más que otra forma forma de decir “poner al Estado como centro de la sociedad, invalidando los arreglos a que las personas habrían llegado de forma libre”. Ninguno de ellos realmente cumple con los requisitos que José menciona. Lo cual es realmente lamentable, pues significa que muchas personas están confundiendo este “mini-socialismo” con una corriente filosófica tan interesante y profunda como es el liberalismo, que además ha demostrado ser la única fuente real de progreso y justicia.

Mejores Pensiones: ¡Menos Intervención Estatal!

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Dusan Vilicic Held
Asociación Liberal de Magallanes (ALMA)

Esta columna se publicó el 23 de agosto del 2015 en el suplemento Análisis del diario El Pingüino de Punta Arenas.

En mi última columna -publicada el 15 de agosto del 2015- traté de mostrar porqué volver a un sistema de reparto no es una buena idea. Básicamente porque su rendimiento sería peor, requeriría de que los aportes obligatorios aumenten al doble o más de lo que son hoy, el Estado tendría que gastar más recursos, y además no cumplen con sus promesas en el largo plazo, debiendo ser constantemente reducidas las prestaciones.

Entonces, la pregunta queda: ¿Cómo mejorar el desempeño del sistema de AFP? Sabemos que las comisiones son de alrededor de un 11% sobre la cotización para los aportes obligatorios y alrededor de la mitad de eso para los aportes voluntarios. Si lo que se desea es que las comisiones sean más bajas, existen dos formas efectivas y sustentables: reducción de costos y más competencia. Lo primero se logra liberalizando el rubro, especialmente mediante la eliminación de exigencias innecesarias que imponen costos adicionales a las AFP. Lo segundo se logra eliminando regulaciones estatales que restringen la libre competencia, permitiendo cosas como que la gente cotice en otras instituciones (por ejemplo mutuales o bancos), y reduciendo la tasa de aporte forzado. Exploremos ambas.

Hoy en día, las AFP tienen muchos costos que son claramente prescindibles. Probablemente, el más grande es que deben pagar impuestos, los cuales reducen la rentabilidad que obtienen sus afiliados. Por ejemplo, un vacío legal ha permitido que el Estado cobre un impuesto a las inversiones de las AFP del que el resto está exento. Se estima que como consecuencia, los ahorrantes dejan de percibir unos 120 millones USD anuales, lo cual asciende a unos 4 mil millones USD desde que se instauró el sistema actual de AFP. Es más, los últimos aumentos impositivos empeoran esto[1]. Eximir de impuestos a las AFP y sus inversiones significaría una gran reducción de costos que no sólo aumentaría la rentabilidad de los fondos, sino que también produciría una reducción en las comisiones.

De igual manera se puede lograr una reducción en las comisiones por la vía de la disminución del aporte forzado. La lógica es simple: las comisiones del aporte forzado son el doble de caras que las del Aporte Previsional Voluntario (APV)[2][3], por lo que el ahorrante gastaría menos en comisiones si no hubiera cotización obligatoria. Además, así las AFP deben volverse más atractivas para los ahorrantes, ofreciendo mejores prestaciones y rentabilidades, y menores comisiones. Por último, permitir que la gente ahorre en otro tipo de instituciones tiene el mismo efecto, pero también significaría que la gente sería libre de optar por participar de una institución privada que funcione en base a un régimen de reparto, si así lo prefiere. Este tipo de instituciones existían en el pasado, antes de la existencia de los sistemas estatales de pensiones, y al ser privadas, es automática la regulación de su sustentabilidad y prestaciones. Esta competencia adicional también presionaría a la baja las comisiones de las AFP.

[1] http://www.aafp.cl/wp-content/uploads/2014/02/Serie_de_Estudios_N_91_Dano_Tributario.pdf

[2] http://www.spensiones.cl/safpstats/stats/inf_afiliados/estcom_v.html (Afiliados y no afiliados Septiembre 2015)

[3] http://www.safp.cl/safpstats/stats/apps/estcom/estcom.php?fecha=20151101 (Noviembre 2015)

Mejores Pensiones: ¿No más AFP?

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Dusan Vilicic Held
Asociación Liberal de Magallanes (ALMA)

Esta columna se publicó el 16 de agosto del 2015 en el suplemento Análisis de el diario El Pingüino de Punta Arenas.

Mucho se ha hablado de las bajas pensiones que ofrece el sistema de AFP. En este contexto, se ha vuelto recurrente sugerir un retorno al sistema de pensiones de reparto, bajo el argumento de que eso garantizaría la mejora de las mismas y una mejor calidad de vida para todos. Lamentablemente, esta afirmación no tiene fundamento por varios motivos.

El primero es que un sistema de pensiones de reparto pone muchísima presión sobre las finanzas estatales. Por ejemplo, en los EE.UU., el sistema de pensiones consume alrededor del 24% del gasto estatal[1] y se proyecta que pronto aumentará a más del 30%. En Alemania es más del 47%, mientras que en Finlandia supera el 40% y en Suecia, el 33%[2]. Por su parte, en Chile es poco más del 4%[2][3], lo que significa que para tener un sistema de pensiones estatal de reparto, el Estado probablemente tendría que gastar mucho más en este ítem, lo que implicaría un aumento de gastos en pensiones de unas 6 veces el presupuesto actual. Teniendo en cuenta la estrechez fiscal del Estado de Chile, incrementar el gasto estatal a ese nivel es probablemente imposible.

El segundo es que los sistemas estatales de reparto se financian con un impuesto a la renta adicional que se mueve entre 15% y 50% de los ingresos de la persona; muy superior al 10% del que existe actualmente en Chile. Esto es consistente con la cotización obligatoria en el sistema de reparto que había previamente, donde variaba entre un 20%, hasta más del 50%. Está claro que los empleados chilenos que se espera en el futuro perciban pensiones bajas no podrían renunciar a un 20% más de sus ingresos, lo que potencialmente significaría en muchos casos una condena a muerte.

El tercero es que el rendimiento de estos programas es muy inferior al sistema de AFP, más o menos de un 50% a un 20% menor, peso por peso aportado[4]. Es decir, en el sistema chileno de AFP, por cada 100 pesos que uno aporta, recibe de vuelta entre 20 y 50 pesos más de lo que recibiría por esos mismos 100 pesos en algún sistema estatal de reparto. De hecho, se sabe que actualmente más del 74% de los fondos que manejan las AFP corresponde a la rentabilidad, y sólo un cuarto corresponde a las cotizaciones[5].

El cuarto es que los sistemas estatales de reparto son famosos por sus recurrentes bancarrotas, es decir, que suelen incumplir sus promesas de pago, y las prestaciones que una persona finalmente recibe suelen ser mucho menores que las que se le prometieron cuando comenzó a aportar. Incluso el sistema alemán ha quedado numerosas veces en bancarrota en los últimos años, habiéndose tenido que modificar sus prestaciones muy seguido, por ejemplo en 1992, 1999, 2001, 2004, 2007 o 2014, entre otros. Estas razones son, a mi juicio, suficientemente contundentes para entender que el sistema estatal de reparto no sólo es impracticable en Chile, sino que, asumiendo que lo fuera, terminaría entregando pensiones menores a las que entrega el sistema actual.

[1] http://www.cbpp.org/research/policy-basics-where-do-our-federal-tax-dollars-go

[2] https://stats.oecd.org/Index.aspx?DataSetCode=SOCX_AGG

[3] http://www.dipres.gob.cl/595/articles-90993_doc_pdf.pdf

[4] http://voces.latercera.com/2015/06/28/sebastian-edwards/mi-pobre-jubilacion-californiana/

[5] http://www.aafp.cl/wp-content/uploads/2014/10/Boletin-AAFP-Octubre-2014.pdf