[Traducción] Uber es progreso, ¿Por qué no lo apoyan los progresistas?

Algunos progresistas en realidad son conservadores por dentro

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Steven Horwitz
Lunes 13 de Junio del 2016

He alabado a Uber con anterioridad. Para mí, si la posibilidad de usar Uber está disponible, casi siempre la preferiré por sobre un taxi tradicional. Ser cliente de Uber da apoyo a individuos emprendedores en vez de a empresas de taxis que a menudo son franquicias de monopolio o beneficiarios de otras formas de capitalismo de amigos.

Así que siempre me sorprende cuando algunos de mis amigos igualitarios/progresistas miran con desprecio a Uber y a otras innovaciones similares. Mi intuición es que la gente de izquierda se pondría de lado de los “pequeños” contra los empleadores corporativos y monopolios locales de las empresas de taxis (o grandes cadenas hoteleras en el caso de AirBnB). Y algunos lo hacen. Pero otros no, y vale la pena pensar sobre cómo podríamos hacer el argumento progresista a favor de Uber para ellos.

Seamos claros sobre de lo que realmente se tratan Uber, Lyft, AirBnB, y el resto de la llamada “economía del compartir”. Pensar en términos de “compartir” en realidad no es la mejor forma de ver la naturaleza de su innovación. De lo que realmente se trata es de usar tecnología para reducir de forma dramática los costos de transacción de hacer un uso más eficiente de recursos ociosos.

Los malos viejos tiempos

Tienes una habitación libre en tu casa. Antes de los smartphones, GPS, y la internet, habría sido muy difícil encontrar gente que tuviera una demanda por ese espacio en el momento en que estaba disponible. También necesitabas alguna forma de mostrar confiabilidad. A pesar de eso podrías haber arrendado la habitación por días o semanas a la vez, pero los costos de hacerlo funcionar habrían sido enormes.

Lo mismo es cierto de Uber y Lyft. Después de todo, los jitneys han existido por décadas, y Uber y Lyft son sólo una nueva vuelta de tuerca sobre esa vieja idea. Pero en vez de tener puntos de recogida fijos y de esperar a que pase un jitney disponible y de saber poco sobre el conductor, Uber y Lyft reducen dramáticamente todos esos costos de transacción. Ellos usan una plataforma de software para coordinar a oferentes y demandantes. La economía del “compartir” en realidad sólo es el siguiente gran paso en lo que es la verdadera historia del progreso económico: la continua reducción de costos de transacción a lo largo de toda la economía.

¿Cuál es la queja?

¿Pero qué debería hacer que estas innovaciones sean particularmente atractivas para la izquierda? Una de las características más importantes de Uber, por ejemplo, es que los conductores son propietarios de su capital y establecen sus propios horarios de trabajo y, en su mayoría, las condiciones laborales. Uber simplemente permite que personas con su propio capital lo pongan a trabajar a través de conectarlos de forma más efectiva con los demandantes de ese servicio.

Por más de un siglo, la izquierda ha argumentado que la falta de control de los trabajadores sobre el capital y sobre sus condiciones laborales permitió que fueran explotados por propietarios y jefes. La lógica progresista típica a favor de los sindicatos está unida a esta crítica. Pero Uber provee una solución a esta situación. Los conductores Uber son propietarios de su propio capital (el automóvil) y pueden determinar qué tan seguido trabajan y qué viajes quieren proveer.

Algunos en la izquierda argumentan que esta misma flexibilidad es un defecto, no una virtud, porque no es un trabajo de tiempo completo y no incluye seguros médicos y cosas similares. La mayoría de conductores Uber, no obstante, te dirán que la flexibilidad es exactamente lo que les gusta de él.

¿Quién trabaja para Uber?

Por ejemplo, dos de mis conductores recientemente en Portland lo estaban haciendo para complementar sus ingresos por diversos motivos. En un caso, él estaba a punto de tomar el  examen de abogacía y conducía para generar algún ingreso para obtener una oficina para iniciar su práctica jurídica.

El otro conductor era un administrador en un restaurante de comida rápida y conducía part-time para ahorrar para una casa. Cuando le pregunté sobre la flexibilidad, dijo “por ejemplo esta mañana: mi señora aún estaba durmiendo, así que ¿porqué no salir en el auto y ganar unos cuantos dólares extra?” Su flexibilidad también va en beneficio de gente como yo, que necesitaba un viaje a través de Portland para encontrarme con un amigo para un desayuno tardío.

En mi experiencia, casi ninguno de los conductores Uber que conocí lo estaban haciendo a tiempo completo. Todos tenían otros empleos y esto era una fuente de ingresos secundaria para mejorar sus vidas. ¿Por qué no es noble de nuestra parte ser clientes de Uber y apoyar el abogado recién egresado o al matrimonio joven que intenta comprar su primera casa?

En otras ciudades, el grueso de conductores Uber son inmigrantes recientes. Mientras que mis conductores en Portland e Indianápolis han sido casi todos hombres y mujeres jóvenes blancos, mis conductores Uber en Washington, DC han sido casi todos inmigrantes de color.

¿No hace que usar Uber sea aún más consistente con las metas progresistas si estamos apoyando la subsistencia de inmigrantes emprendedores que han venido a los EEUU a tener una mejor vida, y tal vez remitir algunos de esos fondos de vuelta a casa?

Para algunos de esos conductores Uber que son inmigrantes, conducir es probablemente su principal fuente de ingreso. ¿Vamos a negarles ese ingreso porque conducir en Uber es visto como menos que perfecto en comparación con los trabajos de la vieja economía? ¿Deberíamos dejar de usar Uber y hacer menos probable que vengan inmigrantes, dejándolos en una mayor pobreza en sus países de origen?

Si la mejora de las vidas de los pobres del mundo es una meta progresista, entonces usar Uber (sin mencionar comprar ropa de “sweatshops”) están entre las cosas más morales que podemos hacer.

¿Qué pasa con la seguridad?

Algunas personas están preocupadas de que Uber puede ser más peligroso que los taxis. Los datos no parecen soportar esto, y un estudio reciente muestra que la entrada de Uber a una ciudad reduce el número de arrestos por conducción bajo la influencia del alcohol y de muertes. No sólo los conductores Uber no son más propensos a cometer crímenes que los conductores de taxi, la disponibilidad de un viaje barato que llega rápido con un esfuerzo mínimo por parte del cliente salva vidas y mantiene a los conductores peligrosos fuera de la calle. De nuevo, esto parece ser una meta que los progresistas debieran apoyar.

Es sólo que parece extraño que los progresistas que lamentan el advenimiento del Hombre Unidimensional o la “McDonaldización” de América objetarían a las innovaciones que proveen a más gente arreglos laborales más flexibles que les dan más control sobre su capital y las condiciones de su trabajo.

Parece extraño que ellos objetarían un servicio que disminuye el costo del transporte para la gente con medios limitados y permite a gente joven sobrevivir en ciudades grandes sin tener un auto propio.

Progresistas = Conservadores

Tal vez esto sólo se trata del miedo al cambio sin control que Hayek vio en el corazón de lo que él llamó conservadurismo. Ciertamente parece como si las objeciones “progresistas” a Uber reflejaran una nostalgia por la economía de los 1950s que es un paralelo de la nostalgia conservadora por la vida familiar de esa misma época.

Y al final, el miedo a Uber sugiere que algunos progresistas en realidad son conservadores por dentro. El argumento a favor de Uber es el argumento a favor del progreso igualitarista, que está basado en una disposición a dar la bienvenida al cambio sin control frente a los supuestos progresistas que permanecen diciendo “deténganse” a lo largo de la historia económica.


20150410_1sh2012insidehiresSteven Horwitz

Steven Horwitz es el profesor de la cátedra Charles A. Dana de Economía en la Universidad de St. Lawrence y el autor de La Familia Moderna de Hayek: Liberalismo Clásico y la Evolución de las Instituciones Sociales.


Traducido al español por Dusan Vilicic Held. Artículo original publicado en FEE.org. Si quieres apoyar mi trabajo puedes hacerlo donando acá.

Translated to Spanish by Dusan Vilicic Held. Original article published on FEE.org. If you want to support my work you can do it by donating here.

[Traducción] El miedo al individualismo

Los ataques contra el individualismo distorsionan groseramente lo que realmente es

Tibor R. Machan
01/07/1993

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Tibor Machan Es profesor de filosofía. Escapó de la Hungría Comunista en 1953 y vive en los Estados Unidos desde 1956.

Uno de los regalos de los regalos más importantes que los Estados Unidos le han dado al mundo es la filosofía política del individualismo. El principio central de esta idea es que cada ser humano es importante, especialmente desde el punto de vista de la ley y la política, como un individuo soberano, que no vive por permiso del Gobierno o algún amo o señor. Esa es la idea básica sobre la que se apoyan no sólo el proceso democrático, la Primera Enmienda de la Constitución de los EEUU, y las varias prohibiciones que tiene el Gobierno respecto de cómo tratar a la ciudadanía, sino que también el sistema económico de mercado libre.

Individualismo y Capitalismo

El sistema de mercado libre o capitalismo está fundado en la doctrina de que cada persona tiene un derecho básico a la propiedad privada sobre su trabajo y lo que esa persona crea y gana libre y honestamente. La idea económica del comercio libre -en trabajo, habilidad, bienes, servicios, etcétera- descansa de lleno en el individualismo. Nadie es el amo o sirviente de nadie más. No está permitida ninguna servidumbre involuntaria excepto como castigo por un crimen. De esta forma todos tienen el derecho básico a comerciar libremente – así como a llevar a cabo cualquier otra clase de acción pacífica, incluso cuando su decisión particular puede no ser la más sabia o incluso moralmente ejemplar.

En una sociedad individualista la ley defiende la idea de que todos son libres para elegir asociarse con otros bajo sus propios términos – sea por motivos económicos, artísticos, religiosos románticos. No que todas las decisiones que la gente tomará serán buenas. No que los individuos son infalibles. No que ellos no pueden abusar de su libertad. Todo ello es obvio. Pero nada de eso justifica hacer que otros sean sus amos, por muy inteligentes que esos otros puedan ser. Citando a Abraham Lincoln, “ningún hombre es suficientemente bueno para gobernar a otro hombre sin el consentimiento de ese otro”.

Pero hoy la filosofía política bajo más severo ataque en muchos círculos intelectuales es el individualismo. Desde sobrantes marxistas a comunitaristas recién emergidos, y hasta pragmáticos democráticos en los campos de economía política, sociología y filosofía – todos están difamando al individualismo. toma fuerza hace varios años con la publicación del libro de Robert N. Bellah llamado Hábitos del Corazón: Individualismo y compromiso en la vida americana, y continúa con innumerables esfuerzos relacionados, incluyendo el lanzamiento del periódico La Comunidad Sensible y la publicación de un nuevo libro por parte de Bellah, La Sociedad Buena, como también el libro recién publicado de Amitai Etzioni llamado El Espíritu de Comunidad.

Estos y muchos otros esfuerzos constituyen un ataque concertado contra el individuo y sus derechos. Tal vez predeciblemente, los esfuerzos incluyen groseras distorsiones de lo que el individualismo realmente es. Supuestamente incentiva la deslealtad a la familia, amigos y país. Supuestamente es hedonista e inculca sentimientos antisociales en la gente. Presuntamente es puramente materialista, vacío de cualquier valor espiritual y cultural.

Pero tal distorsión es acompañada de un enfoque selectivo en un área muy limitada de la filosofía individualista, empleada principalmente en el análisis económico técnico y que meramente sirve como modelo con el cual comprender eventos estrictamente comerciales en economías de mercado libre. Una concepción exclusivamente económica del individuo humano es ciertamente estéril – trata a todos como nada más que un cúmulo de deseos. Pero esto no es muy diferente de la forma en que la ciencia emplea modelos, tomando una idea muy simple para comprender un área muy limitada del mundo.

Individualismo, Verdadero versus Falso

Los anti individualistas no ven al individualismo como fue desarrollado por pensadores como Frank Chodorov, F.A. Hayek, o Ayn Rand, menos aún por algunos de sus estudiantes contemporáneos que están desarrollando estas ideas y mostrando qué tan vibrante pueden ser un sistema político y una cultura cuando los seres humanos son comprendidos como individuos. El poder creativo de los seres humanos debiera dejar claro que su individualidad es innegable, crucial para cada faceta de la vida humana, buena o mala. Aún así, esta individualidad esencial de cada persona de ningún modo quita el vital rol que cumplen para ellos las diversas afiliaciones sociales; los individuos humanos son seres sociales.

El tipo de comunidad digna de la vida humana está ligado íntimamente al individualismo; una comunidad tal, incluso siendo el contexto más apropiado para la vida humana, debe ser escogida por los individuos que la ocupan. Si esto es editado al forzar a los individuos a participar en comunidades, estas comunidades y no voluntarias no serán comunidades fue genuinas en absoluto. La elección y responsabilidad individuales son esenciales para el florecimiento humano.

De hecho, en los EEUU, donde el individualismo ha florecido más que en cualquier otro lugar, hay millones de diferentes comunidades a las que los individuos pertenecen, a menudo de forma simultánea, y esto es posible porque los individuos tienen su derecho a elegir razonablemente bien protegido. No sólo es que todos los individuos se unen a un amplio abanico de comunidades -familia, iglesia, profesión, clubes, asociaciones civiles y partidos políticos- sino que hay enfoques inmensamente distintos sobre cómo vivir que también atraen alrededor de ellos a grandes segmentos de la población que se unen libremente, sin ninguna coerción ni regimentación. Pero en vez de apreciar la robusta naturaleza del individualismo, incluyendo su apoyo a la forma más saludable de comunitarismo, sus oponentes están intentando desacreditarlo en cualquier forma que pueden. ¿Por qué?

Bien, algunos de sus motivos pueden ser suficientemente decentes – algunos pueden de hecho temer el impacto de un individualismo económico estrecho y por ende quejarse contra todo individualismo. Pero a veces sus motivaciones no se pueden entender como nada más que un hambre por poder sobre las vidas de otra gente. Si no fuera así ¿por qué ignoran estos críticos a versiones perfectamente razonables del individualismo e insisten en las caricaturas? Una y otra vez invocan la caricatura incluso cuando otras versiones bien desarrolladas están disponibles.

Algo como esto parece ser la mejor explicación para desear destruir el descubrimiento estadounidense más significativo, específicamente la vital contribución de la individualidad a la cultura humana ¿Por qué serían lanzados tales ataques si no es para reintroducir la subyugación, la servidumbre involuntaria, y la denigración de individuos como individuos a favor de alguna élite?

Sin duda aquellos que claman por poder racionalizan sus acciones con la idea de ciertos objetivos dignos: ellos desean una comunidad cooperativa, armoniosa y mutuamente enriquecedora. A menudo creen que los individuos son peligrosos como individuos, pero son maravillosos como miembros de una comunidad. Como la autor rusa Tatyana Tolstaya observa en una edición reciente de La Nueva República:

Tomados individualmente, en suma, no todos son buenos. Tal vez esto es verdad, pero entonces ¿cómo lograron todas estas alimañas constituir un buen pueblo? La respuesta es que “el pueblo” no está “constituido de”. De acuerdo a [los colectivistas] “el pueblo” es un organismo viviente, no una “mera conglomeración mecánica de individuos dispares”. Esto, por supuesto, es el viejo e inevitable truco del pensamiento totalitario: “el pueblo” es postulado como unificado y entero en su multiplicidad. Es una esfera, un enjambre, un hormiguero, un panal, un cuerpo. Y un cuerpo debiera aspirar a la perfección; todo en él debe ser suave, elegante y armonioso. Cada órgano debiera tener su lugar y función: el corazón y el cerebro son más importantes que las uñas y el pelo, y así sucesivamente. Si tu ojo te tienta, entonces arráncalo y deséchalo; amputa los miembros enfermos, pon freno a esas extremidades que no van a obedecer, y fortifica tu espíritu con abstinencia y oración.

Es por eso que ellos debieran estar en el poder: Ellos son la cabeza del organismo, de la comunidad; ellos saben lo que es bueno; y ellos debieran estar tomando las decisiones sobre quién continúa siendo parte de él y quién debe ser descartado.

Los miembros de la sociedad de hecho tienen diferentes roles; los economistas hablan convincentemente de los beneficios de la división del trabajo. Los errores de los colectivistas son (1) su presunción de que saben mejor que los individuos involucrados cuáles miembros de la sociedad son menos importantes, y (2) que ellos tienen el derecho a eliminar a esos miembros. Pero los individuos son fines en sí mismos, no animales a ser sacrificados en el altar del Estado colectivista.


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Tibor R. Machan es un Profesor Emérito en el Departamento de Filosofía de la Universidad de Auburn y previamente tuvo la Cátedra R. C. Hoiles de Ética Comercial y Libre Empresa en la Escuela Argyros de Negocios y Economía en la Universidad de Chapman.


Traducido al español por Dusan Vilicic Held. Artículo original publicado en FEE.org. Si quieres apoyar mi trabajo puedes hacerlo donando acá.

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[Traducción] Capturado, esposado, y en prisión: Una historia personal

Por Jeffrey Tucker, 23 de Agosto del 2015

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Era un hermoso día, excepto que la mayor parte de él la pasé en la cárcel.

De un minuto al otro pasé de estar aparentemente libre a estar esposado y capturado. Cualquiera que haya experimentado algo así sabe exactamente a lo que me refiero. Si no lo has experimentado, espero que nunca lo hagas.

Podría ser mejor descrito como una pérdida de inocencia, sumado a una nueva conciencia de que todo lo que amamos y apreciamos en el mundo pende de un hilo. El hilo puede ser cortado, con o sin motivo, por un sutil movimiento de cualquier autoridad fiscalizadora de este país.

Es la segunda vez que voy a la cárcel -la primera vez fue por una multa impaga- así que no estaba completamente sorprendido al revisitar esa sensación de completa pérdida de albedrío y ser completamente dependiente de otros que no te valoran en absoluto. Me ha pasado antes y la primera vez sacudió mi mundo. Que otros te quiten todo lo que consideramos como humano es un desafío psicológico, y un trauma inolvidable.

La segunda vez, fue más fácil ver del otro lado. Lo que éstas personas quieren -me decía continuamente- es registrarme, dejarme como una estadística para mostrar lo esenciales que son, y luego saquear todo el dinero que sea posible. Entonces terminaría.

Para el final del día, había terminado. Excepto que no en realidad. Este incidente había terminado. Pero la realidad de que ninguno de nosotros realmente controla su vida, que nada de nuestra propiedad es realmente nuestra, que somos vulnerables al secuestro legal en cualquier momento. Esta es una realidad recurrente para toda la población. Ser arrestado y apresado es experimentar de primera mano la comprensión de que no hay verdadera libertad, no bajo el sistema existente.

De seguro no me va a pasar a mí

Cuando alguien es arrestado, la primera pregunta que tiene la gente es: ¿porqué? Hay una ansiedad implícita en la pregunta: ¿cómo puedo evitar este destino? Tal vez si no hago algo estúpido cómo lo que él hizo, no me sucederá a mí. Queremos convencernos de que el problema del Estado policial realmente es el problema de alguien más. Es sentido por gente que vive al borde, que consumen drogas, que son “inmigrantes ilegales”, que no saben cómo hablar de forma educada a la policía, y así sucesivamente.

Todo eso son ilusiones.

Bien, Así es como me sucedió a mí. hay una nueva ley de tráfico en la mayoría de los estados llamada la regla “moverse al costado”. Cuando la policía está detenida en el lado derecho del camino, tienes que moverte al carril izquierdo. Esto hace que el policía se sienta más seguro. En lo que a mí respecta, nunca había escuchado de esta ley y nunca se me había evaluado en mi comportamiento al conducir. El policía había puesto una trampa, deteniéndose allí al costado sólo para probar cumplimiento. Me moví un poco pero no lo suficiente.

Las luces se iluminaron detrás mío, y yo me estacioné. Le di al oficial mi licencia. Llegó otro auto policial. El volvió y me dijo que salga del auto, y me preguntó por qué mi licencia había sido suspendida. Estaba sorprendido. entonces recordé que me había atrasado un solo día en pagar una multa de estacionamiento. La señora en el escritorio me dijo que podría haber un problema con mi licencia, así que me dio un papel oficial titulado “Notificación Oficial de Reinstauración de Licencia de Conducir”, y puso el sello oficial en él.

Recordando esto, le dije al policía que podrían encontrar este documento en mi auto. Ellos buscaron porque en este punto no tenía permitido moverme. Ellos trajeron el papel de vuelta y lo observaron. Un policía dijo que claramente era legítimo. El otro dijo que no, qué fue emitido por la corte municipal, en vez del departamento de vehículos motorizados, así que no podía aceptarlo. Protesté pero la decisión había sido tomada.

Me miró y dijo: ponga sus manos detrás de su espalda. Fui esposado y guiado al auto. Proteste que mi computador, mi teléfono, todas mis cosas estaban en el auto. Nada de esto importó. Revisaron mi auto buscando drogas, armas, licor, o lo que sea. Encontraron una botella de pastillas sin etiqueta (anticoagulantes) y me interrogaron al respecto, implicando fuertemente que tener una botella de pastillas sin etiqueta es ilegal (¿lo es? No lo sé).

Parece le gusté que a un policía en algún punto, así que me permitió quedarme con las pastillas. Entonces dijo que me haría un favor. Me quitó las esposas -estaban muy apretadas y hacían doler mis muñecas- puso mis manos al frente, me volvió a esposar, y las dejó algo sueltas. Esto hizo una gran diferencia.

Mi auto sería remolcado a un almacén, explicó. Si pagaba mi fianza, podría pagar para tenerlo de vuelta. Pregunté si el depósito estaría abierto para entonces. El policía no tuvo respuesta, ningún interés. Una vez arrestado, eres un animal capturado. Nada más importa. Ya no eres un consumidor, un ciudadano, una persona con un trabajo, un ser humano normal. Ahora sólo eres forraje, una cosa que pueden usar como encuentren conveniente.

La noción de que tienes algún derecho en absoluto es un chiste una vez que estás arrestado. Lo que te suceda es completamente la decisión de tus captores.

La búsqueda

El auto policial en que iba partió, y en 15 minutos estaba siendo sometido a un cateo corporal. Metieron sus manos en cada bolsillo ¿Buscando qué? No tenía idea (lo averiguaría más tarde).

Entonces estaba en la cárcel, completa con un inodoro sucio, alguna cosa que parecía un lavamanos, y una banca. Después de 45 minutos o algo así, me permitieron usar el teléfono por unos pocos minutos. en este punto, noté una suavización en la actitud de parte de mis captores. Me estaban hablando, y se estaban relajando un poco.

Así que me dejaron quedarme en el teléfono un rato. Fue esencial. El teléfono estándar es una tecnología antigua. La gente hoy en día mensajes de texto. No puedes hacer eso desde la cárcel. No tienes un Smartphone. No tienes nada. Tienes que hacer tu llamada en un teléfono regular. En estos días, la gente no está inclinada a contestar una llamada de algún número extraño. Sólo contestamos el teléfono cuando conocemos a la persona que llama. Eso significaba que tenía que dejar mensajes y esperar que llamaran de vuelta.

Es una situación altamente volátil. Tienes que encontrar alguien que conteste. Si no lo haces, podrías pasar un largo tiempo en la cárcel. De hecho, esto es lo que sucedería. Podrías salir bajo fianza. Entonces te mandarían a la calle. Sin auto. Estás varado. No puedo siquiera imaginar el destino de alguien sin una tarjeta de crédito, sencillo, etcétera.

Después de mí trajeron a un hombre hispánico, y vi como tratan a otras personas. Estaba esposado por la espalda, firmemente. Fueron mucho más bruscos con él durante la búsqueda.

Entonces algo destacable sucedió. Encontraron lo que parecían ser pequeñas hojas de marihuana en su bolsillo, no más que un cuarto de cucharadita. inmediatamente cambiaron su cargo de “fallo de comparecencia” -faltó a una situación por una falta de tránsito- un crimen: ingresar sustancias ilegales a un establecimiento correccional. una vez que esto sucedió, el oficial le gritó a todos con gran alegría: “¡¡tenemos a un criminal!!”. Se felicitaron entre ellos.

Él estaba en mi celda. Era un hombre maravilloso, ahora con su vida destruida. Súbitamente me di cuenta de lo afortunado que yo era, o, usemos la palabra: privilegiado. Soy blanco, igual que los oficiales que nos arrestaron. Vestía un traje. Hablaba educadamente y de forma calmada. Sí, a pesar de ello había sido capturado y saqueado pero me di cuenta que no experimenté lo peor de todo.

Yo me iría al final del día. Pero este hombre hispánico no tenía tanta suerte. tenía tatuajes, acento extranjero, y en general se veía más descartable para sus controladores. Parecía ser pobre. Estaría enredado en este desastre por meses, tal vez incluso pasaría un tiempo en la cárcel, tal vez incluso años. Esto me sonaba como una vida arruinada, Todo por algunos pedazos de marihuana en un bolsillo.

En otras palabras, esto es por lo que me estaban revisando tan rigurosamente. Ellos querían encontrar cualquier excusa, cualquier pequeña razón para intensificar los cargos, para esparcir más miseria y destrucción. uno de los guardias parecía menos excitado que los otros, y le pregunté cómo podría soportar ver este tipo de cosas sucediendo todo el día, cada día. Me dijo que uno simplemente se acostumbra.

Los funcionarios

“Sólo hago mi trabajo”. debo haber escuchado esa frase 15 veces durante mi experiencia. Los policías la usan. Los burócratas la usan. Los guardias la usan. Todo el sistema se ve a sí mismo de esta forma. Sólo está haciendo lo que se supone que debe hacer. Se parece un poco a la guerra, cómo los soldados hacen cosas terribles cada día, cosas moralmente objetables, pero lo aceptan porque no tienen una alternativa real. Hacen lo que tienen que hacer.

Y así es para todo el sistema de justicia criminal en América hoy. todos están haciendo sólo lo que deben hacer. Ninguna persona individual es responsable de juzgar la moralidad o la justicia de todo eso. Es el sistema, y ellos trabajan dentro de él. No lo pueden cambiar. Cooperan con él. Siguen las reglas. Son las reglas mismas las que son el opresor.

La ley es una cabrona

De forma rutinaria nos referimos al sistema de Justicia como un monopolio del “Estado”, pero no podría funcionar sin el sector privado. Los autos de policía son fabricados por empresas privadas. las armas y vestimenta que usan son producidas por privados. Las esposas y tasers son productos del capitalismo. La prisión es construida por contratistas privados. El acero de los barrotes también. La empresa que remolcó mi auto: privada. El fiador: privado.

Entre más miras al sistema qué llamamos el Estado, más claro se vuelve que por sobre todo es construido por el poder y la productividad de la economía de mercado. Cada persona que es parte de este sistema, cada contratista y beneficiario, tiene interés en su bienestar. Ellos desean que el sistema continúe y están listos para defenderlo porque defender al Estado es lo mismo que defender su sustento.

Entonces, ¿qué hace diferente al Estado? ¿Qué es esta cosa que llamamos el Estado? Al final, se trata de la ley misma. Es decir, la ley son los dientes. La ley es lo que permite al Estado hacernos lo que nosotros no podemos hacernos unos a otros. La ley posee esta cosa extraordinaria, un completo monopolio sobre el uso de la fuerza agresiva contra persona y propiedad. El estado, entonces, es la única agencia en la sociedad que tiene permitido el poder completo de control coercitivo absoluto sobre todo el resto.

¿Y quién hace esta ley? Algún grupo de élite en algún lugar. Podría ser un regulador. Podría ser un político. Podría ser algún edicto administrativo. Un juez, tal vez. Podría ser que todos los responsables por la ley en su incepción han abandonado hace tiempo esta tierra. La ley permanece como un monumento viviente a ideas muertas, personas muertas, un pasado muerto. Pero permanece de todos modos. Y lo hace por la intrincada red de grupos de interés que se benefician de ella.

¿Quiénes son los explotadores?

Este es un sistema de explotadores y explotados, exactamente como Marx mismo explicó. Pero la diferencia es ésta: la ley es el explotador y la población la explotada. No es complejo. Pero mal identificar las identidades de quién es quién -un error que caracteriza siglos de pensamiento político- puede tener consecuencias terribles.

La política de nuestro tiempo se trata completamente sobre identificar a los explotadores. Los socialistas dicen que los explotadores son los capitalistas. Trump y su ejército de tontos dice que los explotadores son los inmigrantes. Los racistas blancos dicen que el problema son los negros. Los teócratas dicen que son los infieles y ateos. Los neonazis dicen que son los judíos. la guerra entre los sexos sigue el mismo camino. Generalmente, la derecha dice que el problema es la izquierda, y la izquierda dice que es la derecha. Y las masas de gente siguen estas afirmaciones e impulsan sus agendas, que son siempre sobre construir un código legal cada vez más alto, grueso, duro, más y más horrible.

Y, sin embargo, cada ley termina en el derecho de una pequeña élite de capturarte, saquearte, y, finalmente, matarte. Cada adición al código legal intensifica la violencia.

Luego de que fui liberado -pero por supuesto no realmente liberado- y recuperé mi auto, acabé en un McDonald’s, donde fui saludado como un dignatario en visita, incluso a pesar de que no sabían mi nombre y nunca me habían visto antes. Inmediatamente me ofrecieron papas fritas y bebida gratis y me invitaron a ordenar la hamburguesa de mis sueños.

Allí estaba a todo color, el pasmante contraste entre la cárcel y el restaurante de comida rápida. La primera es un infierno creado por ley. El último, un producto del orden social emergente y civilizado por el intercambio y comercio, es la cosa más cercana al paraíso que este mundo ofrece.


Traducido al español por Dusan Vilicic Held y Martín Gallardo Gysling. Artículo original publicado en Liberty.me. Si quieres apoyar mi trabajo puedes hacerlo donando acá.

Translated to Spanish by Dusan Vilicic Held and Martín Gallardo Gysling. Original article published on Liberty.me. If you want to support my work you can do it by donating here.

Porqué no creo en el tren

Yo creo que el tren no es un medio de transporte más eficiente que los vehículos tradicionales (buses, camiones). Me explico: al menos en Chile, que para que sirvan de algo se necesitaría un tremendo gasto en infraestructuras, y aún así tiene sus costos que el camión no tiene. Por ejemplo, con los camiones se traspasa carga (cargar o descargar) dos veces, una vez en el origen y otra en el destino, mientras que con los trenes son al menos cuatro traspasos (del origen a un camión, del camión al tren, del tren a otro camión, y del segundo camión al destino). No existe “tren a la casa/depósito”, excepto en casos muy puntuales como las industrias acerera y cuprífera donde se justifica.

De hecho, hay muchos tramos de tren funcionando y casi ninguno se usa más de una vez al día (ni siquiera hay servicios de pasajeros funcionando en ningún lugar excepto Santiago-Chillán, Victoria-Temuco, Valparaíso-Limache y Talca-Conce), lo que da una indicación de lo poco útil que es. Si fuera a ser algo tan útil y beneficioso, hace rato que se habrían presentado muchos inversores para poner trenes y mejorar líneas, pero eso tampoco ha pasado. Peor aún, a pesar de que a EFE se le hizo una tremenda inyección de capital, no fueron capaces de hacer funcionar el negocio, es decir, a pesar de que les regalaron trenes y líneas.

Yo no creo en el tren, la verdad. Creo que es una tecnología algo obsoleta, poco flexible, y que en lugares como Europa o los EEUU sólo se utiliza porque ya tenían muchísima infraestructura hecha -construída en la época donde la alternativa al tren eran las carretas-, y no necesitan partir de cero como acá, además de que ellos tienen mucha más demanda por transporte industrial que aquí.

Y acá es donde introduzco mi crítica al principio de subsidiariedad: ese principio se usa para justificar el gastadero que se hizo con EFE, y que se hace con tantas otras ridiculeces (los elefantes blancos de Lagos, por ejemplo, con carreteras y puentes que no iban a ningún lugar, o el infame puente de Chacao). Y es que está bien usado, porque es un caso donde “el sector privado no quiere o no puede financiar un servicio de utilidad pública”. Lo que no menciona ese (mal) principio es que el costo no debe ser mayor que esa utilidad “pública”. Sólo por medio del mercado libre se puede saber lo que vale o no la pena financiarse, ahí es donde la sociedad muestra sus preferencias y lo que le es o no útil. Y por lo que se puede ver, la sociedad no desea un puente de Chacao, ni un “tren al sur”, al menos no lo suficiente como para que valga la pena el gasto.

Por eso es que no creo en el tren (o para el caso, en puentes a ningún lugar, o cualquier cosa por el estilo). Y es que todo este atado del tren y similares viene de la idea, falsa y poco acertada, de que lo que no haga la sociedad por sí misma, lo debe hacer el Estado, para beneficio de la sociedad, cuando en realidad es para perjuicio de ella.

Los EEUU no son un país capitalista

Debo comenzar aclarando que por ‘capitalismo’ yo entiendo un sistema que requiere de una sociedad muy libre, donde se respeten muy a rajatabla los derechos de propiedad privada, los impuestos sean bajos, y la intervención estatal en la sociedad sea en general muy escasa o totalmente nula. En pocas palabras una sociedad y mercado libres.

También debo aclarar que esto lo escribo en respuesta a un artículo publicado en El Quinto Poder titulada “Miseria en la yugular del capitalismo“, donde el autor se dedica a describir lo terrible que es el “capitalismo” estadounidense.

La verdad es que yo no consideraría a los EEUU de hoy como la “yugular del capitalismo”, ni de lejos. Tal vez hasta 1900 o poco más podría haberse dicho algo por el estilo, pero después de las administraciones de los fascista-socialistas de Hoover y Roosevelt, el país nunca dejó el camino del mercantilismo y del corporativismo. Dejo claro que yo entiendo que un “capitalismo” requiere de una sociedad muy libre donde se respeten muy a rajatabla los derechos de propiedad privada. Nada de expropiaciones ni “eminent domain” ni complejos industriales militares coludidos con el Estado, ni planos reguladores, ni monopolios otorgados por el Estado, ni subsidios a la gran agricultura, ni limitaciones a las importaciones para proteger los intereses de las grandes empresas, ni servicios estatalizados que realmente corresponden a la sociedad privada, ni sendos impuestos con un código tributario tan grande que se requiere de un equipo de asesores para entenderlo. Los EEUU de hoy están extremadamente lejos de eso. Si hasta en varios Estados de ese país ni se puede practicar la peluquería o el diseño de interiores sin un permiso estatal, para proteger a los grupos de interés, generalmente gremios o empresas grandes. Eso tiene poco y nada de mercado libre, ni de sociedad libre. A menos de que creas que “capitalismo” es algo diferente, no relacionado con una sociedad libre de respeto a los derechos de propiedad privada.

Por otro lado, es curioso que dentro de los EEUU hay mucha diferencia en la “miseria” que hay. Llama la atención que donde más miseria se ve es en general en los Estados y lugares donde se ha impuesto por más tiempo el socialismo, como por ejemplo Nueva York o Detroit, entre otros. Son Estados o ciudades con un control estatal muy fuerte sobre la sociedad, con sueldos mínimos legales relativamente altos, y donde es muy poco lo que se puede hacer sin algún tipo de trámite o permiso estatal. El resultado está a la vista. Luego de haber sido una de las sociedades más libres, prósperas y pujantes del planeta, pasó a ser una de las más mercantilistas y con el mayor intervencionismo estatal en la sociedad, vino el estancamiento y la miseria. No es algo muy sorprendente la verdad.

Errores comunes acerca de privatización y estatización

Mario Bunge escribe en El País una columna titulada “Privatización ‘versus’ nacionalización“, donde trata de explicar porqué no considera que sea buena una privatización total de todo recurso y servicio, ni tampoco una estatización (“nacionalización”) completa, y porqué ni lo uno ni lo otro son cosas esencialmente “malas”. Lamentablemente su columna está plagada de errores, de modo que cualquier conclusión a la que llega no es significativa. Mi intención acá es explicar algunos de los errores que comete, y tal vez aprovechar para explicar algunos temas relacionados con economía, justicia, y los derechos de propiedad.

Primero que nada, Bunge cae en errores ya al principio, al identificar a los conservadores con la privatización. Esa afirmación está muy lejos de la realidad. A pesar de que los conservadores tienen tendencias liberales, y a veces han apoyado privatizaciones, no es lo que siempre ha sucedido. Muchos gobiernos y políticos denominados “conservadores” han comprado acciones de empresas privadas (una estatización parcial), e incluso hasta creado empresas estatales o confiscado empresas y recursos privados, para qué hablar de expropiaciones, bajo la excusa del “bien común”. Además, existe tal cosa como un conservador socialista. Actualmente en Chile el conservadurismo socialista es bastante fuerte, y se expresa en cosas como oposición a la liberalización de drogas, entre otras. Muchos conservadores de partidos “de derechas” apoyan todo tipo de estatizaciones y expansiones de la intervención estatal en la economía. Ergo, es un error más o menos grande asumir que un conservador en general desea privatizar.

Otro error que Bunge también comete al principio es confundir propiedad privada colectiva, con “socialización” en el sentido en que normalmente se entiende el término, es decir, estatización. Cualquier liberal que se precie entiende que la propiedad privada colectiva es una forma totalmente legítima de ejercer dominio sobre un bien. No deja de ser privada por ser colectiva, ni tampoco es estatal por no ser individual. Las sociedades son formas de ejercer el derecho de propiedad privada de forma colectiva, siendo uno de sus más claros ejemplos las sociedades anónimas. Nadie en su sano juicio afirmaría que una fábrica que es propiedad de una sociedad anónima ha dejado de ser propiedad privada, menos aún que ha pasado a ser propiedad estatal (“pública”). Entonces no existe un conflicto entre propiedad privada colectiva (como las cooperativas que menciona Bunge), y el concepto de propiedad privada como tal, pues la propiedad privada puede perfectamente ser individual o colectiva.

Otro error que el autor comete en su primer párrafo es asumir que lo que se haga en Suiza o en los EEUU es un ejemplo de capitalismo. Este error es muy común, y lo he escuchado muchísimas veces. Es fácil ver el error. Si esa afirmación es correcta, significaría que si en Suiza decidieran estatizar todo y que el Estado decidiera cómo se produce y distribuyen los recursos de acuerdo a planes quinquenales, la URSS habría sido capitalista, no socialista. En efecto, es falaz decir “lo que haga X es capitalista”, porque no necesariamente X hará cosas “capitalistas”. Lo cual nos lleva a preguntarnos el significado de “capitalismo”. Mi comprensión de esa palabra implica un mercado libre de intervención estatal, es decir, una sociedad con instituciones de corte liberal. Ahora, si se quiere ser estricto, “capitalismo” puede entenderse de muchas maneras. Los marxistas y afines le llaman así a la “dictadura o dominio del capital”, mientras que otra definición habla de un sistema en el que se puede generar y acumular capital de forma libre, habiendo incluso otras distintas, con diferentes implicancias. Es por esto que hablar de “capitalismo” sin al menos dar a entender qué se entiende por el término es como mínimo caer en ambigüedades, en el peor de los casos puede implicar un uso inconsistente de acepciones y tener como resultado un argumento falaz e inválido.

Pasando a otro error que Bunge comete, esta vez ya por ignorancia de la ciencia económica, es asumir que quien desea que se privaticen recursos, nunca lo hace pensando en la utilidad pública, y que la utilidad pública no se considera cuando los recursos son de propiedad privada. Es un error también común que deriva de no entender a cabalidad conceptos económicos como ‘utilidad’, ‘lucro’, y las condiciones necesarias para que un intercambio libre y voluntario se lleve a cabo. La utilidad es el nivel de satisfacción que una persona deriva de la realización de algún fin, por ejemplo de comer una manzana. Esto significa que la utilidad es siempre mental y subjetiva, es decir, no es algo físico mensurable y cada persona deriva una utilidad diferente de las mismas cosas, pues los fines son diferentes y la intensidad con que se desean estos fines varía de persona a persona (y de momento a momento). Lucro, en ciencia económica, es simplemente un beneficio, cualquiera que este sea. La definición contable y legal de esta palabra difiere de la económica y se refiere a la utilidad financiera que deja el ejercicio de una actividad, pero esta definición no es buena para describir el verdadero lucro económico, que es como ya dije, cualquier beneficio que se pueda percibir de algo, incluyendo cosas como una mayor comodidad, tranquilidad, placer, felicidad, entre otras categorías similares no mensurables y mentales. También sabemos que un intercambio libre y voluntario sólo será llevado a cabo cuando todas las partes involucradas consideran que se verán beneficiadas de su concreción. Es decir, sólo se dará el intercambio si cada parte valora más lo que recibe, que lo que entrega a cambio. Esto es considerando todo lucro económico, entendido como ya expliqué antes, es decir, incluyendo toda clase de beneficio, material o inmaterial, físico o mental, no sólo el beneficio financiero o monetario. De esto se sigue que un intercambio voluntario sólo se dará si incrementa el bienestar de la sociedad en su conjunto, es decir, la sumatoria del bienestar de cada persona, si se quiere expresar de esa forma, a pesar de que el bienestar no sea algo cuantificable. De aquí proviene el error que Bunge comete al creer que la “utilidad pública”, es decir, el bienestar de todos en conjunto, no necesariamente aumenta cuando se llevan a cabo intercambios libres y voluntarios en un marco de respeto a los derechos de propiedad privada (individual y colectiva). El autor cree que un intercambio libre y voluntario puede darse en casos donde una de las partes no valora más lo que recibe que lo que entrega a cambio. Por supuesto, luego del intercambio las valoraciones de cada uno pueden cambiar (y de hecho lo hacen), y esto puede llegar a implicar que una o más de las partes pasa a valorar más lo que anteriormente entregó, que lo que recibió a cambio. Esto se llama “cometer un error”, y es imposible evitar que las personas cometan errores, en tanto es imposible prever cuales serán las valoraciones que cada persona dará en el futuro a cada cosa y fin. Por esto es que es imposible que la propiedad estatal de algún recurso sea capaz de mejorar el resultado que emerge de los intercambios libres y voluntarios que se dan de manera espontánea en un marco de respeto a los derechos de propiedad privada. Y nada de esto es cubierto por un “velo ideológico”. Tampoco es un esquema simplista, afirmar eso sería desconocer la complejidad implícita en lo ya dicho, donde en un contexto de la existencia de miles de milllones de personas, se intecambian miles de millones de recursos diferentes, y teniendo cada una sus propios fines y valoraciones de éstos, lo que se tiene es un sistema sumamente intrincado y complejo, al que se suele llamar con nombres tales como “economía”, “mercado” y “sociedad”, siendo éstos esencialmente sinónimos, variando sólo en el punto de vista usado para observar el mismo fenómeno. En este punto se podría discutir de la necesidad de que el Estado sea propietario de algunos recursos para garantizar este marco, pero no es mi intención entrar en esa discusión, que es diferente de los puntos que quiero hacer acá, además de no ser parte de la argumentación de Bunge.

Me parece que lo ya explicado es suficiente para entender los errores esenciales que Bunge comete, los que luego repite numerosas veces en el resto de su escrito. También comete otros errores que podría ser interesante abordar, pero que por ahora elijo no hacerlo para no extenderme más de lo que ya he hecho. Probablemente lo haga de manera individual si alguien me lo solicita.


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Subsidiar y regular la imprudencia

En Diario Financiero, Jimena Catrón nos dice[1]:

Si hay un evento “traumático” para la banca chilena es, definitivamente, la crisis de 1982, año en el que el Estado tuvo que intervenir a varios de ellos para evitar su quiebra. ¿Por qué se llegó a esta situación? Principalmente, por los llamados créditos relacionados, en los que un mismo deudor podía pedir prácticamente tantos préstamos como sociedades tuviera, a pesar de que a final de cuentas, quien debía pagar era la misma persona.

 Por eso es que la histórica multa de unos US$ 31 millones que aplicó a fines de diciembre la Superintendencia de Bancos (SBIF), encabezada por Eric Parrado, a CorpBanca remeció a varios. La razón está en que la medida se sustenta en la infracción al artículo 84 de la Ley General de Bancos…, el que nació, justamente, para evitar una nueva crisis como la del 82.

La solución a ese problema no era hacer bienestar corporativo, subsidiando a los bancos tontos a costa nuestra; y luego prohibirles ser imprudentes. La solución era simplemente dejar que los banqueros imprudentes que presten así a tontas y a locas, quiebren, sin subsidiarlos de ninguna forma. Así, los que siguen pondrán mucho más cuidado con a quién le prestan plata, porque si no tienen cuidado pueden quebrar y nadie los va a subsidiar. Ni siquiera se necesitaría un artículo 84. De hecho, en general no se necesitaría una LGB, ni una SBIF, ni un Banco Central. Lo cual me parece mucho más beneficioso para la sociedad que tener que financiar esas tremendas burocracias, los mal llamados “rescates”, la inflación, etc.

[1DF: «Multa a CorpBanca: las particularidades que encendieron las alarmas de la SBIF»

La inanición del socialismo

Una de las conclusiones a que llega el pensamiento de la escuela de la Public Choice es que la gente de una organización que atiende a un problema tiene un fuerte incentivo a perpetuar el problema de forma de no perder su fuente de ingresos. Un ejemplo popular es que los médicos tienen un incentivo fuerte a intentar que la gente se enferme, porque así tienen más pacientes (clientes).

Este incentivo, en un mercado libre, está más que contrapesado por la libre competencia, donde aquellos médicos que de hecho tratan de hacer que la gente se enferme tienen una fuerte tendencia a perder clientes hasta quedar fuera del mercado. Otros ejemplos pueden incluir al estado y el crimen (entre más crimen, más pueden alegar los funcionarios estatales que necesitan más recursos) y el caso que me interesa: las organizaciones que “defienden los derechos de las clases proletarias”, como la Unión Clasista de Trabajadores y las corrientes socialistas

Hoy las clases o castas sociales básicamente ya no existen, pues para que haya tal cosa prácticamente no debe haber movilidad entre castas, sobre todo hacia arriba, ya que una de las características principales de las clases o castas sociales es la inmovilidad de sus miembros[1]. Por otro lado, la pobreza absoluta que fue el caldo de cultivo del socialismo ha dejado de existir. En ningún país donde ha habido capitalismo real (baja presión fiscal y regulatoria, respeto a la propiedad privada, poco proteccionismo) por unos 20 años hay necesidad de trabajo infantil ni pobreza extrema generalizada, que ya fue superada.

Esto significa que básicamente este tipo de organizaciones y corrientes está quedando obsoletas, están perdiendo su razón de ser. Sin pobres ni clases sociales inmóviles, no hay sustento real para el socialismo. Por este motivo es que los socialistas que van quedando están empecinados en multiplicar los pobres, y hacerlos lo más miserables posible. En palabras de Jorge Giordani, Ministro de Planificación de Chávez y Maduro: “El piso político nos lo da la gente pobre: ellos son los que votan por nosotros, por eso el discurso de la defensa de los pobres. Así que, los pobres tendrán que seguir siendo pobres, los necesitamos así”[2].

Lo lamentable del caso es que el contrapeso de la libre competencia no aplica al estado, pues es éste un monopolista, no tiene competencia que lo desbanque cuando produce malos resultados. Por esto, cuando los socialistas llegan al poder pueden efectivamente llevar a cabo su destructiva labor de empobrecimiento y pauperización masiva. Ya que la profecía de Marx de la pauperización en el capitalismo no se cumplió, los socialistas están fabricando su propia pauperización artificial.

Y aún peor es que a la vez le echan la culpa a la libertad, o más precisamente al “neoliberalismo”, siendo que ese término, al ser analizado en su uso, identifica las políticas que han llevado a cabo los socialistas mismos. Es decir, los socialistas hacen política “neoliberal”, pero ellos no se dicen neoliberales, según ellos los neoliberales son los liberales. De esta forma le echan la culpa de esta pauperización artificial a lo que en realidad prácticamente la hizo desaparecer.

Claramente necesitamos combatir el socialismo con todas nuestras fuerzas, ya que de lograrlo, es muy probable que en un par de generaciones éste llegara a desaparecer por simple inanición. Sin pobreza, su principal fuente vital, el socialismo quedaría obsoleto y superado, falleciendo de forma natural.

[1] Estratificación y movilidad social en Chile: entre la adscripción y el logro, CEPAL, Florencia Torche, Guillermo Wormald http://books.google.cl/books?id=0VeBk-TV0joC&lpg=PP1&pg=PA69#v=onepage&q&f=false

[2] Jorge Giordani: “Los pobres tendrán que seguir siendo pobres, los necesitamos así”, DolarToday, Mar 24, 2013 https://dolartoday.com/jorge-giordani-los-pobres-tendran-que-seguir-siendo-pobres-los-necesitamos-asi/

Crítica a Marcel Claude y Jaime Bellolio

Hace un tiempo un amigo me mandó este video de Marcel Claude hablando con Jaime Bellolio. Tal vez esperaba que defendiera a Bellolio, pero haré lo contrario.

Para empezar, criticar su afirmación de que “los bancos deben ser regulados”. No! Hay que eliminar regulación, partiendo por abolir el Banco central, abolir las leyes de curso forzoso y abolir las leyes que les conceden privilegios a los bancos para operar con una reserva fraccionaria, además de insistir en que el gobierno no rescatará a ninguna empresa, sea o no “muy grande para quebrar” ni garantizará los depósitos. Eso en realidad es subsidiar a los ricos.

En segundo lugar, el estado a través del Banco Estado no debe usar recursos extraídos por impuestos para “dedicarse a aquellos ámbitos a dónde no están llegando los privados”. Si no están llegando ahí es por un motivo. Henry Hazlitt explica muy bien este punto en el quinto capítulo de su obra maestra ‘La Economía en una Lección”. Tal cosa es perturbar los mecanismos que tiene el mercado para asignar los recursos a quienes probablemente harán un uso más productivo de ellos. Además, si el mercado no quiere conceder préstamos a alguien, será porque esa persona no tiene crédito. Eso significa que es muy poco probable que pueda devolver el préstamo. Entonces hacer lo que propone Bellolio no es más que dilapidar recursos escasos, frenar la producción y la elevación de los estándares de vida y poder adquisitivo de la gente en general.

Y pasando a Claude, es cierto que en Chile no opera el libre mercado, aunque a diferencia de su diagnóstico, es porque hay un exceso de regulación, impuestos, subsidios, además de la influencia planificadora del banco central. Como ya mencioné antes [http://on.fb.me/191bMMv], la concepción que tiene Marcel de los monopolios y oligopolios no es interesante. Siempre que haya libre mercado estos grupos no podrán “abusar” de su posición. Lo importante es que se eliminen todo lo posible las barreras artificiales al emprendimiento, y estas barreras son las impuestas por la intervención estatal en forma de subsidios, impuestos y regulaciones, que al final del día benefician sólo a las empresas grandes que tienen los recursos para manejar estas cosas y que ven su competencia reducida a causa de tal intervencionismo.

Es falso que los consumidores no tengan muchas opciones. Bástese con pensar cuántas cosas diferentes uno puede comprar con mil o diez mil pesos. La gran mayoría de cosas que se pueden comprar en un supermercado cuestan menos de diez mil pesos, para qué hablar de otras alternativas como ahorrar. Claro, habrían muchas más alternativas si hubiera menos intervencionismo estatal, pero eso no significa que no haya alternativas.

Después Marcel dice que el interés público está opuesto al interés privado, pero olvida que el interés público está compuesto por los intereses privados de cada persona. El interés público ES el interés privado.

Sobre la democracia, espero que lo que tengamos no sea eso, Hoppe explica muy bien porqué la democracia es un peligro público en las siguientes citas:

“Previsiblemente, bajo condiciones democráticas la tendencia de todo monopolio – de aumentar los precios y reducir la calidad – sólo será más pronunciada. En lugar de un príncipe que considera al país como su propiedad privada, un tutor temporal es puesto a cargo del país. Él no es dueño del país, pero mientras está en el cargo se le permite usarlo para ventaja propia y de sus protegidos. Él es dueño de su uso actual – usufructo – pero no de su capital. Esto no eliminará la explotación. Al contrario, hará que la explotación sea menos calculada y llevada a cabo con poca o nula relación al capital, es decir, de forma cortoplacista. Por otra parte, la perversión de la justicia ahora procederá aún más rápido. En lugar de proteger los derechos de propiedad privada pre-existentes, el gobierno democrático se convierte en una máquina para la redistribución de los derechos de propiedad existentes en nombre de la ilusoria ‘seguridad social’.”

“El modelo americano – la democracia – debe ser considerado como un error histórico, tanto económica como moralmente. La democracia promueve la miopía, el desperdicio de capital, la irresponsabilidad y el relativismo moral. Conduce a redistribución permanente y obligatoria de la riqueza y la renta y a la inseguridad jurídica. Es contraproducente. Promueve la demagogia y el igualitarismo. Es agresiva y potencialmente totalitaria internamente, vis-à-vis de la propia población, así como externamente. En suma, se conduce a un espectacular crecimiento del poder estatal, que se manifiesta por la cantidad de ingresos gubernamentales y de la riqueza parasitariamente apropiados – por medio de impuestos y expropiación – en relación a la cantidad de ingresos privados y riqueza adquiridos productivamente – a través del intercambio de mercado -, y por la variedad y la invasividad de la legislación estatal. La democracia está condenada al colapso, tal como el comunismo soviético estaba condenado al colapso.”

Sobre lo del financiamiento de las campañas políticas por “los poderes fácticos” (a los que yo y cualquier economista que entienda algo de esto llama “intereses especiales”) estoy de acuerdo. La cosa es que los sistemas democráticos, por su naturaleza degeneran en esto. El problema no es que no haya democracia, el problema ES la democracia, al menos en este punto.

Lo último es que Claude no entiende que el lucro, en un mercado libre, es una señal que indica que lo que se está haciendo es valorado por el resto -por la sociedad si se quiere-. Entonces el fin de lucro en esas condiciones implica hacer lo que la sociedad valora más. ¿Qué cosa es más democrática, social, y de utilidad pública que eso?