¿Es liberal un impuesto a las herencias?

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La respuesta debería ser obvia: los impuestos son, en el fondo, robo, por lo que obviamente un impuesto a la herencia no puede ser liberal. Pero persisten en el mundo personas que tratan de cuadrar el círculo. El último caso con el que me he topado es el de la revista británica The Economist, cuyo último número incluye una columna que defiende ese impuesto.

La columna parte mencionando datos irrelevantes pero interesantes sobre lo ínfima que es la recaudación fiscal (yo le diría robo) para los presupuestos estatales de países de la OECD por concepto del susodicho impuesto. Estos datos sólo sirven para dejar en claro que este impuesto no puede tener fines recaudatorios.

Lo interesante de la columna comienza cuando el autor menciona que oponerse al impuesto a las herencias contrapondría dos “valores liberales”:

Uno es que los Gobiernos no deben impedir que la gente disponga de su riqueza como mejor les parezca. El otro es que una élite permanente y hereditaria hace que la sociedad sea poco saludable e injusta. ¿Cómo elegir entre ellos?

Acá ya se puede decir algo al respecto. El primer principio es correcto, pero el segundo no es un  “principio liberal”, o al menos no como se lo enuncia en la columna. Si se estuviera hablando de élites políticas, podría tener algo de sentido la afirmación, pero no es el caso. Acá el autor habla de las llamadas “élites económicas”. Y estas no suelen ser hereditarias. La gran mayoría de personas que podrían caer en tal categoría son “ricos de primera o segunda generación”. Es decir, o crearon su propia riqueza, o son hijos directos de quienes la generaron. Es muy raro ver a una persona de la “élite económica” que sea de “tercera generación”, habiendo heredado esta riqueza de segunda mano, más raro aún para la cuarta y sucesivas generaciones. La gran mayoría de lo que podríamos llamar “élites hereditarias” son élites políticas, no “económicas”, y son éstas las que un liberal podría considerar dañinas.

En un mercado libre (con poca o nula intervención estatal) una persona sólo se mantiene en una “élite económica” mientras esté administrando su propiedad de forma más rentable y eficiente que el resto. Si el heredero no gestiona bien la riqueza heredada, la irá perdiendo. Esto es algo que de hecho sucede bastante seguido incluso en los mercados altamente intervenidos de hoy en día. Sería entonces innecesario e incluso contraproducente confiscar la propiedad que quien fallece lega a otras personas.

The Economist luego continúa justificando:

El argumento positivo para altos impuestos a las herencias es que promueven justicia e igualdad. Los herederos rara vez han hecho algo para merecer el dinero que reciben. Los liberales, desde John Stuart Mill a Theodore Roosevelt, pensaban que eso necesitaba ser corregido. Roosevelt, quién advirtió que dejar que enormes fortunas pasen de generación en generación era “en gran y genuino detrimento a la comunidad en general”, estaría pasmado con la situación actual.

En este párrafo hay muchas cosas cuestionables. Primero que nada, es risible en concepto de “justicia” que se deja entrever acá. El autor dice, básicamente que si una persona quiere darle algo a la otra, no sólo debe la primera “merecer” lo que va a dar, sino que la segunda tiene que de algún modo demostrar también merecimiento. Tal idea abre la puerta a toda clase de totalitarismo, pues para hacer cumplir esta idea (bastante estúpida, especialmente para un empleado de The Economist) haría falta fiscalizar cada transacción. Cada regalo navideño tendría que ser vetado por alguna burocracia (seguramente Estatal), teniendo que fundamentarse en cada caso el “merecimiento” de ambas partes en la transferencia. Puedo imaginar al autor diciendo “eso no es lo que yo propongo”, pero la realidad es que la extensión de esta fiscalización sería completamente arbitraria. No hay justificación objetiva para limitar esto sólo a las herencias o a ciertas transacciones en particular, por lo que corresponde llevar esta idea a su conclusión lógica y mostrar así lo absurda que es. Es más, para un liberal, una transacción es justa en función de los medios, no de “merecimientos” o fines. Si la persona obtuvo la propiedad (dinero, algún otro objeto, un terreno, acciones, etc.) de forma legítima (no hubo robo, estafa, extorsión, etc.), entonces la transacción es justa, punto. Los merecimientos son consideraciones que quedan fuera de la ética liberal.

Segundo, la igualdad material no es parte de la ética liberal, por lo que no tiene lugar en el argumento. alguno que otro podrá acá tratar de introducir los débiles argumentos de Rawls, pero de partida él no era liberal, por lo que de todos modos no cuenta.

Tercero, ni Mill, ni mucho menos Roosevelt se pueden considerar como liberales. El primero porque era utilitarista, es decir, no poseía principios, sino que más bien su ética se reducía a “maximizar la utilidad de la sociedad”, sin preocuparse en lo más mínimo de derechos o libertades más que como herramientas para lograr ese vago objetivo. El segundo fue uno de los primeros presidentes progresistas y, por lo tanto, para nada liberales. Roosevelt perfeccionó el “arte” de gobernar por decreto en los EEUU. Era un autoritario de corazón, un gran jingoísta que creía que a los EEUU les faltaba, y parafraseo, “una buena guerra para hacerse machos, porque sin derramamiento de sangre un país se vuelve afeminado”. Sobre la situación actual, me parece que estaría encantado con todas las guerras no declaradas en que está metido en Gobierno Federal de los EEUU. Guerra contra las drogas, guerra contra “el terrorismo”, bases militares en todo el mundo, derrocaciones no provocadas de líderes extranjeros cada puñado de años, operaciones encubiertas de todo tipo en medio mundo… yo creo que se sentiría orgulloso de su legado. Pero de liberal no tenía un hueso. Ninguno de los dos. Su defensa de estas figuras nos da una buena pista de la ética a la que adscribe The Economist, por cierto. Si tuviera que resumirlo en un nombre, diría que en esa revista adoran a Hillary Clinton.

Los flujos anuales de herencias en Francia se han triplicado como proporción del PIB desde los 1950s.

¿No se les habrá ocurrido a la gente de The Economist que la cantidad de patrimonio de la gente en Francia también ha aumentado grandemente en ese tiempo? Si una persona gana sólo suficiente para cubrir sus necesidades básicas, es poco lo que puede dejar en herencia. Pero si aumentan sus ingresos y comienza a poder ahorrar, a adquirir patrimonio (viviendas, vehículos, ahorros, entre otros bienes muebles e inmuebles, etc.) su patrimonio heredable aumenta mucho. La elección de fecha base no parece tomada al azar, aunque les daré el beneficio de la duda. De todos modos, tomar una fecha en que el patrimonio heredable es muy pequeño para la persona común, y compararlo con una fecha en que hasta la gente del decil más pobre logra acumular durante su vida una cantidad significante de patrimonio es como mínimo ser poco honesto y cuidadoso en el uso de las estadísticas.

La mitad de los billonarios de Europa han heredado su riqueza, y sus números parecen estar creciendo.

Es difícil juzgar esta afirmación sin que se fundamente ¿Será que en The Economist no son rigurosos a la hora de fundamentar sus afirmaciones? ¿O será que no les conviene citar su fuente porque esta ha sido refutada? Pueden estarse refiriendo al derechamente pésimo trabajo de Piketty, o pueden estarse refiriendo a cualquier cosa que bien puede tener una explicación que contradice su tesis. Imposible saberlo si no fundamentan. Por ende uno sólo puede asumir que la afirmación es falsa hasta que se demuestre lo contrario.

Sin embargo, en 2017 no está claro cuán decisivo es el papel de la herencia en el afianzamiento de la élite hereditaria.

En este y el siguiente párrafo The Economist curiosamente destruye su propio argumento. Primero parte sugiriendo que se hace necesario confiscar las herencias porque eso crea élites económicas, pero luego dice que no se sabe si eso realmente sucede… pero igual hay que poner el impuesto, supongo que porque a un socialista (light o de cualquiera otra variedad) no le preocupa no tener una justificación real para imponer sus preferencias al resto.

cada impuesto es una intrusión por parte del Estado. Si evitar la doble imposición fuera un requisito de una buena política, entonces los Gobiernos necesitarían abolir los impuestos a las ventas, que se pagan con ingresos ya afectos a impuestos.

Si realmente fueran liberales, les bastaría con ese argumento para concluir de forma lógica que todo impuesto debería ser abolido. Pero claramente no lo son.

De hecho, las personas que están en contra de los impuestos en general debieran ser menos hostiles hacia los impuestos a las herencias que a otros tipos. Por muy poco queridos que sean, son de los menos distorsionadores. A diferencia de los impuestos a la renta, no destruyen el incentivo a trabajar—mientras que estudios sugieren que una persona que hereda una cantidad superior a $150,000 es cuatro veces más propensa a dejar la fuerza laboral que una que hereda menos que $25,000. A diferencia de los impuestos de ganancias de capital, mayores impuestos a las herencias no parecen disuadir el ahorro o la inversión. A diferencia de los impuestos a las ventas, son progresivos. En la medida en que un impuesto a las herencias puede financiar recortes a todos los demás impuestos, el sistema puede ser más eficiente.

Primero que nada, un liberal se opone a los impuestos no por un tema de eficiencia, sino que por principio. Los impuestos son robo, por lo tanto hay que minimizarlos o eliminarlos. Que un impuesto sea más “eficiente” que otro no es factor muy relevante para preferirlo. De hecho, uno podría argumentar que es mejor tener impuestos ineficientes que por su naturaleza minimicen la recaudación estatal y así ayuden a limitar el poder estatal. Un impuesto “eficiente” en general beneficia principalmente al aparato estatal y le posibilita crecer desmedidamente.

Segundo, sobre lo del incentivo a trabajar, lo que lo destruye no son tanto los impuestos (que sí tienen un efecto), como los subsidios, el Estado del Bienestar. Más aún si se combinan ambas cosas. Las personas tratan de sobrevivir. Si se les aumentan los impuestos sin dar subsidios de ningún tipo, lo que sucederá es que mucha gente comenzará a compensar de varias formas por los ingresos perdidos, por ejemplo trabajando “en negro”, o incluso posiblemente trabajando más. El incentivo a trabajar se destruye cuando se crean vías para vivir a costa del resto, como los diversos subsidios que existen en la mayoría de países europeos. Esto de hecho va muy en línea con la afirmación de que quienes heredan grandes sumas (lo cual sería lo mismo que un subsidio estatal para efectos del ejemplo) tienden a dejar de trabajar. Esos estudios lo que deberían hacer es mostrarle a socialistas como la gente de The Economist que el Estado del Bienestar (subsidios a la pobreza, servicios estatales “gratuitos”, etc.) destruye los incentivos a trabajar.

Tercero, lo que observan respecto de que confiscar las herencias no parece reducir el ahorro o la inversión se puede deber a muchas cosas, y a mi me parece que no se debe a que a la gente no le importa que le confisquen lo que le quieren legar a sus familias u otros. De hecho, en un párrafo anterior ya mencionaron una posible explicación: la gente evade esa confiscación de un modo u otro. Si la gente puede evadir el impuesto, entonces el impuesto tendrá poco efecto. ¿De verdad les cuesta tanto pensar a la gente de The Economist? ¿O será que su ideología les compele a mentir sobre o ignorar ciertos hechos?

Cuarto, un liberal se opondría tanto a impuestos progresivos como regresivos. El principio de igualdad ante la ley lo lleva a uno a defender un impuesto igual para todos como el “menos injusto”. Uno podría discrepar en si es preferible una tasa igual o una cantidad absoluta igual, pero se está apuntando a igualdad ante la ley, no a igualdad material, como apuntan en The Economist.

Quinto, hay que ser muy ingenuo para pensar que al imponer un impuesto los políticos van a decidir reducir el resto. Lo que casi siempre sucede es que el nuevo impuesto se crea sin eliminar ni reducir ningún otro preexistente, creando así una nueva fuente de recaudación para aplastar aún más a la explotada sociedad.

El enfoque correcto es lograr un balance entre ambos extremos. La tasa exacta variará de país en país. Pero destacan tres principios de diseño. Primero, apuntar a los ricos; eso significa ponerle impuestos a los herederos en vez de a las propiedades y establecer un límite de exención significativo. Segundo, mantenerlo simple. Cerrar grietas para quienes son atrapados en la red por medio de establecer una tasa plana y dándole a la gente una asignación vitalicia para los legados; establecer una tasa lo suficientemente alta como para que se recauden sumas significativas, pero no tan altas que provoquen evasión en masa. Tercero, con el margen fiscal generado por el aumento del impuesto a las herencias, reducir otros impuestos, reduciendo la carga para la mayoría de las personas.

El enfoque correcto no es “lograr balances”, es hacer lo correcto. Eso significa, como ya dije, una tasa de cero. Cuando alguien dice que lo correcto es buscar un balance, yo reemplazo “impuesto” (robo) con “homicidio” o “violación” y me pregunto si la persona considera que no hay que “irse al extremo” al oponerse al homicidio o las violaciones.

En fin que los principios de diseño propuestos son bastante tontos. En la misma columna el autor demostró porqué no tienen sentido. Enfocarse en los ricos no es efectivo porque, como dice en la columna unos párrafos antes: “la riqueza puede pagar un buen abogado fiscal. … Suecia y otros países con altos impuestos descubrieron que si los Gobierno s imponen una tasa muy alta, los ricos encontrarán formas de evadirla.” El autor parece no tener idea de lo que significa la palabra “coherencia”.

Una “tasa lo suficientemente alta como para que se recauden sumas significativas” si o sí provocaría “evasión en masa”. La única forma de que eso no suceda es no “apuntar a los ricos”, sino que al resto. Ese es el motivo por el cual impuestos como el IVA recaudan tanto. Cualquier economista medio decente entiende que los “impuestos a los ricos” nunca recaudan mucho. La experiencia de los EEUU luego de Hoover y Roosevelt, más las reformas de Reagan, son clara evidencia de ello. Pero como el autor claramente está asumiendo la posición socialista de “robarle a los ricos para darle a los pobres”, es incapaz de admitir lo obvio: su propuesta no produciría resultados ni siquiera lejanamente similares de lo que parece esperar.

El tercer principio es tremendamente ingenuo, como ya dije. Prácticamente no existen políticos que quieran eliminar o reducir ningún impuesto, pero a todos ellos les encantaría la idea de introducir uno nuevo. El resultado en la práctica sería que se crearía un nuevo impuesto (o aumentaría uno preexistente), no se reduciría ninguno, el sistema sería más “ineficiente”, la carga fiscal sería aún mayor que antes, la recaudación no aumentaría mucho, y los más perjudicados al final del día serían los pobres. Sorprendente que una revista de (supuestos) economistas defienda una idea así.

Un sistema impositivo justo y eficiente buscaría incluir impuestos a la herencia, no eliminarlos.

Esa afirmación es tan alejada del liberalismo, que de hecho defiende el tercer punto del manifiesto comunista: “abolición de la herencia”. La columna de hecho defiende el segundo punto del texto de Marx: “impuesto fuertemente progresivo”.

A mí, al menos, me queda claro que la gente de la revista The Economist no es liberal, como dicen ser, sino que son socialistas y estatistas. Su afirmación de ser liberales probablemente tiene que ver con un tema de marketing (sería poco convincente para su público tradicional que se hicieran llamar lo que realmente son), o tal vez simplemente con un tema estratégico, para tratar de confundir lo que es la tradición liberal y así hacer más difícil la tarea de los liberales (de verdad).

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Porqué defender la secesión, respuesta a Antonio España

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Me topé hace poco con una columna donde se pretende explicar porqué es supuestamente antiliberal apoyar al movimiento secesionista catalán. Se llama “La inoportuna defensa liberal de la secesión”, su autor es Antonio España. Me he topado ya con mucha gente, muchos liberales que igual que Antonio, argumentan en contra del derecho de secesión de los catalanes, usando varios argumentos. Dado que su columna reúne a la mayoría de argumentos que he visto, me pareció útil hacer una réplica. Acá asumo que se parte de una mirada liberal, es decir, de la aceptación de los derechos más básicos del ser humano, por ejemplo el derecho de propiedad (privada). Haré esta réplica en forma de conversación, pues me es más cómodo ese formato para este caso.

se da en unas circunstancias de desafío a la ley y al Estado de derecho

No, lo que va en contra del Estado de derecho es el Estado mismo, que violenta todos los derechos más básicos del ser humano. Además, cualquier ley que diga que uno no puede finalizar relaciones con cualquier organización o persona no es una ley válida, no debe ser respetada. Las leyes malas no se deben respetar.

Es más, me pregunto si Antonio y compañía opinan lo mismo sobre el referéndum kurdo. Se me hace que van a tener un enorme doble estándar ahí. Ese referendum también ha sido declarado ilegal por los Gobiernos de Irak, Turquía y demás déspotas que están luchando por que no se les escapen algunos de sus siervos/esclavos. Sería terrible que la gente empezara a pensar que tiene derecho a ser libre e independizarse si no le gusta el Estado en que están. ¿Qué quedaría para los déspotas entonces? Tendrían que empezar a considerar tener un trabajo productivo en vez de uno parasitario, qué indigno. Disculpen por el sarcasmo.

supone un agravio comparativo con otras situaciones de verdadera restricción de las libertades individuales más básicas, como puedan ser los regímenes comunistas de Corea del Norte, Cuba o Venezuela, o las teocracias islámicas de Oriente Medio

Eso no tiene nada que ver. Que a alguien le roben es tan violación de derechos como cualquier otra cosa. Esta afirmación es como decir que el que una víctima de violación reclame que fue privada de su derecho a la integridad física es un agravio comparativo contra gente que que está en condición de esclavitud en Corea del Norte. Ridículo, y me parece que tal afirmación es de hecho un agravio contra cualquier persona que sufre alguna reducción o privación de alguno de sus derechos.

supone alinearse junto a unas formaciones políticas —nacionalismo corporativista, nacionalismo socialista y comunismo antisistema— que comparten muy poco con las ideas liberales

Los derechos, como por ejemplo el derecho de secesión (que no es más que el derecho a la libre asociación, derivado del derecho de propiedad) se tienen indiferentemente del color político de la persona. Una persona tiene tanto derecho a secesionarse como cualquier otra, incluso si es comunista, fascista, etc. Muy antiliberal me parece afirmar que la posesión de derechos depende del contexto político.

Si algo defienden estos partidos, es supeditar la voluntad personal a la colectiva.

Curioso que estén buscando imponer esa voluntad a muy poca gente. En este caso, me parece que los anti-derechos de propiedad (los anti-secesión, como ya expliqué) son los que buscan imponerle a los catalanes secesionistas sus propios dictados, y no al revés. Los catalanes independentistas parecen buscar no tener que imponerle al resto sus preferencias políticas, si no para qué separarse del resto. Se separan y forman para ellos un sistema que ellos quieren.

A mi parecer, lo que un liberal busca es no imponer a otros los gustos y preferencias particulares propios, sino que cada quién pueda tener para sí lo que prefiere, en tanto no busque imponer nada a otros. Si alguien quiere tener a alguien que gobierne su vida, allá esa persona, mientras no busque imponer eso a otros.

cabe oponer la opresión real que sufren quienes se oponen hoy a esa idea en Cataluña

Mientras existan Estados, va a existir gente en esa situación. Lo mejor que podemos hacer para mitigar ese problema, es aumentar lo más posible la cantidad de jurisdicciones autónomas. Si a alguien le parece mal que a alguien se le imponga un sistema que no quiere, entonces esa persona está a favor de la anarquía, como yo, por simple implicancia lógica.

Además, ¿qué con “la opresión real que sufren quienes apoyan hoy a esa idea en Cataluña”? La moneda tiene dos caras, por si no se han dado cuenta. Como dije, mientras haya Estados, habrá gente oprimida. Y el sistema democrático no cambia en nada ese hecho, para efectos de ese asunto, la democracia no es diferente a una dictadura.

dentro de los márgenes que contemplan la Constitución española y el Estado de derecho, existen los mecanismos democráticos y legales para reformar las leyes necesarias y articular un eventual derecho de secesión.

El problema acá es el que ya indicó Lysander Spooner, en su ensayo “No es Traición“. Por ejemplo podemos citar el simple hecho de que prácticamente nadie ha dado consentimiento formal válido a registe por ninguna Constitución. Es ya de entrada, por tanto, un argumento inválido citar ese documento.

Peor aún, no tiene sentido para un liberal defender un documento que no hace más que amarrar a las personas a un Estado que les quita sus derechos más básicos cada vez que puede.

Y sobre “los mecanismos democráticos”, éstos no son más que humo y espejos. No garantizan derechos, ni nada. No son algo muy valioso ni sagrado. Lo único valioso y sagrado son los derechos.

ya me gustaría que se derogaran muchas leyes tributarias, pero no me tomo la justicia por mi mano

Claro, esa es la mentalidad de un siervo, no de un liberal. Un liberal cree que lo justo no depende de “tener apoyos suficientes”. Si alguien lo ataca a uno, uno tiene derecho a defenderse, independiente de lo que digan los edictos de los políticos. Si alguien le roba a uno, uno tiene derecho a recuperar lo robado, independiente de si se tiene o no “los apoyos suficientes”. El proceso judicial para lo que sirve es para validar o condenar a ojos del resto de la sociedad las acciones de algún individuo. El proceso judicial no puede arrebatarle a la persona el derecho a defender su libertad. No es un sustituto suficiente, más bien es un apoyo, una herramienta para asistir en el “hacer justicia”.

inoportuna también porque el pueblo de Cataluña (…) ya disfruta hoy de unos altísimos niveles de autogobierno que nada tienen que envidiar a las democracias más descentralizadas del planeta.

Esta afirmación es muy similar a decir que “es inoportuno para la esclava americana de la época antebélica reclamar por su esclavitud, ya que su situación es mucho mejor que la de cualquier esclavo en cualquier otro lugar o época”. De hecho, esto es verdad. Los esclavos en los EEUU antebélicos (en los años directamente previos a la guerra de secesión) efectivamente vivían mejor que cualquier otro esclavo de cualquier otra época preva, o cualquier otro país. Es más, los esclavos allí en general tenían estándares de vida superiores a los de los hombres libres de clase baja del resto de los EEUU, al menos si lo medimos en sentido material. Muchos de ellos tenían incluso permitido tener propiedad, manejar negocios (tanto propios como de sus amos) entre otras cosas similares. Entonces la afirmación de “¿qué más quieren los catalanes, si ya son casi tan independientes como un país aparte?” es como decir “¿qué más quiere el esclavo, si ya tiene casi tanta independencia y bienestar material como un hombre libre?”. Un argumento claramente repulsivo, especialmente en boca de un liberal.

Es cuestión, si así lo desea la mayoría, de seguir profundizando en la descentralización —deseable para todas las personas y no solo los catalanes— sin necesidad de abrir un proceso de secesión costoso e incierto para todos.

Me parece que Antonio debería aprender un poco de los argumentos que se daban, tanto a favor como en contra de la esclavitud, en la época antebélica ya mencionada. Esto porque lo que acabo de citar es muy, muy similar a los argumentos que daban las personas que se oponían a eliminar la esclavitud. Muchos eran argumentos de la línea “si los esclavos son liberados nadie sabe cómo lo harían para sobrevivir, y los problemas políticos que podrían causarse, por eso lo responsable es simplemente tratar de aumentar el bienestar de los esclavos sin liberarlos”. Argumentos como éste abundaban en esa época (además de los ya conocidos argumentos desde el racismo).

El Estado de derecho —lo que los anglosajones llaman ‘rule of law’— es uno de los grandes pilares en los que se basa el ideario liberal. El respeto y defensa de la vida, de la propiedad privada o del cumplimiento de los contratos no se entiende sin la vigencia del imperio de la ley.

Así es, pero eso no es lo mismo que “imperio del Estado”. La ley no proviene del Estado, no viene del Congreso, no viene de políticos o burócratas. Peligroso que un liberal crea algo así.

Son precisamente las normas generales —las constituciones y leyes de rango superior— las que reducen la arbitrariedad del gobernante, poniendo límite a la coacción institucional y protegiéndonos de la discrecionalidad en la actuación de políticos y burócratas.

Esto es falso. Entre más pequeñas son las jurisdicciones, más limitada es la coacción institucional y menor es la discrecionalidad de los gobernantes. Sorprendente que haya que decirle esto a un liberal. La libertad de asociación, sobre todo, es una de las fuerzas que más limitan en el hecho a las acciones de no sólo Gobernantes, sino que también limitan lo que una persona puede hacer en el mercado. Es la piedra angular de la libre competencia. Decir que no corresponde que una persona, o un grupo de ellas, se desligue de un Estado, es básicamente lo mismo que imponer un monopolio en algún producto o área mercantil, al menos para efectos de la limitación del poder.

Las Constituciones por sí solas no son garantía de nada. Famosamente, la URSS en su Constitución, declaraba la libertad de expresión, de reunión, de religión, entre muchas otras garantías. No hace falta mucha investigación para comprobar que ninguna de estas garantías se respetó. También se puede poner de ejemplo la Constitución de los EEUU, la cual ha sido repetidamente violada, las garantías en ella expresadas no han sido respetadas. Las Constituciones no tienen demasiado valor. No limitan el poder de nadie. Es peligroso que un liberal crea lo contrario.

la ley nos protege de los gobernantes, y renunciando a ella, renunciamos a la libertad.

Si por “ley” Antonio se refiere a los edictos de los políticos, entonces claramente está muy confundido. No tiene mucho sentido decir que los edictos de los políticos nos protegen de los edictos de los políticos, es una contradicción, claramente.

representan menos del 50% de los votantes menos del 36% sobre el censo total catalán—

Asumo que estas cifras están basadas en los resultados del referéndum. Si es el caso, entonces es bastante deshonesto afirmar algo así. Hay muchas razones por las cuales el resultado podría haber sido más bajo que lo que habría sido de otro modo.  Primera entre ellas está la amenaza policial del Gobierno español. Ésta actuó como un “chilling effect“, disuadiendo a mucha gente de presentarse a votar, para no arriesgarse a sufrir represalias. Muchas otras acciones del Gobierno español también dificultaron a mucha gente poder votar. Si no hubiera habido tanta intervención por parte del Estado español, el resultado habría sido más fidedigno. En cualquier caso, no corresponde tomar los resultados como el número definitivo. Claramente había más gente a favor de la secesión (y en contra), que no votaron por uno u otro motivo. Mal de parte de un liberal no notar esto.

la Constitución, el Estatuto y el resto de leyes orgánicas relevantes en la materia son precisamente la garantía que tiene aquel otro 50% que no quiere que le ‘secesionen’ involuntariamente.

Esto es totalmente dependiente del marco de referencia. Uno bien podría argumentar que la minoría oprimida acá es el grupo de catalanes a los que se les está forzando a vivir bajo el dominio del Estado español, contra su voluntad. Ellos son minoría frente al resto de españoles. La moneda tiene dos caras, y en esta cara “la Constitución, el Estatuto y el resto de leyes orgánicas relevantes en la materia” lo único que hacen es garantizar que la minoría no pueda librarse de la opresión de la mayoría. ¿En qué quedamos entonces?

Los liberales que toman partido por la causa separatista, y apoyan y justifican sus actos pensando que así defienden la libertad, olvidan que el derecho de libre asociación y desasociación atañe también a aquellos que desean mantenerse asociados y a aquellos que no quieren cambiar su asociación por otra excluyente, aún más colectivista, totalitaria y opresora de verdad

Y ese es el problema de que existan los Estados. Esto ya lo dije más arriba, y la única solución es tener las más jurisdicciones posibles. Viene a la mente también la idea de las Jurisdicciones Funcionales Superpuestas en Competencia (FOCJs, de “Functional Overlapping Competing Jurisdictions”) de Bruno Frey. Pero mientras no se de eso, la existencia de los Estados en ausencia de libertad de asociación garantiza que habrá gente oprimida, pasada a llevar, y lo mejor que podemos hacer en esos casos es subdividir los Estados, aumentar la cantidad de jurisdicciones. Que es lo que el separatismo catalán busca. Por simple lógica, esto es un argumento por el que un liberal debiera estar a favor de la secesión en este caso.

¿o qué piensan que persigue la CUP? (…) el independentismo preconizado por sus promotores en Cataluña es deshonesto, antidemocrático y liberticida, con un fuerte condicionamiento comunista que se combina con un corporativismo de tintes fascistas.

Claramente no persigue imponerle un sistema a una mayoría de españoles. ¿No cree Antonio que los españoles estarían mejor sin tener lidiar con la CUP? Si es verdad que en Cataluña los ánimos políticos se inclinan hacia el socialismo ¿No es mejor para el resto de españoles que estos socialistas se independicen y dejen de ejercer influencia sobre los primeros? Cuando se impone el unicismo (independiente de si se hace mediante un sistema democrático, monárquico, parlamentario, etc.), lo que se logra es una garantía de que nadie podrá obtener el sistema que prefiere.

Difícilmente puede catalogarse esta secesión como defensa de la libertad individual.

Más bien lo que es es un acercamiento a ésta. Los que quieren vivir en una comunidad socialista, que lo hagan, allá ellos. En tanto no busquen imponerlo a otros, un liberal no debería poner objeciones. Y si bien no es el caso, al menos se acerca más que forzar a estas personas a mantenerse en un sistema que no desean para si mismas. Y si como consecuencia estos socialistas se vuelven más pobres, cosa de ellos.

Tal es el caso, por ejemplo, de todos aquellos grupos humanos, étnica, cultural o lingüísticamente homogéneos, que fueron conquistados o cuyo territorio fue anexionado por la fuerza en algún momento reciente de su historia. O que se vieron repentinamente dentro de unas fronteras artificialmente definidas por terceros, como fue el caso de Yugoslavia o las antiguas colonias en África o Asia. No es el caso de Cataluña, cuyos condados se incorporaron al reino de Aragón por vía dinástica en la Edad Media, y en el Renacimiento, y también mediando el matrimonio entre sus respectivos monarcas, se unió con los dominios castellanos para formar el actual reino de España.

Esto es totalmente irrelevante. La libertad de asociación no depende de “homogeneidad cultural” ni de accidentes históricos. Una comunidad multicultural tiene tanto derecho a formar su unidad política independiente como una comunidad culturalmente homogénea. Y ambas tienen derecho a hacerlo, tanto si “toda la vida” han sido parte de otra, como si alguna vez fueron incorporadas a esta otra a la fuerza. Todo eso es irrelevante. Parece muy extraño para un liberal condicionar los derechos a cosas como ideología de la persona, accidentes históricos, cultura, etc.

a los liberales prosecesión les pregunto, ¿quién sufre opresión hoy en Cataluña?

Básicamente todos, en tanto que viven bajo la autoridad despótica de un Estado que atropella sus derechos. Y como ya dije antes, la secesión de un grupo permite reducir la discrecionalidad de los Gobernantes, aumenta la competencia entre ellos, etc. Además, valida el derecho de las personas a secesionarse, lo cual debiera ser legítimo bajo cualquier pretexto y circunstancia (como debiera ser si se considera que la libertad de asociación es algo que existe). Si fuese así, se habrían evitado muchas guerras y genocidios, a decir verdad.

Pregúntenselo a los catalanes que no quieren secesión, a los que el domingo quedaron señalados por quedarse en casa, a los delatados y multados por rotular sus comercios en español, a los que no pueden elegir la lengua en la que educar a sus hijos, a quienes defienden ideas no independentistas y les desean violaciones en grupo o señalan los comercios de sus padres.

Y está muy bien denunciarlo. Esas personas también tienen derecho a secesionarse de cualquier Estado, sea catalán, sea español, sea el que sea. Pero impedir la secesión de un grupo no ayuda a fortalecer el derecho de secesión de las personas mencionadas, más bien lo debilita.

Y a poco que uno haya viajado, se da cuenta de que España es hoy uno de los países más abiertos, integradores, tolerantes y acogedores del planeta.

¿Será esto motivo necesario o suficiente para negarle el derecho de secesión a alguien? No lo creo.

Costó muchas cesiones llegar a una Constitución imperfecta para todos

No suena como algo bueno. ¿No sería mejor que cada grupo tuviera su propio país, constitución, etc. que le acomoden mejor?

con el inmenso mérito de darnos una mínima estabilidad política que nos ha permitido centrarnos en nuestros asuntos privados y cambiar radicalmente el país en estos 40 años.

¿No se habría logrado lo mismo teniendo cada grupo su propio sistema, etc.?

No, defender esa convivencia imperfecta no es nacionalismo español.

Pero tampoco me parece algo muy sensato. ¿Forzar a todos a funcionar bajo un mismo Estado lleno de pugnas entre grupos con preferencias políticas dispares? No me parece algo muy liberal para hacer.

una sobrerrepresentación parlamentaria fruto del viciado sistema basado en circunscripciones electorales, que favorece la formación de coaliciones.

¿No que la democracia era tan buena?

Podrían haber convocado ahora otras con el mismo carácter plebiscitario, legales y con todas las garantías. Convocatoria que es prerrogativa legítima y exclusiva del presidente de la Generalitat. ¿Por qué no lo han hecho? ¿Por qué han preferido la ilegalidad? ¿Por qué han preferido la propaganda y la movilización en la calle, exponiendo a sus seguidores a la acción policial?

¿Porqué debe ser ilegal hacer un plebiscito? ¿Porqué se considera legítimo imponerle a la gente mecanismos y procedimientos contra su voluntad?

Finalmente, puestos a defender la necesidad de un derecho liberal de secesión colectiva como mejor aproximación posible a la secesión individual, ¿por qué restringirlo a un territorio dado? ¿Por qué no secesión de los autónomos? ¿O de los que tengan horóscopo Piscis? ¿O de los aficionados al aeromodelismo? ¿Se dan cuenta de la arbitrariedad del criterio territorial? ¿Por qué en un territorio pueden desasociarse y en otros no?

Efectivamente el criterio territorial es arbitrario y por lo mismo he estado defendiendo el derecho de secesión individual (que no es otra cosa que el anarquismo).

Por no hablar de que la secesión dentro del territorio independizado —requisito para que la secesión sea compatible con el liberalismo— plantea serias dificultades prácticas. Pues, ¿cómo se consigue que entre dos vecinos que comparten rellano, uno se independice junto con un grupo de catalanes y el otro se quede dentro de España junto con el resto de catalanes que desean quedarse?

Parece complicado, pero aún puede complicarse más. ¿Qué hacemos con aquellos que quieran desasociarse de su comunidad autónoma pero no de su país ni de su provincia? ¿Y con los que quieran independizar su municipio de su provincia, pero no de su comunidad autónoma y sí de su país para unirse a un tercero? ¿Y por qué no independizar el barrio? A fin de cuentas, hay barrios que podrían cumplir los criterios de nación: cultura, lengua y etnia propias.

Primero, es un salto lógico afirmar lo de la compatibilidad. Si fuera así, sería también incompatible con ser liberal oponerse a la secesión en este caso, por vicios similares. ¿Y en qué quedamos ahí?

Segundo, vuelvo a mencionar la propuesta de Bruno Frey.

as secesiones parciales (colectivas) no siempre acercan al ideal de la secesión individual —antes bien, suele ser al contrario—

¿Alguna justificación para tal afirmación?

cuando se circunscriben a un territorio, necesariamente generan una minoría o mayoría— a la que se le trata de imponer una secesión indeseada.

La moneda tiene dos caras. Me exaspera tener que repetir esto una y otra vez. Impedir la secesión también “necesariamente genera una minoría —o mayoría— a la que se le trata de imponer” un Estado indeseado.

El apoyo liberal de la secesión de Cataluña es, pues, inoportuno.

A mí me parece muy oportuno. Tanto desde el punto de vista teórico-filosófico, como desde el punto de vista estratégico ¿Cuándo será la próxima oportunidad que habrá para achicar no sólo España, sino que la UE? Además de que esta secesión, si resulta exitosa, sirve como antecedente positivo para cualquier otro grupo que desee formar su jurisdicción separada (por ejemplo los kurdos en Irak y alrededores).

representa una estupenda ocasión para alejar a la gente de un liberalismo, siquiera imperfecto, pero con otras prioridades más realizables a medio plazo … demostrando que somos gente práctica

Esto me suena a queja de lobbista que quiere parecer “respetable” y “políticamente correcto” para ser aceptado dentro de los círculos de poder mainstream, la verdad. Mi interés como liberal no está en ser políticamente correcto ni en caerle bien al establishment. Mi interés está en lograr más libertad. Y eso nunca se ha logrado (excepto en contadas ocasiones) ni por medio del lobby, ni por los canales políticos regulares. Por lo mismo insistir en esas vías no es conducente a “demostrar que somos gente práctica”.

Para cerrar, quiero dejar en claro que probablemente tenga muchas opiniones en común con Antonio España. Pero de tanto en tanto se dan casos en los que liberales podemos estar en desacuerdo. En algunas ocasiones es por temas estratégicos, donde no se puede hablar realmente de una alternativa “mas liberal” o viceversa. En otras hay diferencias filosóficas, donde la discusión puede volverse más amarga. Me parece que el desacuerdo sobre el independentismo catalán tiene más de desacuerdo sobre estrategia que sobre principios, lo que al menos nos permite decidir estar en desacuerdo, sin tener que decir que unos u otros son “menos liberales”.

Gato por liebre

José Luis Cofré, en una columna publicada en El Líbero hace un llamado a que los liberales “dialoguen sobre las grandes similitudes que los unen, abandonando las leves discrepancias que nada aportan al tenerlos separados.” Todo eso suena muy bonito. El problema es que menciona una buena cantidad de grupos y personas que, si bien se hacen llamar “liberales”, realmente están muy lejos de tener lo que José dice, específicamente “la esencia del liberalismo, un escepticismo frente a la autoridad y el poder, limitando a este último, una concepción del individuo como el centro de la sociedad, …una sociedad civil activa que en base al libre emprendimiento produzca el progreso y reduzca la pobreza.” Todos los grupos políticos y personajes que mencionó (“Sociedad, Voluntad Cívica, Evópoli, Amplitud, Ciudadanos, Red Liberal”, o “Felipe Kast, Luciano Cruz Coke, Andrés Velasco, Lily Pérez, Cristobal Bellolio”) ostensiblemente consideran que el Estado debe ser el centro de la sociedad, el ente rector, propietario último de bienes y personas, y regulador de su actuar. No tienen un gran escepticismo frente a la autoridad, ni pretenden limitar mucho el poder. Lo que quieren es que éste sea utilizado para redistribuír la propiedad de las personas, ya sea creando sistemas de salud y educación completamente estatales, que es la posición de Cristóbal Bellolio y “Rojo Progresista” (el nombre con que me parece gracioso llamar a Red Liberal); o que sea instrumentalizado para lograr “igualdad de oportunidades” por medio de redistribución de propiedad privada hacia algunos grupos específicos y la reducción de la libertad en cosas como la selección en establecimientos educacionales (la posición de Felipe Kast). La mayoría de personas y grupos citados de hecho lo que buscan no es reducir y limitar el poder, sino que maximizarlo por medio de maximizar los ingresos estatales, con el objetivo de “llevar a cabo política social”, que no es más que otra forma forma de decir “poner al Estado como centro de la sociedad, invalidando los arreglos a que las personas habrían llegado de forma libre”. Ninguno de ellos realmente cumple con los requisitos que José menciona. Lo cual es realmente lamentable, pues significa que muchas personas están confundiendo este “mini-socialismo” con una corriente filosófica tan interesante y profunda como es el liberalismo, que además ha demostrado ser la única fuente real de progreso y justicia.

Mejores Pensiones: ¡Menos Intervención Estatal!

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Dusan Vilicic Held
Asociación Liberal de Magallanes (ALMA)

Esta columna se publicó el 23 de agosto del 2015 en el suplemento Análisis del diario El Pingüino de Punta Arenas.

En mi última columna -publicada el 15 de agosto del 2015- traté de mostrar porqué volver a un sistema de reparto no es una buena idea. Básicamente porque su rendimiento sería peor, requeriría de que los aportes obligatorios aumenten al doble o más de lo que son hoy, el Estado tendría que gastar más recursos, y además no cumplen con sus promesas en el largo plazo, debiendo ser constantemente reducidas las prestaciones.

Entonces, la pregunta queda: ¿Cómo mejorar el desempeño del sistema de AFP? Sabemos que las comisiones son de alrededor de un 11% sobre la cotización para los aportes obligatorios y alrededor de la mitad de eso para los aportes voluntarios. Si lo que se desea es que las comisiones sean más bajas, existen dos formas efectivas y sustentables: reducción de costos y más competencia. Lo primero se logra liberalizando el rubro, especialmente mediante la eliminación de exigencias innecesarias que imponen costos adicionales a las AFP. Lo segundo se logra eliminando regulaciones estatales que restringen la libre competencia, permitiendo cosas como que la gente cotice en otras instituciones (por ejemplo mutuales o bancos), y reduciendo la tasa de aporte forzado. Exploremos ambas.

Hoy en día, las AFP tienen muchos costos que son claramente prescindibles. Probablemente, el más grande es que deben pagar impuestos, los cuales reducen la rentabilidad que obtienen sus afiliados. Por ejemplo, un vacío legal ha permitido que el Estado cobre un impuesto a las inversiones de las AFP del que el resto está exento. Se estima que como consecuencia, los ahorrantes dejan de percibir unos 120 millones USD anuales, lo cual asciende a unos 4 mil millones USD desde que se instauró el sistema actual de AFP. Es más, los últimos aumentos impositivos empeoran esto[1]. Eximir de impuestos a las AFP y sus inversiones significaría una gran reducción de costos que no sólo aumentaría la rentabilidad de los fondos, sino que también produciría una reducción en las comisiones.

De igual manera se puede lograr una reducción en las comisiones por la vía de la disminución del aporte forzado. La lógica es simple: las comisiones del aporte forzado son el doble de caras que las del Aporte Previsional Voluntario (APV)[2][3], por lo que el ahorrante gastaría menos en comisiones si no hubiera cotización obligatoria. Además, así las AFP deben volverse más atractivas para los ahorrantes, ofreciendo mejores prestaciones y rentabilidades, y menores comisiones. Por último, permitir que la gente ahorre en otro tipo de instituciones tiene el mismo efecto, pero también significaría que la gente sería libre de optar por participar de una institución privada que funcione en base a un régimen de reparto, si así lo prefiere. Este tipo de instituciones existían en el pasado, antes de la existencia de los sistemas estatales de pensiones, y al ser privadas, es automática la regulación de su sustentabilidad y prestaciones. Esta competencia adicional también presionaría a la baja las comisiones de las AFP.

[1] http://www.aafp.cl/wp-content/uploads/2014/02/Serie_de_Estudios_N_91_Dano_Tributario.pdf

[2] http://www.spensiones.cl/safpstats/stats/inf_afiliados/estcom_v.html (Afiliados y no afiliados Septiembre 2015)

[3] http://www.safp.cl/safpstats/stats/apps/estcom/estcom.php?fecha=20151101 (Noviembre 2015)

Mejores Pensiones: ¿No más AFP?

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Dusan Vilicic Held
Asociación Liberal de Magallanes (ALMA)

Esta columna se publicó el 16 de agosto del 2015 en el suplemento Análisis de el diario El Pingüino de Punta Arenas.

Mucho se ha hablado de las bajas pensiones que ofrece el sistema de AFP. En este contexto, se ha vuelto recurrente sugerir un retorno al sistema de pensiones de reparto, bajo el argumento de que eso garantizaría la mejora de las mismas y una mejor calidad de vida para todos. Lamentablemente, esta afirmación no tiene fundamento por varios motivos.

El primero es que un sistema de pensiones de reparto pone muchísima presión sobre las finanzas estatales. Por ejemplo, en los EE.UU., el sistema de pensiones consume alrededor del 24% del gasto estatal[1] y se proyecta que pronto aumentará a más del 30%. En Alemania es más del 47%, mientras que en Finlandia supera el 40% y en Suecia, el 33%[2]. Por su parte, en Chile es poco más del 4%[2][3], lo que significa que para tener un sistema de pensiones estatal de reparto, el Estado probablemente tendría que gastar mucho más en este ítem, lo que implicaría un aumento de gastos en pensiones de unas 6 veces el presupuesto actual. Teniendo en cuenta la estrechez fiscal del Estado de Chile, incrementar el gasto estatal a ese nivel es probablemente imposible.

El segundo es que los sistemas estatales de reparto se financian con un impuesto a la renta adicional que se mueve entre 15% y 50% de los ingresos de la persona; muy superior al 10% del que existe actualmente en Chile. Esto es consistente con la cotización obligatoria en el sistema de reparto que había previamente, donde variaba entre un 20%, hasta más del 50%. Está claro que los empleados chilenos que se espera en el futuro perciban pensiones bajas no podrían renunciar a un 20% más de sus ingresos, lo que potencialmente significaría en muchos casos una condena a muerte.

El tercero es que el rendimiento de estos programas es muy inferior al sistema de AFP, más o menos de un 50% a un 20% menor, peso por peso aportado[4]. Es decir, en el sistema chileno de AFP, por cada 100 pesos que uno aporta, recibe de vuelta entre 20 y 50 pesos más de lo que recibiría por esos mismos 100 pesos en algún sistema estatal de reparto. De hecho, se sabe que actualmente más del 74% de los fondos que manejan las AFP corresponde a la rentabilidad, y sólo un cuarto corresponde a las cotizaciones[5].

El cuarto es que los sistemas estatales de reparto son famosos por sus recurrentes bancarrotas, es decir, que suelen incumplir sus promesas de pago, y las prestaciones que una persona finalmente recibe suelen ser mucho menores que las que se le prometieron cuando comenzó a aportar. Incluso el sistema alemán ha quedado numerosas veces en bancarrota en los últimos años, habiéndose tenido que modificar sus prestaciones muy seguido, por ejemplo en 1992, 1999, 2001, 2004, 2007 o 2014, entre otros. Estas razones son, a mi juicio, suficientemente contundentes para entender que el sistema estatal de reparto no sólo es impracticable en Chile, sino que, asumiendo que lo fuera, terminaría entregando pensiones menores a las que entrega el sistema actual.

[1] http://www.cbpp.org/research/policy-basics-where-do-our-federal-tax-dollars-go

[2] https://stats.oecd.org/Index.aspx?DataSetCode=SOCX_AGG

[3] http://www.dipres.gob.cl/595/articles-90993_doc_pdf.pdf

[4] http://voces.latercera.com/2015/06/28/sebastian-edwards/mi-pobre-jubilacion-californiana/

[5] http://www.aafp.cl/wp-content/uploads/2014/10/Boletin-AAFP-Octubre-2014.pdf

[Traducción] Uber es progreso, ¿Por qué no lo apoyan los progresistas?

Algunos progresistas en realidad son conservadores por dentro

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Steven Horowitz
Lunes 13 de Junio del 2016

He alabado a Uber con anterioridad. Para mí, si la posibilidad de usar Uber está disponible, casi siempre la preferiré por sobre un taxi tradicional. Ser cliente de Uber da apoyo a individuos emprendedores en vez de a empresas de taxis que a menudo son franquicias de monopolio o beneficiarios de otras formas de capitalismo de amigos.

Así que siempre me sorprende cuando algunos de mis amigos igualitarios/progresistas miran con desprecio a Uber y a otras innovaciones similares. Mi intuición es que la gente de izquierda se pondría de lado de los “pequeños” contra los empleadores corporativos y monopolios locales de las empresas de taxis (o grandes cadenas hoteleras en el caso de AirBnB). Y algunos lo hacen. Pero otros no, y vale la pena pensar sobre cómo podríamos hacer el argumento progresista a favor de Uber para ellos.

Seamos claros sobre de lo que realmente se tratan Uber, Lyft, AirBnB, y el resto de la llamada “economía del compartir”. Pensar en términos de “compartir” en realidad no es la mejor forma de ver la naturaleza de su innovación. De lo que realmente se trata es de usar tecnología para reducir de forma dramática los costos de transacción de hacer un uso más eficiente de recursos ociosos.

Los malos viejos tiempos

Tienes una habitación libre en tu casa. Antes de los smartphones, GPS, y la internet, habría sido muy difícil encontrar gente que tuviera una demanda por ese espacio en el momento en que estaba disponible. También necesitabas alguna forma de mostrar confiabilidad. A pesar de eso podrías haber arrendado la habitación por días o semanas a la vez, pero los costos de hacerlo funcionar habrían sido enormes.

Lo mismo es cierto de Uber y Lyft. Después de todo, los jitneys han existido por décadas, y Uber y Lyft son sólo una nueva vuelta de tuerca sobre esa vieja idea. Pero en vez de tener puntos de recogida fijos y de esperar a que pase un jitney disponible y de saber poco sobre el conductor, Uber y Lyft reducen dramáticamente todos esos costos de transacción. Ellos usan una plataforma de software para coordinar a oferentes y demandantes. La economía del “compartir” en realidad sólo es el siguiente gran paso en lo que es la verdadera historia del progreso económico: la continua reducción de costos de transacción a lo largo de toda la economía.

¿Cuál es la queja?

¿Pero qué debería hacer que estas innovaciones sean particularmente atractivas para la izquierda? Una de las características más importantes de Uber, por ejemplo, es que los conductores son propietarios de su capital y establecen sus propios horarios de trabajo y, en su mayoría, las condiciones laborales. Uber simplemente permite que personas con su propio capital lo pongan a trabajar a través de conectarlos de forma más efectiva con los demandantes de ese servicio.

Por más de un siglo, la izquierda ha argumentado que la falta de control de los trabajadores sobre el capital y sobre sus condiciones laborales permitió que fueran explotados por propietarios y jefes. La lógica progresista típica a favor de los sindicatos está unida a esta crítica. Pero Uber provee una solución a esta situación. Los conductores Uber son propietarios de su propio capital (el automóvil) y pueden determinar qué tan seguido trabajan y qué viajes quieren proveer.

Algunos en la izquierda argumentan que esta misma flexibilidad es un defecto, no una virtud, porque no es un trabajo de tiempo completo y no incluye seguros médicos y cosas similares. La mayoría de conductores Uber, no obstante, te dirán que la flexibilidad es exactamente lo que les gusta de él.

¿Quién trabaja para Uber?

Por ejemplo, dos de mis conductores recientemente en Portland lo estaban haciendo para complementar sus ingresos por diversos motivos. En un caso, él estaba a punto de tomar el  examen de abogacía y conducía para generar algún ingreso para obtener una oficina para iniciar su práctica jurídica.

El otro conductor era un administrador en un restaurante de comida rápida y conducía part-time para ahorrar para una casa. Cuando le pregunté sobre la flexibilidad, dijo “por ejemplo esta mañana: mi señora aún estaba durmiendo, así que ¿porqué no salir en el auto y ganar unos cuantos dólares extra?” Su flexibilidad también va en beneficio de gente como yo, que necesitaba un viaje a través de Portland para encontrarme con un amigo para un desayuno tardío.

En mi experiencia, casi ninguno de los conductores Uber que conocí lo estaban haciendo a tiempo completo. Todos tenían otros empleos y esto era una fuente de ingresos secundaria para mejorar sus vidas. ¿Por qué no es noble de nuestra parte ser clientes de Uber y apoyar el abogado recién egresado o al matrimonio joven que intenta comprar su primera casa?

En otras ciudades, el grueso de conductores Uber son inmigrantes recientes. Mientras que mis conductores en Portland e Indianápolis han sido casi todos hombres y mujeres jóvenes blancos, mis conductores Uber en Washington, DC han sido casi todos inmigrantes de color.

¿No hace que usar Uber sea aún más consistente con las metas progresistas si estamos apoyando la subsistencia de inmigrantes emprendedores que han venido a los EEUU a tener una mejor vida, y tal vez remitir algunos de esos fondos de vuelta a casa?

Para algunos de esos conductores Uber que son inmigrantes, conducir es probablemente su principal fuente de ingreso. ¿Vamos a negarles ese ingreso porque conducir en Uber es visto como menos que perfecto en comparación con los trabajos de la vieja economía? ¿Deberíamos dejar de usar Uber y hacer menos probable que vengan inmigrantes, dejándolos en una mayor pobreza en sus países de origen?

Si la mejora de las vidas de los pobres del mundo es una meta progresista, entonces usar Uber (sin mencionar comprar ropa de “sweatshops”) están entre las cosas más morales que podemos hacer.

¿Qué pasa con la seguridad?

Algunas personas están preocupadas de que Uber puede ser más peligroso que los taxis. Los datos no parecen soportar esto, y un estudio reciente muestra que la entrada de Uber a una ciudad reduce el número de arrestos por conducción bajo la influencia del alcohol y de muertes. No sólo los conductores Uber no son más propensos a cometer crímenes que los conductores de taxi, la disponibilidad de un viaje barato que llega rápido con un esfuerzo mínimo por parte del cliente salva vidas y mantiene a los conductores peligrosos fuera de la calle. De nuevo, esto parece ser una meta que los progresistas debieran apoyar.

Es sólo que parece extraño que los progresistas que lamentan el advenimiento del Hombre Unidimensional o la “McDonaldización” de América objetarían a las innovaciones que proveen a más gente arreglos laborales más flexibles que les dan más control sobre su capital y las condiciones de su trabajo.

Parece extraño que ellos objetarían un servicio que disminuye el costo del transporte para la gente con medios limitados y permite a gente joven sobrevivir en ciudades grandes sin tener un auto propio.

Progresistas = Conservadores

Tal vez esto sólo se trata del miedo al cambio sin control que Hayek vio en el corazón de lo que él llamó conservadurismo. Ciertamente parece como si las objeciones “progresistas” a Uber reflejaran una nostalgia por la economía de los 1950s que es un paralelo de la nostalgia conservadora por la vida familiar de esa misma época.

Y al final, el miedo a Uber sugiere que algunos progresistas en realidad son conservadores por dentro. El argumento a favor de Uber es el argumento a favor del progreso igualitarista, que está basado en una disposición a dar la bienvenida al cambio sin control frente a los supuestos progresistas que permanecen diciendo “deténganse” a lo largo de la historia económica.

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Steven Horowitz es el profesor de la cátedra Charles A. Dana de Economía en la Universidad de St. Lawrence y el autor de La Familia Moderna de Hayek: Liberalismo Clásico y la Evolución de las Instituciones Sociales.

 

Traducción: Dusan Vilicic Held
Texto original: https://fee.org/articles/uber-is-progress-so-why-aren-t-progressives-on-board/

Mucho Bellolio y demasiada retórica barata

Hace algunos días, Cristóbal Bellolio publicó una columna titulada “Mucho Hayek y poco Rawls”. En ella trata de reivindicar al liberalismo igualitario como la verdadera corriente liberal, a John Rawls como uno de sus grandes exponentes, a la vez de no decir en ningún momento porqué hay “mucho Hayek”.

Comienza con una introducción engañosamente conciliadora, pero luego cae en retórica barata al tratar a Hayek de “viejo” (anticuado) y a Rawls de “bueno”. Al decir que Hayek es “anticuado”, tácitamente dice que Rawls es moderno, actual. Y al decir que Rawls es “bueno”, también de forma tácita dice que Hayek es malo. Con esto ya parte mal, no sólo porque es retórica barata, sino porque además ya está contradiciendo al menos en espíritu su actitud hasta el momento, que aparecía conciliadora. Bastante artero me parece eso.

Luego, habla de justicia como imparcialidad. Disculpen, pero… ¿justicia como imparcialidad? Eso no tiene ni piés ni cabeza. Justicia es justicia e imparcialidad es imparcialidad, son dos cosas diferentes. “A cada quién lo suyo”, se acerca más a “justicia”. La imparcialidad sólo tiene relación con la justicia en el contexto de un juicio, donde el juez debe ser lo más imparcial posible, pero más allá de eso, no tiene ningún sentido relacionar ambos conceptos. Pero la idea de forzar esta equivalencia se explica luego con el “experimento” del velo de la ignorancia. Esto no es más que un ejercicio de racionalización de que la envidia y la codicia son justificación suficiente para robar, lisa y llanamente. Y bueno, acá se muestra también uno de los motivos de porqué la idea de “igualdad de oportunidades” es una idea tan perversa en mi opinión.

Hacia el final, Bellolio ignora al liberalismo libertario cuando afirma que el liberalismo justifica el ejercicio del poder político. A pesar de haber empezado hablando de la “gran familia liberal” y tratar de hacer pasar socialdemocracia y socialismo por liberalismo, tiene luego el descaro de dejar fuera al liberalismo libertario, que no acepta el ejercicio del poder político, pues implica agresión, robo y esclavitud.

Es clara su intención: desvirtuar el concepto de “liberalismo” y convertirlo en lo que se entiende por eso en el mundo anglosajón, es decir, un sinónimo de socialismo socialdemócrata. En mi opinión, Bellolio y su tipo son un virus a eliminar. El socialismo no cabe dentro de la “gran familia liberal”.

La inanición del socialismo

Una de las conclusiones a que llega el pensamiento de la escuela de la Public Choice es que la gente de una organización que atiende a un problema tiene un fuerte incentivo a perpetuar el problema de forma de no perder su fuente de ingresos. Un ejemplo popular es que los médicos tienen un incentivo fuerte a intentar que la gente se enferme, porque así tienen más pacientes (clientes).

Este incentivo, en un mercado libre, está más que contrapesado por la libre competencia, donde aquellos médicos que de hecho tratan de hacer que la gente se enferme tienen una fuerte tendencia a perder clientes hasta quedar fuera del mercado. Otros ejemplos pueden incluir al estado y el crimen (entre más crimen, más pueden alegar los funcionarios estatales que necesitan más recursos) y el caso que me interesa: las organizaciones que “defienden los derechos de las clases proletarias”, como la Unión Clasista de Trabajadores y las corrientes socialistas

Hoy las clases o castas sociales básicamente ya no existen, pues para que haya tal cosa prácticamente no debe haber movilidad entre castas, sobre todo hacia arriba, ya que una de las características principales de las clases o castas sociales es la inmovilidad de sus miembros[1]. Por otro lado, la pobreza absoluta que fue el caldo de cultivo del socialismo ha dejado de existir. En ningún país donde ha habido capitalismo real (baja presión fiscal y regulatoria, respeto a la propiedad privada, poco proteccionismo) por unos 20 años hay necesidad de trabajo infantil ni pobreza extrema generalizada, que ya fue superada.

Esto significa que básicamente este tipo de organizaciones y corrientes está quedando obsoletas, están perdiendo su razón de ser. Sin pobres ni clases sociales inmóviles, no hay sustento real para el socialismo. Por este motivo es que los socialistas que van quedando están empecinados en multiplicar los pobres, y hacerlos lo más miserables posible. En palabras de Jorge Giordani, Ministro de Planificación de Chávez y Maduro: “El piso político nos lo da la gente pobre: ellos son los que votan por nosotros, por eso el discurso de la defensa de los pobres. Así que, los pobres tendrán que seguir siendo pobres, los necesitamos así”[2].

Lo lamentable del caso es que el contrapeso de la libre competencia no aplica al estado, pues es éste un monopolista, no tiene competencia que lo desbanque cuando produce malos resultados. Por esto, cuando los socialistas llegan al poder pueden efectivamente llevar a cabo su destructiva labor de empobrecimiento y pauperización masiva. Ya que la profecía de Marx de la pauperización en el capitalismo no se cumplió, los socialistas están fabricando su propia pauperización artificial.

Y aún peor es que a la vez le echan la culpa a la libertad, o más precisamente al “neoliberalismo”, siendo que ese término, al ser analizado en su uso, identifica las políticas que han llevado a cabo los socialistas mismos. Es decir, los socialistas hacen política “neoliberal”, pero ellos no se dicen neoliberales, según ellos los neoliberales son los liberales. De esta forma le echan la culpa de esta pauperización artificial a lo que en realidad prácticamente la hizo desaparecer.

Claramente necesitamos combatir el socialismo con todas nuestras fuerzas, ya que de lograrlo, es muy probable que en un par de generaciones éste llegara a desaparecer por simple inanición. Sin pobreza, su principal fuente vital, el socialismo quedaría obsoleto y superado, falleciendo de forma natural.

[1] Estratificación y movilidad social en Chile: entre la adscripción y el logro, CEPAL, Florencia Torche, Guillermo Wormald http://books.google.cl/books?id=0VeBk-TV0joC&lpg=PP1&pg=PA69#v=onepage&q&f=false

[2] Jorge Giordani: “Los pobres tendrán que seguir siendo pobres, los necesitamos así”, DolarToday, Mar 24, 2013 https://dolartoday.com/jorge-giordani-los-pobres-tendran-que-seguir-siendo-pobres-los-necesitamos-asi/

Extremismo

A menudo me encuentro con personas que me dicen que el liberalismo es extremista. Se espantan más aún cuando conocen mis convicciones anarquistas. Me dicen que “los extremos son malos” como si esto fuera un axioma de la naturaleza. Y luego identifican al liberalismo y al anarquismo como “extremos”. Y allí está el problema, la gente hoy está convencida de que la libertad es algo extremo y por ende malo, mientras que el estatismo en el que han vivido toda la vida no lo es.

Esto me parece bastante injusto, porque a mi juicio, lo más extremo es agredir a otra persona. Iniciar una guerra es irse al extremo. En una disputa entre personas, lo más extremo es recurrir a la violencia. Es extremo recurrir al robo para obtener bienes. Creo que casi todos están de acuerdo conmigo en eso.

A mi me parece que hay varias cosas que son consecuencia lógica de eso. Es extremo que alguien fuerce a otra persona a hacer o no hacer algo con lo que le pertenece “por su propio bien”, o “por el bien de la sociedad.” Me parece extremo que alguien no pueda libremente contratar los servicios de otro, a menos que sea cumpliendo infinitos requerimientos que ninguna de las dos partes realmente quieren cumplir. Me parece extremo que la gente no pueda disponer libremente de sus ahorros, sino que tengan que hacer con ellos lo que un grupo de políticos decide, ya sea ponerlos en sus manos o en las de otros. Me parece extremo que uno no pueda decidir cómo educar a sus hijos. Me parece extremo que la gente no sea libre para emigrar, a menos que un grupo de políticos le de permiso (un pasaporte). Me parece extremo que se prohíba o ponga trabas a la gente que quiere intercambiar bienes cuando ambos residen en países diferentes. Me parece extremo que esté prohibido ser dueño de un lago o de una superficie de suelo marino. Me parece extremo que se considere que robar es malo, a menos que lo haga el estado. Me parece extremo que se prohíba a la gente comprar drogas, a menos que sea tabaco o alcohol. Me parece extremo que la gente considere malo que uno aspire como ideal una sociedad basada en la libertad y en que las interacciones entre personas sean voluntarias.

Como bien dijo un amigo “quienes dicen que los extremos son malos, les gusta a ellos definir cuales son esos extremos.” El verdadero extremismo no es la libertad, es el estatismo, es justificar que los funcionarios estatales, según reglas creadas por ellos mismos, agredan impunemente a la gente, le sustraigan sus pertenencias, su libertad, su vida. Mientras esta mala concepción de “extremo” siga siendo la que domina en la sociedad, estaremos condenados a vivir en un mundo estatista y expropiatorio, donde la pobreza y la injusticia son problemas crónicos. Sólo cuando la gente entienda que lo extremo es restringir la libertad de la gente y justificar la agresión, podremos comenzar a avanzar a una solución real a esos problemas.