[Traducción] Uber es progreso, ¿Por qué no lo apoyan los progresistas?

Algunos progresistas en realidad son conservadores por dentro

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Steven Horwitz
Lunes 13 de Junio del 2016

He alabado a Uber con anterioridad. Para mí, si la posibilidad de usar Uber está disponible, casi siempre la preferiré por sobre un taxi tradicional. Ser cliente de Uber da apoyo a individuos emprendedores en vez de a empresas de taxis que a menudo son franquicias de monopolio o beneficiarios de otras formas de capitalismo de amigos.

Así que siempre me sorprende cuando algunos de mis amigos igualitarios/progresistas miran con desprecio a Uber y a otras innovaciones similares. Mi intuición es que la gente de izquierda se pondría de lado de los “pequeños” contra los empleadores corporativos y monopolios locales de las empresas de taxis (o grandes cadenas hoteleras en el caso de AirBnB). Y algunos lo hacen. Pero otros no, y vale la pena pensar sobre cómo podríamos hacer el argumento progresista a favor de Uber para ellos.

Seamos claros sobre de lo que realmente se tratan Uber, Lyft, AirBnB, y el resto de la llamada “economía del compartir”. Pensar en términos de “compartir” en realidad no es la mejor forma de ver la naturaleza de su innovación. De lo que realmente se trata es de usar tecnología para reducir de forma dramática los costos de transacción de hacer un uso más eficiente de recursos ociosos.

Los malos viejos tiempos

Tienes una habitación libre en tu casa. Antes de los smartphones, GPS, y la internet, habría sido muy difícil encontrar gente que tuviera una demanda por ese espacio en el momento en que estaba disponible. También necesitabas alguna forma de mostrar confiabilidad. A pesar de eso podrías haber arrendado la habitación por días o semanas a la vez, pero los costos de hacerlo funcionar habrían sido enormes.

Lo mismo es cierto de Uber y Lyft. Después de todo, los jitneys han existido por décadas, y Uber y Lyft son sólo una nueva vuelta de tuerca sobre esa vieja idea. Pero en vez de tener puntos de recogida fijos y de esperar a que pase un jitney disponible y de saber poco sobre el conductor, Uber y Lyft reducen dramáticamente todos esos costos de transacción. Ellos usan una plataforma de software para coordinar a oferentes y demandantes. La economía del “compartir” en realidad sólo es el siguiente gran paso en lo que es la verdadera historia del progreso económico: la continua reducción de costos de transacción a lo largo de toda la economía.

¿Cuál es la queja?

¿Pero qué debería hacer que estas innovaciones sean particularmente atractivas para la izquierda? Una de las características más importantes de Uber, por ejemplo, es que los conductores son propietarios de su capital y establecen sus propios horarios de trabajo y, en su mayoría, las condiciones laborales. Uber simplemente permite que personas con su propio capital lo pongan a trabajar a través de conectarlos de forma más efectiva con los demandantes de ese servicio.

Por más de un siglo, la izquierda ha argumentado que la falta de control de los trabajadores sobre el capital y sobre sus condiciones laborales permitió que fueran explotados por propietarios y jefes. La lógica progresista típica a favor de los sindicatos está unida a esta crítica. Pero Uber provee una solución a esta situación. Los conductores Uber son propietarios de su propio capital (el automóvil) y pueden determinar qué tan seguido trabajan y qué viajes quieren proveer.

Algunos en la izquierda argumentan que esta misma flexibilidad es un defecto, no una virtud, porque no es un trabajo de tiempo completo y no incluye seguros médicos y cosas similares. La mayoría de conductores Uber, no obstante, te dirán que la flexibilidad es exactamente lo que les gusta de él.

¿Quién trabaja para Uber?

Por ejemplo, dos de mis conductores recientemente en Portland lo estaban haciendo para complementar sus ingresos por diversos motivos. En un caso, él estaba a punto de tomar el  examen de abogacía y conducía para generar algún ingreso para obtener una oficina para iniciar su práctica jurídica.

El otro conductor era un administrador en un restaurante de comida rápida y conducía part-time para ahorrar para una casa. Cuando le pregunté sobre la flexibilidad, dijo “por ejemplo esta mañana: mi señora aún estaba durmiendo, así que ¿porqué no salir en el auto y ganar unos cuantos dólares extra?” Su flexibilidad también va en beneficio de gente como yo, que necesitaba un viaje a través de Portland para encontrarme con un amigo para un desayuno tardío.

En mi experiencia, casi ninguno de los conductores Uber que conocí lo estaban haciendo a tiempo completo. Todos tenían otros empleos y esto era una fuente de ingresos secundaria para mejorar sus vidas. ¿Por qué no es noble de nuestra parte ser clientes de Uber y apoyar el abogado recién egresado o al matrimonio joven que intenta comprar su primera casa?

En otras ciudades, el grueso de conductores Uber son inmigrantes recientes. Mientras que mis conductores en Portland e Indianápolis han sido casi todos hombres y mujeres jóvenes blancos, mis conductores Uber en Washington, DC han sido casi todos inmigrantes de color.

¿No hace que usar Uber sea aún más consistente con las metas progresistas si estamos apoyando la subsistencia de inmigrantes emprendedores que han venido a los EEUU a tener una mejor vida, y tal vez remitir algunos de esos fondos de vuelta a casa?

Para algunos de esos conductores Uber que son inmigrantes, conducir es probablemente su principal fuente de ingreso. ¿Vamos a negarles ese ingreso porque conducir en Uber es visto como menos que perfecto en comparación con los trabajos de la vieja economía? ¿Deberíamos dejar de usar Uber y hacer menos probable que vengan inmigrantes, dejándolos en una mayor pobreza en sus países de origen?

Si la mejora de las vidas de los pobres del mundo es una meta progresista, entonces usar Uber (sin mencionar comprar ropa de “sweatshops”) están entre las cosas más morales que podemos hacer.

¿Qué pasa con la seguridad?

Algunas personas están preocupadas de que Uber puede ser más peligroso que los taxis. Los datos no parecen soportar esto, y un estudio reciente muestra que la entrada de Uber a una ciudad reduce el número de arrestos por conducción bajo la influencia del alcohol y de muertes. No sólo los conductores Uber no son más propensos a cometer crímenes que los conductores de taxi, la disponibilidad de un viaje barato que llega rápido con un esfuerzo mínimo por parte del cliente salva vidas y mantiene a los conductores peligrosos fuera de la calle. De nuevo, esto parece ser una meta que los progresistas debieran apoyar.

Es sólo que parece extraño que los progresistas que lamentan el advenimiento del Hombre Unidimensional o la “McDonaldización” de América objetarían a las innovaciones que proveen a más gente arreglos laborales más flexibles que les dan más control sobre su capital y las condiciones de su trabajo.

Parece extraño que ellos objetarían un servicio que disminuye el costo del transporte para la gente con medios limitados y permite a gente joven sobrevivir en ciudades grandes sin tener un auto propio.

Progresistas = Conservadores

Tal vez esto sólo se trata del miedo al cambio sin control que Hayek vio en el corazón de lo que él llamó conservadurismo. Ciertamente parece como si las objeciones “progresistas” a Uber reflejaran una nostalgia por la economía de los 1950s que es un paralelo de la nostalgia conservadora por la vida familiar de esa misma época.

Y al final, el miedo a Uber sugiere que algunos progresistas en realidad son conservadores por dentro. El argumento a favor de Uber es el argumento a favor del progreso igualitarista, que está basado en una disposición a dar la bienvenida al cambio sin control frente a los supuestos progresistas que permanecen diciendo “deténganse” a lo largo de la historia económica.


20150410_1sh2012insidehiresSteven Horwitz

Steven Horwitz es el profesor de la cátedra Charles A. Dana de Economía en la Universidad de St. Lawrence y el autor de La Familia Moderna de Hayek: Liberalismo Clásico y la Evolución de las Instituciones Sociales.


Traducido al español por Dusan Vilicic Held. Artículo original publicado en FEE.org. Si quieres apoyar mi trabajo puedes hacerlo donando acá.

Translated to Spanish by Dusan Vilicic Held. Original article published on FEE.org. If you want to support my work you can do it by donating here.

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[Traducción] El miedo al individualismo

Los ataques contra el individualismo distorsionan groseramente lo que realmente es

Tibor R. Machan
01/07/1993

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Tibor Machan Es profesor de filosofía. Escapó de la Hungría Comunista en 1953 y vive en los Estados Unidos desde 1956.

Uno de los regalos de los regalos más importantes que los Estados Unidos le han dado al mundo es la filosofía política del individualismo. El principio central de esta idea es que cada ser humano es importante, especialmente desde el punto de vista de la ley y la política, como un individuo soberano, que no vive por permiso del Gobierno o algún amo o señor. Esa es la idea básica sobre la que se apoyan no sólo el proceso democrático, la Primera Enmienda de la Constitución de los EEUU, y las varias prohibiciones que tiene el Gobierno respecto de cómo tratar a la ciudadanía, sino que también el sistema económico de mercado libre.

Individualismo y Capitalismo

El sistema de mercado libre o capitalismo está fundado en la doctrina de que cada persona tiene un derecho básico a la propiedad privada sobre su trabajo y lo que esa persona crea y gana libre y honestamente. La idea económica del comercio libre -en trabajo, habilidad, bienes, servicios, etcétera- descansa de lleno en el individualismo. Nadie es el amo o sirviente de nadie más. No está permitida ninguna servidumbre involuntaria excepto como castigo por un crimen. De esta forma todos tienen el derecho básico a comerciar libremente – así como a llevar a cabo cualquier otra clase de acción pacífica, incluso cuando su decisión particular puede no ser la más sabia o incluso moralmente ejemplar.

En una sociedad individualista la ley defiende la idea de que todos son libres para elegir asociarse con otros bajo sus propios términos – sea por motivos económicos, artísticos, religiosos románticos. No que todas las decisiones que la gente tomará serán buenas. No que los individuos son infalibles. No que ellos no pueden abusar de su libertad. Todo ello es obvio. Pero nada de eso justifica hacer que otros sean sus amos, por muy inteligentes que esos otros puedan ser. Citando a Abraham Lincoln, “ningún hombre es suficientemente bueno para gobernar a otro hombre sin el consentimiento de ese otro”.

Pero hoy la filosofía política bajo más severo ataque en muchos círculos intelectuales es el individualismo. Desde sobrantes marxistas a comunitaristas recién emergidos, y hasta pragmáticos democráticos en los campos de economía política, sociología y filosofía – todos están difamando al individualismo. toma fuerza hace varios años con la publicación del libro de Robert N. Bellah llamado Hábitos del Corazón: Individualismo y compromiso en la vida americana, y continúa con innumerables esfuerzos relacionados, incluyendo el lanzamiento del periódico La Comunidad Sensible y la publicación de un nuevo libro por parte de Bellah, La Sociedad Buena, como también el libro recién publicado de Amitai Etzioni llamado El Espíritu de Comunidad.

Estos y muchos otros esfuerzos constituyen un ataque concertado contra el individuo y sus derechos. Tal vez predeciblemente, los esfuerzos incluyen groseras distorsiones de lo que el individualismo realmente es. Supuestamente incentiva la deslealtad a la familia, amigos y país. Supuestamente es hedonista e inculca sentimientos antisociales en la gente. Presuntamente es puramente materialista, vacío de cualquier valor espiritual y cultural.

Pero tal distorsión es acompañada de un enfoque selectivo en un área muy limitada de la filosofía individualista, empleada principalmente en el análisis económico técnico y que meramente sirve como modelo con el cual comprender eventos estrictamente comerciales en economías de mercado libre. Una concepción exclusivamente económica del individuo humano es ciertamente estéril – trata a todos como nada más que un cúmulo de deseos. Pero esto no es muy diferente de la forma en que la ciencia emplea modelos, tomando una idea muy simple para comprender un área muy limitada del mundo.

Individualismo, Verdadero versus Falso

Los anti individualistas no ven al individualismo como fue desarrollado por pensadores como Frank Chodorov, F.A. Hayek, o Ayn Rand, menos aún por algunos de sus estudiantes contemporáneos que están desarrollando estas ideas y mostrando qué tan vibrante pueden ser un sistema político y una cultura cuando los seres humanos son comprendidos como individuos. El poder creativo de los seres humanos debiera dejar claro que su individualidad es innegable, crucial para cada faceta de la vida humana, buena o mala. Aún así, esta individualidad esencial de cada persona de ningún modo quita el vital rol que cumplen para ellos las diversas afiliaciones sociales; los individuos humanos son seres sociales.

El tipo de comunidad digna de la vida humana está ligado íntimamente al individualismo; una comunidad tal, incluso siendo el contexto más apropiado para la vida humana, debe ser escogida por los individuos que la ocupan. Si esto es editado al forzar a los individuos a participar en comunidades, estas comunidades y no voluntarias no serán comunidades fue genuinas en absoluto. La elección y responsabilidad individuales son esenciales para el florecimiento humano.

De hecho, en los EEUU, donde el individualismo ha florecido más que en cualquier otro lugar, hay millones de diferentes comunidades a las que los individuos pertenecen, a menudo de forma simultánea, y esto es posible porque los individuos tienen su derecho a elegir razonablemente bien protegido. No sólo es que todos los individuos se unen a un amplio abanico de comunidades -familia, iglesia, profesión, clubes, asociaciones civiles y partidos políticos- sino que hay enfoques inmensamente distintos sobre cómo vivir que también atraen alrededor de ellos a grandes segmentos de la población que se unen libremente, sin ninguna coerción ni regimentación. Pero en vez de apreciar la robusta naturaleza del individualismo, incluyendo su apoyo a la forma más saludable de comunitarismo, sus oponentes están intentando desacreditarlo en cualquier forma que pueden. ¿Por qué?

Bien, algunos de sus motivos pueden ser suficientemente decentes – algunos pueden de hecho temer el impacto de un individualismo económico estrecho y por ende quejarse contra todo individualismo. Pero a veces sus motivaciones no se pueden entender como nada más que un hambre por poder sobre las vidas de otra gente. Si no fuera así ¿por qué ignoran estos críticos a versiones perfectamente razonables del individualismo e insisten en las caricaturas? Una y otra vez invocan la caricatura incluso cuando otras versiones bien desarrolladas están disponibles.

Algo como esto parece ser la mejor explicación para desear destruir el descubrimiento estadounidense más significativo, específicamente la vital contribución de la individualidad a la cultura humana ¿Por qué serían lanzados tales ataques si no es para reintroducir la subyugación, la servidumbre involuntaria, y la denigración de individuos como individuos a favor de alguna élite?

Sin duda aquellos que claman por poder racionalizan sus acciones con la idea de ciertos objetivos dignos: ellos desean una comunidad cooperativa, armoniosa y mutuamente enriquecedora. A menudo creen que los individuos son peligrosos como individuos, pero son maravillosos como miembros de una comunidad. Como la autor rusa Tatyana Tolstaya observa en una edición reciente de La Nueva República:

Tomados individualmente, en suma, no todos son buenos. Tal vez esto es verdad, pero entonces ¿cómo lograron todas estas alimañas constituir un buen pueblo? La respuesta es que “el pueblo” no está “constituido de”. De acuerdo a [los colectivistas] “el pueblo” es un organismo viviente, no una “mera conglomeración mecánica de individuos dispares”. Esto, por supuesto, es el viejo e inevitable truco del pensamiento totalitario: “el pueblo” es postulado como unificado y entero en su multiplicidad. Es una esfera, un enjambre, un hormiguero, un panal, un cuerpo. Y un cuerpo debiera aspirar a la perfección; todo en él debe ser suave, elegante y armonioso. Cada órgano debiera tener su lugar y función: el corazón y el cerebro son más importantes que las uñas y el pelo, y así sucesivamente. Si tu ojo te tienta, entonces arráncalo y deséchalo; amputa los miembros enfermos, pon freno a esas extremidades que no van a obedecer, y fortifica tu espíritu con abstinencia y oración.

Es por eso que ellos debieran estar en el poder: Ellos son la cabeza del organismo, de la comunidad; ellos saben lo que es bueno; y ellos debieran estar tomando las decisiones sobre quién continúa siendo parte de él y quién debe ser descartado.

Los miembros de la sociedad de hecho tienen diferentes roles; los economistas hablan convincentemente de los beneficios de la división del trabajo. Los errores de los colectivistas son (1) su presunción de que saben mejor que los individuos involucrados cuáles miembros de la sociedad son menos importantes, y (2) que ellos tienen el derecho a eliminar a esos miembros. Pero los individuos son fines en sí mismos, no animales a ser sacrificados en el altar del Estado colectivista.


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Tibor R. Machan es un Profesor Emérito en el Departamento de Filosofía de la Universidad de Auburn y previamente tuvo la Cátedra R. C. Hoiles de Ética Comercial y Libre Empresa en la Escuela Argyros de Negocios y Economía en la Universidad de Chapman.


Traducido al español por Dusan Vilicic Held. Artículo original publicado en FEE.org. Si quieres apoyar mi trabajo puedes hacerlo donando acá.

Translated to Spanish by Dusan Vilicic Held. Original article published on FEE.org. If you want to support my work you can do it by donating here.

[Traducción] Los libertarios siempre han llevado la delantera en el tema matrimonial

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El líder del Partido Libertario, David Boaz, dice que su partido apoyó la igualdad de matrimonio -y derechos completos para gays y lesbianas- mucho antes que Barack Obama y Hillary Clinton.

Por David Boaz
25 de junio del 2015

Mientras la Corte Suprema se prepara para un juicio histórico, la mayor parte del país ahora apoya el matrimonio gay. Los libertarios lo hicieron primero. De hecho John Podesta, uno de los principales asesores de Bill Clinton, Barack Obama y Hillary Clinton, y fundador del Centro por el Progreso Americano, comentó el 2011 que probablemente debías haber sido un libertario para haber apoyado el matrimonio gay 15 años antes.

Hace sólo 7 años, en la campaña presidencial del 2008, tanto Barack Obama, Joe Biden, como Hillary Clinton se oponían al matrimonio gay. El Partido Libertario apoyaba los derechos de los gays con su primera plataforma en 1972- el mismo año que el nominado a vicepresidente por el Partido Demócrata se refirió a “maricones” en un discurso en Chicago. En 1976 el Partido Libertario emitió un panfleto llamando al fin de las leyes anti-gay apoyando completos derechos  matrimoniales.

Eso no es una sorpresa, por supuesto. Los libertarios creen en los derechos individuales para todos, igualdad ante la ley. Por supuesto que reconocieron los derechos de los gays antes que lo hicieran los socialistas, conservadores, o los “liberales igualitarios”.

La Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América promete a los americanos vida, libertad y la persecución de la felicidad. Por supuesto, no todos disfrutaron esos derechos al principio. Pero eventualmente esas ideas enraizaron y llevaron a la abolición de la esclavitud y luego a los derechos civiles y los derechos de las mujeres. Tomó aún más tiempo para que la gente se tomara en serio la idea de la actividad homosexual como un asunto de libertad personal y reconocer a los gays y lesbianas como un grupo merecedor de derechos.

Fueron los liberales clásicos, los ancestros de los libertarios, quienes primero llegaron a esa conclusión. Desde Montesquieu y Adam Smith en el siglo 18, al economista ganador del premio Nobel F.A. Hayek en 1960, Fueron los libertarios quienes insistieron en que (en palabras de Hayek) “las prácticas privadas entre adultos, por muy aberrantes que puedan ser para la mayoría, no son un sujeto apropiado para la acción coercitiva para un Estado cuyo objeto es minimizar la coerción”.

Los historiadores han usualmente notado el peligro general que representa para las minorías un gobierno poderoso y expansivo. En su libro Cristiandad, Tolerancia Social, y Homosexualidad, el historiador de Yale, John Boswell, escribió que “las personas gay estaban de hecho más seguras bajo la República [Romana], antes de que el Estado tuviera la autoridad o medios para controlar aspectos de las vidas privadas de la ciudadanía. Cualquier Gobierno con el poder, deseo, medios para controlar asuntos individuales tales como la creencia religiosa podría también regular la sexualidad, y cómo la gente gay parece ser siempre una minoría, la probabilidad de que sus intereses tendrán mucho peso es relativamente escasa”. En Asuntos Íntimos: Una Historia de la Sexualidad en América , John D’Emilio y Estelle Freedman notaron que un creciente compromiso con la libertad en los Estados Unidos del siglo 18  desencadenó “un declive promedio en la regulación estatal de la moralidad y una transición en las preocupaciones de las transgresiones morales privadas a las públicas”.

A pesar de la amplia influencia del liberalismo en el mundo, los gobiernos han continuado  interfiriendo en la sexualidad. Las relaciones homosexuales eran ilegales en casi todos los Estados estadounidenses, hasta fechas tan recientes como los 60s, y 13 Estados aún tenían tales leyes en los libros hasta que la Corte Suprema las derogó el 2003. Cuando estas leyes eran vigorosamente hechas cumplir,  empujaron a los gays a la clandestinidad y crearon mucha miseria. Los gays y lesbianas no podían ser abiertos sobre sus vidas. Si lo eran, arriesgan ser despedidos, ser expulsados de sus casas, e incluso ser golpeados o asesinados. Una vez que los gay se manifestaron a favor de sus derechos, las actitudes sociales comenzaron a cambiar y los Gobiernos dejaron de hacer cumplir las leyes. Aún así, hasta la sentencia de la Corte, las leyes de sodomía aún eran usadas, por ejemplo, para negar a los padres gay la custodia de sus hijos.

Hoy, los libertarios creen, como John Stuart Mill famosamente escribió, que “sobre si mismo, sobre su propio cuerpo y mente, el individuo es soberano”. Eso se aplica a la gente gay y a todo el resto. Por lo tanto los libertarios continúan oponiéndose a leyes que criminalizan cualquier actividad sexual consensuada entre adultos, en los EEUU y cualquier otro lugar.

Muchos libertarios argumentan a favor de la privatización completa del matrimonio, haciendo de él un asunto de contrato individual y -para aquellos que lo quieran- una ceremonia religiosa, removiendo así cualquier necesidad por un reconocimiento estatal de los matrimonios. Mientras el matrimonio sea una licencia estatal, empero, las parejas del mismo sexo tienen derecho a los mismos derechos legales. La misma regla aplica a otros programas gubernamentales, desde leyes impositivas, a Seguridad Social, a adopción. Los libertarios desearían sacar al Gobierno de la mayoría o todas las áreas, pero mientras el Gobierno esté inmiscuido, debe tratar a los ciudadanos de igual manera. La Corte Suprema podría pronto estar de acuerdo.


David Boaz es vicepresidente ejecutivo del Instituto Cato y autor de La Mente Libertaria, publicado por Simon & Schuster.


Traducido al español por Dusan Vilicic Held. Artículo original publicado en Advocate. Si quieres apoyar mi trabajo puedes hacerlo donando acá.

Translated to Spanish by Dusan Vilicic Held. Original article published on Advocate. If you want to support my work you can do it by donating here.