¿Es liberal un impuesto a las herencias?

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La respuesta debería ser obvia: los impuestos son, en el fondo, robo, por lo que obviamente un impuesto a la herencia no puede ser liberal. Pero persisten en el mundo personas que tratan de cuadrar el círculo. El último caso con el que me he topado es el de la revista británica The Economist, cuyo último número incluye una columna que defiende ese impuesto.

La columna parte mencionando datos irrelevantes pero interesantes sobre lo ínfima que es la recaudación fiscal (yo le diría robo) para los presupuestos estatales de países de la OECD por concepto del susodicho impuesto. Estos datos sólo sirven para dejar en claro que este impuesto no puede tener fines recaudatorios.

Lo interesante de la columna comienza cuando el autor menciona que oponerse al impuesto a las herencias contrapondría dos “valores liberales”:

Uno es que los Gobiernos no deben impedir que la gente disponga de su riqueza como mejor les parezca. El otro es que una élite permanente y hereditaria hace que la sociedad sea poco saludable e injusta. ¿Cómo elegir entre ellos?

Acá ya se puede decir algo al respecto. El primer principio es correcto, pero el segundo no es un  “principio liberal”, o al menos no como se lo enuncia en la columna. Si se estuviera hablando de élites políticas, podría tener algo de sentido la afirmación, pero no es el caso. Acá el autor habla de las llamadas “élites económicas”. Y estas no suelen ser hereditarias. La gran mayoría de personas que podrían caer en tal categoría son “ricos de primera o segunda generación”. Es decir, o crearon su propia riqueza, o son hijos directos de quienes la generaron. Es muy raro ver a una persona de la “élite económica” que sea de “tercera generación”, habiendo heredado esta riqueza de segunda mano, más raro aún para la cuarta y sucesivas generaciones. La gran mayoría de lo que podríamos llamar “élites hereditarias” son élites políticas, no “económicas”, y son éstas las que un liberal podría considerar dañinas.

En un mercado libre (con poca o nula intervención estatal) una persona sólo se mantiene en una “élite económica” mientras esté administrando su propiedad de forma más rentable y eficiente que el resto. Si el heredero no gestiona bien la riqueza heredada, la irá perdiendo. Esto es algo que de hecho sucede bastante seguido incluso en los mercados altamente intervenidos de hoy en día. Sería entonces innecesario e incluso contraproducente confiscar la propiedad que quien fallece lega a otras personas.

The Economist luego continúa justificando:

El argumento positivo para altos impuestos a las herencias es que promueven justicia e igualdad. Los herederos rara vez han hecho algo para merecer el dinero que reciben. Los liberales, desde John Stuart Mill a Theodore Roosevelt, pensaban que eso necesitaba ser corregido. Roosevelt, quién advirtió que dejar que enormes fortunas pasen de generación en generación era “en gran y genuino detrimento a la comunidad en general”, estaría pasmado con la situación actual.

En este párrafo hay muchas cosas cuestionables. Primero que nada, es risible en concepto de “justicia” que se deja entrever acá. El autor dice, básicamente que si una persona quiere darle algo a la otra, no sólo debe la primera “merecer” lo que va a dar, sino que la segunda tiene que de algún modo demostrar también merecimiento. Tal idea abre la puerta a toda clase de totalitarismo, pues para hacer cumplir esta idea (bastante estúpida, especialmente para un empleado de The Economist) haría falta fiscalizar cada transacción. Cada regalo navideño tendría que ser vetado por alguna burocracia (seguramente Estatal), teniendo que fundamentarse en cada caso el “merecimiento” de ambas partes en la transferencia. Puedo imaginar al autor diciendo “eso no es lo que yo propongo”, pero la realidad es que la extensión de esta fiscalización sería completamente arbitraria. No hay justificación objetiva para limitar esto sólo a las herencias o a ciertas transacciones en particular, por lo que corresponde llevar esta idea a su conclusión lógica y mostrar así lo absurda que es. Es más, para un liberal, una transacción es justa en función de los medios, no de “merecimientos” o fines. Si la persona obtuvo la propiedad (dinero, algún otro objeto, un terreno, acciones, etc.) de forma legítima (no hubo robo, estafa, extorsión, etc.), entonces la transacción es justa, punto. Los merecimientos son consideraciones que quedan fuera de la ética liberal.

Segundo, la igualdad material no es parte de la ética liberal, por lo que no tiene lugar en el argumento. alguno que otro podrá acá tratar de introducir los débiles argumentos de Rawls, pero de partida él no era liberal, por lo que de todos modos no cuenta.

Tercero, ni Mill, ni mucho menos Roosevelt se pueden considerar como liberales. El primero porque era utilitarista, es decir, no poseía principios, sino que más bien su ética se reducía a “maximizar la utilidad de la sociedad”, sin preocuparse en lo más mínimo de derechos o libertades más que como herramientas para lograr ese vago objetivo. El segundo fue uno de los primeros presidentes progresistas y, por lo tanto, para nada liberales. Roosevelt perfeccionó el “arte” de gobernar por decreto en los EEUU. Era un autoritario de corazón, un gran jingoísta que creía que a los EEUU les faltaba, y parafraseo, “una buena guerra para hacerse machos, porque sin derramamiento de sangre un país se vuelve afeminado”. Sobre la situación actual, me parece que estaría encantado con todas las guerras no declaradas en que está metido en Gobierno Federal de los EEUU. Guerra contra las drogas, guerra contra “el terrorismo”, bases militares en todo el mundo, derrocaciones no provocadas de líderes extranjeros cada puñado de años, operaciones encubiertas de todo tipo en medio mundo… yo creo que se sentiría orgulloso de su legado. Pero de liberal no tenía un hueso. Ninguno de los dos. Su defensa de estas figuras nos da una buena pista de la ética a la que adscribe The Economist, por cierto. Si tuviera que resumirlo en un nombre, diría que en esa revista adoran a Hillary Clinton.

Los flujos anuales de herencias en Francia se han triplicado como proporción del PIB desde los 1950s.

¿No se les habrá ocurrido a la gente de The Economist que la cantidad de patrimonio de la gente en Francia también ha aumentado grandemente en ese tiempo? Si una persona gana sólo suficiente para cubrir sus necesidades básicas, es poco lo que puede dejar en herencia. Pero si aumentan sus ingresos y comienza a poder ahorrar, a adquirir patrimonio (viviendas, vehículos, ahorros, entre otros bienes muebles e inmuebles, etc.) su patrimonio heredable aumenta mucho. La elección de fecha base no parece tomada al azar, aunque les daré el beneficio de la duda. De todos modos, tomar una fecha en que el patrimonio heredable es muy pequeño para la persona común, y compararlo con una fecha en que hasta la gente del decil más pobre logra acumular durante su vida una cantidad significante de patrimonio es como mínimo ser poco honesto y cuidadoso en el uso de las estadísticas.

La mitad de los billonarios de Europa han heredado su riqueza, y sus números parecen estar creciendo.

Es difícil juzgar esta afirmación sin que se fundamente ¿Será que en The Economist no son rigurosos a la hora de fundamentar sus afirmaciones? ¿O será que no les conviene citar su fuente porque esta ha sido refutada? Pueden estarse refiriendo al derechamente pésimo trabajo de Piketty, o pueden estarse refiriendo a cualquier cosa que bien puede tener una explicación que contradice su tesis. Imposible saberlo si no fundamentan. Por ende uno sólo puede asumir que la afirmación es falsa hasta que se demuestre lo contrario.

Sin embargo, en 2017 no está claro cuán decisivo es el papel de la herencia en el afianzamiento de la élite hereditaria.

En este y el siguiente párrafo The Economist curiosamente destruye su propio argumento. Primero parte sugiriendo que se hace necesario confiscar las herencias porque eso crea élites económicas, pero luego dice que no se sabe si eso realmente sucede… pero igual hay que poner el impuesto, supongo que porque a un socialista (light o de cualquiera otra variedad) no le preocupa no tener una justificación real para imponer sus preferencias al resto.

cada impuesto es una intrusión por parte del Estado. Si evitar la doble imposición fuera un requisito de una buena política, entonces los Gobiernos necesitarían abolir los impuestos a las ventas, que se pagan con ingresos ya afectos a impuestos.

Si realmente fueran liberales, les bastaría con ese argumento para concluir de forma lógica que todo impuesto debería ser abolido. Pero claramente no lo son.

De hecho, las personas que están en contra de los impuestos en general debieran ser menos hostiles hacia los impuestos a las herencias que a otros tipos. Por muy poco queridos que sean, son de los menos distorsionadores. A diferencia de los impuestos a la renta, no destruyen el incentivo a trabajar—mientras que estudios sugieren que una persona que hereda una cantidad superior a $150,000 es cuatro veces más propensa a dejar la fuerza laboral que una que hereda menos que $25,000. A diferencia de los impuestos de ganancias de capital, mayores impuestos a las herencias no parecen disuadir el ahorro o la inversión. A diferencia de los impuestos a las ventas, son progresivos. En la medida en que un impuesto a las herencias puede financiar recortes a todos los demás impuestos, el sistema puede ser más eficiente.

Primero que nada, un liberal se opone a los impuestos no por un tema de eficiencia, sino que por principio. Los impuestos son robo, por lo tanto hay que minimizarlos o eliminarlos. Que un impuesto sea más “eficiente” que otro no es factor muy relevante para preferirlo. De hecho, uno podría argumentar que es mejor tener impuestos ineficientes que por su naturaleza minimicen la recaudación estatal y así ayuden a limitar el poder estatal. Un impuesto “eficiente” en general beneficia principalmente al aparato estatal y le posibilita crecer desmedidamente.

Segundo, sobre lo del incentivo a trabajar, lo que lo destruye no son tanto los impuestos (que sí tienen un efecto), como los subsidios, el Estado del Bienestar. Más aún si se combinan ambas cosas. Las personas tratan de sobrevivir. Si se les aumentan los impuestos sin dar subsidios de ningún tipo, lo que sucederá es que mucha gente comenzará a compensar de varias formas por los ingresos perdidos, por ejemplo trabajando “en negro”, o incluso posiblemente trabajando más. El incentivo a trabajar se destruye cuando se crean vías para vivir a costa del resto, como los diversos subsidios que existen en la mayoría de países europeos. Esto de hecho va muy en línea con la afirmación de que quienes heredan grandes sumas (lo cual sería lo mismo que un subsidio estatal para efectos del ejemplo) tienden a dejar de trabajar. Esos estudios lo que deberían hacer es mostrarle a socialistas como la gente de The Economist que el Estado del Bienestar (subsidios a la pobreza, servicios estatales “gratuitos”, etc.) destruye los incentivos a trabajar.

Tercero, lo que observan respecto de que confiscar las herencias no parece reducir el ahorro o la inversión se puede deber a muchas cosas, y a mi me parece que no se debe a que a la gente no le importa que le confisquen lo que le quieren legar a sus familias u otros. De hecho, en un párrafo anterior ya mencionaron una posible explicación: la gente evade esa confiscación de un modo u otro. Si la gente puede evadir el impuesto, entonces el impuesto tendrá poco efecto. ¿De verdad les cuesta tanto pensar a la gente de The Economist? ¿O será que su ideología les compele a mentir sobre o ignorar ciertos hechos?

Cuarto, un liberal se opondría tanto a impuestos progresivos como regresivos. El principio de igualdad ante la ley lo lleva a uno a defender un impuesto igual para todos como el “menos injusto”. Uno podría discrepar en si es preferible una tasa igual o una cantidad absoluta igual, pero se está apuntando a igualdad ante la ley, no a igualdad material, como apuntan en The Economist.

Quinto, hay que ser muy ingenuo para pensar que al imponer un impuesto los políticos van a decidir reducir el resto. Lo que casi siempre sucede es que el nuevo impuesto se crea sin eliminar ni reducir ningún otro preexistente, creando así una nueva fuente de recaudación para aplastar aún más a la explotada sociedad.

El enfoque correcto es lograr un balance entre ambos extremos. La tasa exacta variará de país en país. Pero destacan tres principios de diseño. Primero, apuntar a los ricos; eso significa ponerle impuestos a los herederos en vez de a las propiedades y establecer un límite de exención significativo. Segundo, mantenerlo simple. Cerrar grietas para quienes son atrapados en la red por medio de establecer una tasa plana y dándole a la gente una asignación vitalicia para los legados; establecer una tasa lo suficientemente alta como para que se recauden sumas significativas, pero no tan altas que provoquen evasión en masa. Tercero, con el margen fiscal generado por el aumento del impuesto a las herencias, reducir otros impuestos, reduciendo la carga para la mayoría de las personas.

El enfoque correcto no es “lograr balances”, es hacer lo correcto. Eso significa, como ya dije, una tasa de cero. Cuando alguien dice que lo correcto es buscar un balance, yo reemplazo “impuesto” (robo) con “homicidio” o “violación” y me pregunto si la persona considera que no hay que “irse al extremo” al oponerse al homicidio o las violaciones.

En fin que los principios de diseño propuestos son bastante tontos. En la misma columna el autor demostró porqué no tienen sentido. Enfocarse en los ricos no es efectivo porque, como dice en la columna unos párrafos antes: “la riqueza puede pagar un buen abogado fiscal. … Suecia y otros países con altos impuestos descubrieron que si los Gobierno s imponen una tasa muy alta, los ricos encontrarán formas de evadirla.” El autor parece no tener idea de lo que significa la palabra “coherencia”.

Una “tasa lo suficientemente alta como para que se recauden sumas significativas” si o sí provocaría “evasión en masa”. La única forma de que eso no suceda es no “apuntar a los ricos”, sino que al resto. Ese es el motivo por el cual impuestos como el IVA recaudan tanto. Cualquier economista medio decente entiende que los “impuestos a los ricos” nunca recaudan mucho. La experiencia de los EEUU luego de Hoover y Roosevelt, más las reformas de Reagan, son clara evidencia de ello. Pero como el autor claramente está asumiendo la posición socialista de “robarle a los ricos para darle a los pobres”, es incapaz de admitir lo obvio: su propuesta no produciría resultados ni siquiera lejanamente similares de lo que parece esperar.

El tercer principio es tremendamente ingenuo, como ya dije. Prácticamente no existen políticos que quieran eliminar o reducir ningún impuesto, pero a todos ellos les encantaría la idea de introducir uno nuevo. El resultado en la práctica sería que se crearía un nuevo impuesto (o aumentaría uno preexistente), no se reduciría ninguno, el sistema sería más “ineficiente”, la carga fiscal sería aún mayor que antes, la recaudación no aumentaría mucho, y los más perjudicados al final del día serían los pobres. Sorprendente que una revista de (supuestos) economistas defienda una idea así.

Un sistema impositivo justo y eficiente buscaría incluir impuestos a la herencia, no eliminarlos.

Esa afirmación es tan alejada del liberalismo, que de hecho defiende el tercer punto del manifiesto comunista: “abolición de la herencia”. La columna de hecho defiende el segundo punto del texto de Marx: “impuesto fuertemente progresivo”.

A mí, al menos, me queda claro que la gente de la revista The Economist no es liberal, como dicen ser, sino que son socialistas y estatistas. Su afirmación de ser liberales probablemente tiene que ver con un tema de marketing (sería poco convincente para su público tradicional que se hicieran llamar lo que realmente son), o tal vez simplemente con un tema estratégico, para tratar de confundir lo que es la tradición liberal y así hacer más difícil la tarea de los liberales (de verdad).

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Una respuesta a David Graeber

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Un amigo me pidió mi opinión sobre esta columna publicada en The Guardian, y me pareció interesante responderla. La columna básicamente habla de que el Bank of England (BoE) se ha sincerado respecto de cómo funciona el sistema monetario y bancario, dejando claro que el Banco Central inventa el dinero de la nada. Lo particular de la columna que me interesa abordar son tres temas: primero la afirmación de que no ha habido inflación de precios como consecuencia de la inflación monetaria post-2008; segundo, el efecto desplazamiento, que el columnista dice que no aplica para el caso de financiar gasto estatal con la imprenta de billetes; y tercero, que la austeridad estatal no tiene sentido como consecuencia de esas cosas.

Lo primero entonces es la inflación, y las afirmaciones particulares del columnista son las siguientes:

The central bank can print as much money as it wishes. But it is also careful not to print too much.

In fact, with “quantitative easing” they’ve been effectively pumping as much money as they can into the banks, without producing any inflationary effects.

Ambas afirmaciones son falsas. La primera claramente lo es pues como bien dice en la segunda cita, la Federal Reserve (FR, banco central en los EEUU) ha “bombeado tanto dinero como han podido”. Y obviamente “imprimir todo lo que se pueda” es mucho más que “no imprimir demasiado”, lo que implicaría algún tipo de restricción por parte del emisor. El Banco Central Europeo (BCE) ha llevado una política similar hasta el día de hoy, lo mismo que otros bancos centrales. Llámalo como quieras, pero lo que están haciendo es todo menos “ser cuidadosos de no imprimir demasiados billetes”.

Ahora, respecto de la inflación de precios (que es a lo que se refiere el artículo con “inflación”)  a causa de la inflación monetaria, ha habido bastante, el tema es que no se ha visto reflejada en los indicadores clásicos como el IPC. Esto porque se ha dado en sectores de la economía que no se toman en cuenta al calcular esos indicadores. Por ejemplo se ha visto inflación en la bolsa, en algunos sectores como el inmobiliario (de nuevo, pero en otras áreas), y en otros países. El tema es que la plata que crean los bancos centrales no necesariamente va a parar a los bolsillos de las masas (generalmente no sucede así), sino que va a parar a los bancos, que luego prestan ese dinero a inversionistas o compran bonos estatales, o también se va a países extranjeros que compran dólares (o libras, etc.). Ahí es donde la inflación de precios se está manifestando, en los sectores en los que esa plata nueva va a parar. El caso de la bolsa es bastante obvio y ejemplifica bien el asunto: los precios de acciones han ido subiendo a pesar de que no hay motivos reales de base para ello (las empresas no están produciendo utilidades mayores que antes, ni nada por el estilo). Es decir, sí hay inflación de precios como consecuencia de la inflación monetaria. Y obviamente no se posdía esperar otra cosa. Ben Bernanke triplicó la base monetaria en un par de años, siendo que se había demorado unos 90 años en llegar a ese punto, lo que es un emisionismo inusitado, gigante. La diferencia entre lo que hizo Bernanke y lo que hizo Mugabe en Zimbabwe es que Mugabe le daba la plata a las masas a través de diversos programas estatales, mientras que Bernanke se la dió a banqueros, banqueros centrales extranjeros, e indirectamente a inversores, por lo que obviamente la inflación de precios se manifiesta en sectores diferentes de la economía.

Luego está el tema del efecto desplazamiento que tiene el gasto estatal, y la cita relevante es la que sigue:

there’s no question of public spending “crowding out” private investment. It’s exactly the opposite.

Por supuesto que hay un efecto desplazamiento, independiente de lo que el autor crea, no por nada hay tanto desempleo hoy en día en los EEUU y en Europa (la cifra específica a que hay que poner atención es la “participación laboral” que toma en cuenta tanto a cesantes que buscan empleo, como los que no están buscando empleo). Ese desempleo es en parte causado por eso, combinado con otras políticas y regulaciones estatales. El autor parece creer que el aumento del gasto estatal por medio de emisión de deuda no causaría un efecto desplazamiento, pero obviamente sí lo hace. Los recursos son limitados, no infinitos como parece creer este caballero. Como son limitados, un aumento del gasto estatal significa que el Estado captura una mayor proporción de esos recursos, y por ende desplaza al sector privado. Cada resma de papel, edificio, camión, terreno, etc. que usa el Estado no puede ser usado por el sector privado. El tema es que generalmente se desplaza en el margen inferior de la economía. Con esto me refiero a que los que primero se ven desplazados son los pequeños empresarios, las PyME que lo ven más difícil para sostener o empezar negocios. Y como son empresas pequeñas, poco visibles y que el cierre de cada una afecta a relativamente poca gente, el efecto no es muy visible, y es fácilmente pasado por alto incluso por muchos economistas (que están mal entrenados).

Una última cosa que vale la pena mencionar es la afirmación pasajera de que la austeridad no es algo útil:

they have effectively thrown the entire theoretical basis for austerity out of the window.

Podría explayarme mucho sobre este tema, pero seré sucinto. Múltiples organismos han hecho estudios sobre el efecto de la austeridad fiscal, pero los más interesantes son los que han hecho orgasnismos como la OECD, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, que es imposible de acusarlas de ser en alguna medida organizaciones con sesgo libertario o austríaco en ninguna medida. Lo que esos estudios dicen es que hay dos estilos de austeridad, llamémoslos “Austeridad A” y “Austeridad B”. La “Austeridad A” trata de balancear el presupuesto por medio de subir impuestos y medidas similares, a veces con modestas reducciones en el aumento del gasto (es decir, el gasto aumenta igual, sólo que un poco más lento). La “Austridad B” trata de balancear el presupuesto estatal por medio de la reducción real del gasto, a veces incluso acompañado de reducciones impositivas e imposiciones de límites duros al gasto estatal. Queda claro acá, por cierto, que la austeridad tipo A no es realmente austeridad estatal, sino que es austeridad privada para financiar más gasto estatal, es decir, business as usual. La conclusión a que llegan estos estudios (al respecto recomiendo investigar las columnas de Daniel Mitchell sobre austeridad) es que la austeridad tipo A no funciona y es dañina, y que la tipo B es muy efectiva, especialmente en el largo plazo. Entonces el problema viene de que mucha gente (como por ejemplo Paul Krugman y Joseph Stiglitz, entre otros) confunde austeridad estatal real (tipo B) con austeridad privada forzada (tipo A). Mi sospecha es que algunos de estos personajes lo hacen a propósito, porque son muy inteligentes como para no darse cuenta de la diferencia, aunque puede ser un error honesto por la forma en que estos economistas son entrenados de forma que al final no entienden nada.

Para concluír, debo decir que en general la columna suena como una columna de un “keynesiano sincero”, que no trata de ocultar lo que el sistema keynesiano hace y cómo funciona, lo cual es quiza algo positivo en sí mismo. Lo extraño del caso es que Graeber se declara anarquista, pero acá aparentemente está haciendo una apología del Estado. Nunca se deciden, estos “anarquistas” de izquierdas.

Mejores Pensiones: ¿No más AFP?

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Dusan Vilicic Held
Asociación Liberal de Magallanes (ALMA)

Esta columna se publicó el 16 de agosto del 2015 en el suplemento Análisis de el diario El Pingüino de Punta Arenas.

Mucho se ha hablado de las bajas pensiones que ofrece el sistema de AFP. En este contexto, se ha vuelto recurrente sugerir un retorno al sistema de pensiones de reparto, bajo el argumento de que eso garantizaría la mejora de las mismas y una mejor calidad de vida para todos. Lamentablemente, esta afirmación no tiene fundamento por varios motivos.

El primero es que un sistema de pensiones de reparto pone muchísima presión sobre las finanzas estatales. Por ejemplo, en los EE.UU., el sistema de pensiones consume alrededor del 24% del gasto estatal[1] y se proyecta que pronto aumentará a más del 30%. En Alemania es más del 47%, mientras que en Finlandia supera el 40% y en Suecia, el 33%[2]. Por su parte, en Chile es poco más del 4%[2][3], lo que significa que para tener un sistema de pensiones estatal de reparto, el Estado probablemente tendría que gastar mucho más en este ítem, lo que implicaría un aumento de gastos en pensiones de unas 6 veces el presupuesto actual. Teniendo en cuenta la estrechez fiscal del Estado de Chile, incrementar el gasto estatal a ese nivel es probablemente imposible.

El segundo es que los sistemas estatales de reparto se financian con un impuesto a la renta adicional que se mueve entre 15% y 50% de los ingresos de la persona; muy superior al 10% del que existe actualmente en Chile. Esto es consistente con la cotización obligatoria en el sistema de reparto que había previamente, donde variaba entre un 20%, hasta más del 50%. Está claro que los empleados chilenos que se espera en el futuro perciban pensiones bajas no podrían renunciar a un 20% más de sus ingresos, lo que potencialmente significaría en muchos casos una condena a muerte.

El tercero es que el rendimiento de estos programas es muy inferior al sistema de AFP, más o menos de un 50% a un 20% menor, peso por peso aportado[4]. Es decir, en el sistema chileno de AFP, por cada 100 pesos que uno aporta, recibe de vuelta entre 20 y 50 pesos más de lo que recibiría por esos mismos 100 pesos en algún sistema estatal de reparto. De hecho, se sabe que actualmente más del 74% de los fondos que manejan las AFP corresponde a la rentabilidad, y sólo un cuarto corresponde a las cotizaciones[5].

El cuarto es que los sistemas estatales de reparto son famosos por sus recurrentes bancarrotas, es decir, que suelen incumplir sus promesas de pago, y las prestaciones que una persona finalmente recibe suelen ser mucho menores que las que se le prometieron cuando comenzó a aportar. Incluso el sistema alemán ha quedado numerosas veces en bancarrota en los últimos años, habiéndose tenido que modificar sus prestaciones muy seguido, por ejemplo en 1992, 1999, 2001, 2004, 2007 o 2014, entre otros. Estas razones son, a mi juicio, suficientemente contundentes para entender que el sistema estatal de reparto no sólo es impracticable en Chile, sino que, asumiendo que lo fuera, terminaría entregando pensiones menores a las que entrega el sistema actual.

[1] http://www.cbpp.org/research/policy-basics-where-do-our-federal-tax-dollars-go

[2] https://stats.oecd.org/Index.aspx?DataSetCode=SOCX_AGG

[3] http://www.dipres.gob.cl/595/articles-90993_doc_pdf.pdf

[4] http://voces.latercera.com/2015/06/28/sebastian-edwards/mi-pobre-jubilacion-californiana/

[5] http://www.aafp.cl/wp-content/uploads/2014/10/Boletin-AAFP-Octubre-2014.pdf

[Traducción] Uber es progreso, ¿Por qué no lo apoyan los progresistas?

Algunos progresistas en realidad son conservadores por dentro

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Steven Horowitz
Lunes 13 de Junio del 2016

He alabado a Uber con anterioridad. Para mí, si la posibilidad de usar Uber está disponible, casi siempre la preferiré por sobre un taxi tradicional. Ser cliente de Uber da apoyo a individuos emprendedores en vez de a empresas de taxis que a menudo son franquicias de monopolio o beneficiarios de otras formas de capitalismo de amigos.

Así que siempre me sorprende cuando algunos de mis amigos igualitarios/progresistas miran con desprecio a Uber y a otras innovaciones similares. Mi intuición es que la gente de izquierda se pondría de lado de los “pequeños” contra los empleadores corporativos y monopolios locales de las empresas de taxis (o grandes cadenas hoteleras en el caso de AirBnB). Y algunos lo hacen. Pero otros no, y vale la pena pensar sobre cómo podríamos hacer el argumento progresista a favor de Uber para ellos.

Seamos claros sobre de lo que realmente se tratan Uber, Lyft, AirBnB, y el resto de la llamada “economía del compartir”. Pensar en términos de “compartir” en realidad no es la mejor forma de ver la naturaleza de su innovación. De lo que realmente se trata es de usar tecnología para reducir de forma dramática los costos de transacción de hacer un uso más eficiente de recursos ociosos.

Los malos viejos tiempos

Tienes una habitación libre en tu casa. Antes de los smartphones, GPS, y la internet, habría sido muy difícil encontrar gente que tuviera una demanda por ese espacio en el momento en que estaba disponible. También necesitabas alguna forma de mostrar confiabilidad. A pesar de eso podrías haber arrendado la habitación por días o semanas a la vez, pero los costos de hacerlo funcionar habrían sido enormes.

Lo mismo es cierto de Uber y Lyft. Después de todo, los jitneys han existido por décadas, y Uber y Lyft son sólo una nueva vuelta de tuerca sobre esa vieja idea. Pero en vez de tener puntos de recogida fijos y de esperar a que pase un jitney disponible y de saber poco sobre el conductor, Uber y Lyft reducen dramáticamente todos esos costos de transacción. Ellos usan una plataforma de software para coordinar a oferentes y demandantes. La economía del “compartir” en realidad sólo es el siguiente gran paso en lo que es la verdadera historia del progreso económico: la continua reducción de costos de transacción a lo largo de toda la economía.

¿Cuál es la queja?

¿Pero qué debería hacer que estas innovaciones sean particularmente atractivas para la izquierda? Una de las características más importantes de Uber, por ejemplo, es que los conductores son propietarios de su capital y establecen sus propios horarios de trabajo y, en su mayoría, las condiciones laborales. Uber simplemente permite que personas con su propio capital lo pongan a trabajar a través de conectarlos de forma más efectiva con los demandantes de ese servicio.

Por más de un siglo, la izquierda ha argumentado que la falta de control de los trabajadores sobre el capital y sobre sus condiciones laborales permitió que fueran explotados por propietarios y jefes. La lógica progresista típica a favor de los sindicatos está unida a esta crítica. Pero Uber provee una solución a esta situación. Los conductores Uber son propietarios de su propio capital (el automóvil) y pueden determinar qué tan seguido trabajan y qué viajes quieren proveer.

Algunos en la izquierda argumentan que esta misma flexibilidad es un defecto, no una virtud, porque no es un trabajo de tiempo completo y no incluye seguros médicos y cosas similares. La mayoría de conductores Uber, no obstante, te dirán que la flexibilidad es exactamente lo que les gusta de él.

¿Quién trabaja para Uber?

Por ejemplo, dos de mis conductores recientemente en Portland lo estaban haciendo para complementar sus ingresos por diversos motivos. En un caso, él estaba a punto de tomar el  examen de abogacía y conducía para generar algún ingreso para obtener una oficina para iniciar su práctica jurídica.

El otro conductor era un administrador en un restaurante de comida rápida y conducía part-time para ahorrar para una casa. Cuando le pregunté sobre la flexibilidad, dijo “por ejemplo esta mañana: mi señora aún estaba durmiendo, así que ¿porqué no salir en el auto y ganar unos cuantos dólares extra?” Su flexibilidad también va en beneficio de gente como yo, que necesitaba un viaje a través de Portland para encontrarme con un amigo para un desayuno tardío.

En mi experiencia, casi ninguno de los conductores Uber que conocí lo estaban haciendo a tiempo completo. Todos tenían otros empleos y esto era una fuente de ingresos secundaria para mejorar sus vidas. ¿Por qué no es noble de nuestra parte ser clientes de Uber y apoyar el abogado recién egresado o al matrimonio joven que intenta comprar su primera casa?

En otras ciudades, el grueso de conductores Uber son inmigrantes recientes. Mientras que mis conductores en Portland e Indianápolis han sido casi todos hombres y mujeres jóvenes blancos, mis conductores Uber en Washington, DC han sido casi todos inmigrantes de color.

¿No hace que usar Uber sea aún más consistente con las metas progresistas si estamos apoyando la subsistencia de inmigrantes emprendedores que han venido a los EEUU a tener una mejor vida, y tal vez remitir algunos de esos fondos de vuelta a casa?

Para algunos de esos conductores Uber que son inmigrantes, conducir es probablemente su principal fuente de ingreso. ¿Vamos a negarles ese ingreso porque conducir en Uber es visto como menos que perfecto en comparación con los trabajos de la vieja economía? ¿Deberíamos dejar de usar Uber y hacer menos probable que vengan inmigrantes, dejándolos en una mayor pobreza en sus países de origen?

Si la mejora de las vidas de los pobres del mundo es una meta progresista, entonces usar Uber (sin mencionar comprar ropa de “sweatshops”) están entre las cosas más morales que podemos hacer.

¿Qué pasa con la seguridad?

Algunas personas están preocupadas de que Uber puede ser más peligroso que los taxis. Los datos no parecen soportar esto, y un estudio reciente muestra que la entrada de Uber a una ciudad reduce el número de arrestos por conducción bajo la influencia del alcohol y de muertes. No sólo los conductores Uber no son más propensos a cometer crímenes que los conductores de taxi, la disponibilidad de un viaje barato que llega rápido con un esfuerzo mínimo por parte del cliente salva vidas y mantiene a los conductores peligrosos fuera de la calle. De nuevo, esto parece ser una meta que los progresistas debieran apoyar.

Es sólo que parece extraño que los progresistas que lamentan el advenimiento del Hombre Unidimensional o la “McDonaldización” de América objetarían a las innovaciones que proveen a más gente arreglos laborales más flexibles que les dan más control sobre su capital y las condiciones de su trabajo.

Parece extraño que ellos objetarían un servicio que disminuye el costo del transporte para la gente con medios limitados y permite a gente joven sobrevivir en ciudades grandes sin tener un auto propio.

Progresistas = Conservadores

Tal vez esto sólo se trata del miedo al cambio sin control que Hayek vio en el corazón de lo que él llamó conservadurismo. Ciertamente parece como si las objeciones “progresistas” a Uber reflejaran una nostalgia por la economía de los 1950s que es un paralelo de la nostalgia conservadora por la vida familiar de esa misma época.

Y al final, el miedo a Uber sugiere que algunos progresistas en realidad son conservadores por dentro. El argumento a favor de Uber es el argumento a favor del progreso igualitarista, que está basado en una disposición a dar la bienvenida al cambio sin control frente a los supuestos progresistas que permanecen diciendo “deténganse” a lo largo de la historia económica.

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Steven Horowitz es el profesor de la cátedra Charles A. Dana de Economía en la Universidad de St. Lawrence y el autor de La Familia Moderna de Hayek: Liberalismo Clásico y la Evolución de las Instituciones Sociales.

 

Traducción: Dusan Vilicic Held
Texto original: https://fee.org/articles/uber-is-progress-so-why-aren-t-progressives-on-board/

[Traducción] El miedo al individualismo

Los ataques contra el individualismo distorsionan groseramente lo que realmente es

Tibor R. Machan
01/07/1993

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Tibor Machan Es profesor de filosofía. Escapó de la Hungría Comunista en 1953 y vive en los Estados Unidos desde 1956.

Uno de los regalos de los regalos más importantes que los Estados Unidos le han dado al mundo es la filosofía política del individualismo. El principio central de esta idea es que cada ser humano es importante, especialmente desde el punto de vista de la ley y la política, como un individuo soberano, que no vive por permiso del Gobierno o algún amo o señor. Esa es la idea básica sobre la que se apoyan no sólo el proceso democrático, la Primera Enmienda de la Constitución de los EEUU, y las varias prohibiciones que tiene el Gobierno respecto de cómo tratar a la ciudadanía, sino que también el sistema económico de mercado libre.

Individualismo y Capitalismo

El sistema de mercado libre o capitalismo está fundado en la doctrina de que cada persona tiene un derecho básico a la propiedad privada sobre su trabajo y lo que esa persona crea y gana libre y honestamente. La idea económica del comercio libre -en trabajo, habilidad, bienes, servicios, etcétera- descansa de lleno en el individualismo. Nadie es el amo o sirviente de nadie más. No está permitida ninguna servidumbre involuntaria excepto como castigo por un crimen. De esta forma todos tienen el derecho básico a comerciar libremente – así como a llevar a cabo cualquier otra clase de acción pacífica, incluso cuando su decisión particular puede no ser la más sabia o incluso moralmente ejemplar.

En una sociedad individualista la ley defiende la idea de que todos son libres para elegir asociarse con otros bajo sus propios términos – sea por motivos económicos, artísticos, religiosos románticos. No que todas las decisiones que la gente tomará serán buenas. No que los individuos son infalibles. No que ellos no pueden abusar de su libertad. Todo ello es obvio. Pero nada de eso justifica hacer que otros sean sus amos, por muy inteligentes que esos otros puedan ser. Citando a Abraham Lincoln, “ningún hombre es suficientemente bueno para gobernar a otro hombre sin el consentimiento de ese otro”.

Pero hoy la filosofía política bajo más severo ataque en muchos círculos intelectuales es el individualismo. Desde sobrantes marxistas a comunitaristas recién emergidos, y hasta pragmáticos democráticos en los campos de economía política, sociología y filosofía – todos están difamando al individualismo. toma fuerza hace varios años con la publicación del libro de Robert N. Bellah llamado Hábitos del Corazón: Individualismo y compromiso en la vida americana, y continúa con innumerables esfuerzos relacionados, incluyendo el lanzamiento del periódico La Comunidad Sensible y la publicación de un nuevo libro por parte de Bellah, La Sociedad Buena, como también el libro recién publicado de Amitai Etzioni llamado El Espíritu de Comunidad.

Estos y muchos otros esfuerzos constituyen un ataque concertado contra el individuo y sus derechos. Tal vez predeciblemente, los esfuerzos incluyen groseras distorsiones de lo que el individualismo realmente es. Supuestamente incentiva la deslealtad a la familia, amigos y país. Supuestamente es hedonista e inculca sentimientos antisociales en la gente. Presuntamente es puramente materialista, vacío de cualquier valor espiritual y cultural.

Pero tal distorsión es acompañada de un enfoque selectivo en un área muy limitada de la filosofía individualista, empleada principalmente en el análisis económico técnico y que meramente sirve como modelo con el cual comprender eventos estrictamente comerciales en economías de mercado libre. Una concepción exclusivamente económica del individuo humano es ciertamente estéril – trata a todos como nada más que un cúmulo de deseos. Pero esto no es muy diferente de la forma en que la ciencia emplea modelos, tomando una idea muy simple para comprender un área muy limitada del mundo.

Individualismo, Verdadero versus Falso

Los anti individualistas no ven al individualismo como fue desarrollado por pensadores como Frank Chodorov, F.A. Hayek, o Ayn Rand, menos aún por algunos de sus estudiantes contemporáneos que están desarrollando estas ideas y mostrando qué tan vibrante pueden ser un sistema político y una cultura cuando los seres humanos son comprendidos como individuos. El poder creativo de los seres humanos debiera dejar claro que su individualidad es innegable, crucial para cada faceta de la vida humana, buena o mala. Aún así, esta individualidad esencial de cada persona de ningún modo quita el vital rol que cumplen para ellos las diversas afiliaciones sociales; los individuos humanos son seres sociales.

El tipo de comunidad digna de la vida humana está ligado íntimamente al individualismo; una comunidad tal, incluso siendo el contexto más apropiado para la vida humana, debe ser escogida por los individuos que la ocupan. Si esto es editado al forzar a los individuos a participar en comunidades, estas comunidades y no voluntarias no serán comunidades fue genuinas en absoluto. La elección y responsabilidad individuales son esenciales para el florecimiento humano.

De hecho, en los EEUU, donde el individualismo ha florecido más que en cualquier otro lugar, hay millones de diferentes comunidades a las que los individuos pertenecen, a menudo de forma simultánea, y esto es posible porque los individuos tienen su derecho a elegir razonablemente bien protegido. No sólo es que todos los individuos se unen a un amplio abanico de comunidades -familia, iglesia, profesión, clubes, asociaciones civiles y partidos políticos- sino que hay enfoques inmensamente distintos sobre cómo vivir que también atraen alrededor de ellos a grandes segmentos de la población que se unen libremente, sin ninguna coerción ni regimentación. Pero en vez de apreciar la robusta naturaleza del individualismo, incluyendo su apoyo a la forma más saludable de comunitarismo, sus oponentes están intentando desacreditarlo en cualquier forma que pueden. ¿Por qué?

Bien, algunos de sus motivos pueden ser suficientemente decentes – algunos pueden de hecho temer el impacto de un individualismo económico estrecho y por ende quejarse contra todo individualismo. Pero a veces sus motivaciones no se pueden entender como nada más que un hambre por poder sobre las vidas de otra gente. Si no fuera así ¿por qué ignoran estos críticos a versiones perfectamente razonables del individualismo e insisten en las caricaturas? Una y otra vez invocan la caricatura incluso cuando otras versiones bien desarrolladas están disponibles.

Algo como esto parece ser la mejor explicación para desear destruir el descubrimiento estadounidense más significativo, específicamente la vital contribución de la individualidad a la cultura humana ¿Por qué serían lanzados tales ataques si no es para reintroducir la subyugación, la servidumbre involuntaria, y la denigración de individuos como individuos a favor de alguna élite?

Sin duda aquellos que claman por poder racionalizan sus acciones con la idea de ciertos objetivos dignos: ellos desean una comunidad cooperativa, armoniosa y mutuamente enriquecedora. A menudo creen que los individuos son peligrosos como individuos, pero son maravillosos como miembros de una comunidad. Como la autor rusa Tatyana Tolstaya observa en una edición reciente de La Nueva República:

Tomados individualmente, en suma, no todos son buenos. Tal vez esto es verdad, pero entonces ¿cómo lograron todas estas alimañas constituir un buen pueblo? La respuesta es que “el pueblo” no está “constituido de”. De acuerdo a [los colectivistas] “el pueblo” es un organismo viviente, no una “mera conglomeración mecánica de individuos dispares”. Esto, por supuesto, es el viejo e inevitable truco del pensamiento totalitario: “el pueblo” es postulado como unificado y entero en su multiplicidad. Es una esfera, un enjambre, un hormiguero, un panal, un cuerpo. Y un cuerpo debiera aspirar a la perfección; todo en él debe ser suave, elegante y armonioso. Cada órgano debiera tener su lugar y función: el corazón y el cerebro son más importantes que las uñas y el pelo, y así sucesivamente. Si tu ojo te tienta, entonces arrancalo y deséchalo; amputa los miembros enfermos, pon freno a esas extremidades que no van a obedecer, y fortifica tu espíritu con abstinencia y oración.

Es por eso que ellos debieran estar en el poder: Ellos son la cabeza del organismo, de la comunidad; ellos saben lo que es bueno; y ellos debieran estar tomando las decisiones sobre quién continúa siendo parte de él y quién debe ser descartado.

Los miembros de la sociedad de hecho tienen diferentes roles; los economistas hablan convincentemente de los beneficios de la división del trabajo. Los errores de los colectivistas son (1) su presunción de que saben mejor que los individuos involucrados cuáles miembros de la sociedad son menos importantes, y (2) que ellos tienen el derecho a eliminar a esos miembros. Pero los individuos son fines en sí mismos, no animales a ser sacrificados en el altar del Estado colectivista.

tiborniceTibor R. Machan
Tibor R. Machan es un Profesor Emérito en el Departamento de Filosofía de la Universidad de Auburn y previamente tuvo la Cátedra R. C. Hoiles de Ética Comercial y Libre Empresa en la Escuela Argyros de Negocios y Economía en la Universidad de Chapman.


Traducción: Dusan Vilicic Held
Texto original: https://fee.org/articles/the-fear-of-individualism/

[Traducción] Capturado, esposado, y en prisión: Una historia personal

Por Jeffrey Tucker

Era un hermoso día, excepto que la mayor parte de él la pasé en la cárcel.

De un minuto al otro pasé de estar aparentemente libre a estar esposado y capturado. Cualquiera que haya experimentado algo así sabe exactamente a lo que me refiero. Si no lo has experimentado, espero que nunca lo hagas.

Podría ser mejor descrito como una pérdida de inocencia, sumado a una nueva conciencia de que todo lo que amamos y apreciamos en el mundo pende de un hilo. El hilo puede ser cortado, con o sin motivo, por un sutil movimiento de cualquier autoridad fiscalizadora de este país.

Es la segunda vez que voy a la cárcel -la primera vez fue por una multa impaga- así que no estaba completamente sorprendido al revisitar esa sensación de completa pérdida de albedrío y ser completamente dependiente de otros que no te valoran en absoluto. Me ha pasado antes y la primera vez sacudió mi mundo. Que otros te quiten todo lo que consideramos como humano es un desafío psicológico, y un trauma inolvidable.

La segunda vez, fue más fácil ver del otro lado. Lo que éstas personas quieren -me decía continuamente- es registrarme, dejarme como una estadística para mostrar lo esenciales que son, y luego saquear todo el dinero que sea posible. Entonces terminaría.

Para el final del día, había terminado. Excepto que no en realidad. Este incidente había terminado. Pero la realidad de que ninguno de nosotros realmente controla su vida, que nada de nuestra propiedad es realmente nuestra, que somos vulnerables al secuestro legal en cualquier momento. Esta es una realidad recurrente para toda la población. Ser arrestado y apresado es experimentar de primera mano la comprensión de que no hay verdadera libertad, no bajo el sistema existente.

De seguro no me va a pasar a mí

Cuando alguien es arrestado, la primera pregunta que tiene la gente es: ¿porqué? Hay una ansiedad implícita en la pregunta: ¿cómo puedo evitar este destino? Tal vez si no hago algo estúpido cómo lo que él hizo, no me sucederá a mí. Queremos convencernos de que el problema del Estado policial realmente es el problema de alguien más. Es sentido por gente que vive al borde, que consumen drogas, que son “inmigrantes ilegales”, que no saben cómo hablar de forma educada a la policía, y así sucesivamente.

Todo eso son ilusiones.

Bien, Así es como me sucedió a mí. hay una nueva ley de tráfico en la mayoría de los estados llamada la regla “moverse al costado”. Cuando la policía está detenida en el lado derecho del camino, tienes que moverte al carril izquierdo. Esto hace que el policía se sienta más seguro. En lo que a mí respecta, nunca había escuchado de esta ley y nunca se me había evaluado en mi comportamiento al conducir. El policía había puesto una trampa, deteniéndose allí al costado sólo para probar cumplimiento. Me moví un poco pero no lo suficiente.

Las luces se iluminaron detrás mío, y yo me estacioné. Le di al oficial mi licencia. Llegó otro auto policial. El volvió y me dijo que salga del auto, y me preguntó por qué mi licencia había sido suspendida. Estaba sorprendido. entonces recordé que me había atrasado un solo día en pagar una multa de estacionamiento. La señora en el escritorio me dijo que podría haber un problema con mi licencia, así que me dio un papel oficial titulado “Notificación Oficial de Reinstauración de Licencia de Conducir”, y puso el sello oficial en él.

Recordando esto, le dije al policía que podrían encontrar este documento en mi auto. Ellos buscaron porque en este punto no tenía permitido moverme. Ellos trajeron el papel de vuelta y lo observaron. Un policía dijo que claramente era legítimo. El otro dijo que no, qué fue emitido por la corte municipal, en vez del departamento de vehículos motorizados, así que no podía aceptarlo. Protesté pero la decisión había sido tomada.

Me miró y dijo: ponga sus manos detrás de su espalda. Fui esposado y guiado al auto. Proteste que mi computador, mi teléfono, todas mis cosas estaban en el auto. Nada de esto importó. Revisaron mi auto buscando drogas, armas, licor, o lo que sea. Encontraron una botella de pastillas sin etiqueta (anticoagulantes) y me interrogaron al respecto, implicando fuertemente que tener una botella de pastillas sin etiqueta es ilegal (¿lo es? No lo sé).

Parece le gusté que a un policía en algún punto, así que me permitió quedarme con las pastillas. Entonces dijo que me haría un favor. Me quitó las esposas -estaban muy apretadas y hacían doler mis muñecas- puso mis manos al frente, me volvió a esposar, y las dejó algo sueltas. Esto hizo una gran diferencia.

Mi auto sería remolcado a un almacén, explicó. Si pagaba mi fianza, podría pagar para tenerlo de vuelta. Pregunté si el depósito estaría abierto para entonces. El policía no tuvo respuesta, ningún interés. Una vez arrestado, eres un animal capturado. Nada más importa. Ya no eres un consumidor, un ciudadano, una persona con un trabajo, un ser humano normal. Ahora sólo eres forraje, una cosa que pueden usar como encuentren conveniente.

La noción de que tienes algún derecho en absoluto es un chiste una vez que estás arrestado. Lo que te suceda es completamente la decisión de tus captores.

La búsqueda

El auto policial en que iba partió, y en 15 minutos estaba siendo sometido a un cateo corporal. Metieron sus manos en cada bolsillo ¿Buscando qué? No tenía idea (lo averiguaría más tarde).

Entonces estaba en la cárcel, completa con un inodoro sucio, alguna cosa que parecía un lavamanos, y una banca. Después de 45 minutos o algo así, me permitieron usar el teléfono por unos pocos minutos. en este punto, noté una suavización en la actitud de parte de mis captores. Me estaban hablando, y se estaban relajando un poco.

Así que me dejaron quedarme en el teléfono un rato. Fue esencial. El teléfono estándar es una tecnología antigua. La gente hoy en día mensajes de texto. No puedes hacer eso desde la cárcel. No tienes un Smartphone. No tienes nada. Tienes que hacer tu llamada en un teléfono regular. En estos días, la gente no está inclinada a contestar una llamada de algún número extraño. Sólo contestamos el teléfono cuando conocemos a la persona que llama. Eso significaba que tenía que dejar mensajes y esperar que llamaran de vuelta.

Es una situación altamente volátil. Tienes que encontrar alguien que conteste. Si no lo haces, podrías pasar un largo tiempo en la cárcel. De hecho, esto es lo que sucedería. Podrías salir bajo fianza. Entonces te mandarían a la calle. Sin auto. Estás varado. No puedo siquiera imaginar el destino de alguien sin una tarjeta de crédito, sencillo, etcétera.

Después de mí trajeron a un hombre hispánico, y vi como tratan a otras personas. Estaba esposado por la espalda, firmemente. Fueron mucho más bruscos con él durante la búsqueda.

Entonces algo destacable sucedió. Encontraron lo que parecían ser pequeñas hojas de marihuana en su bolsillo, no más que un cuarto de cucharadita. inmediatamente cambiaron su cargo de “fallo de comparecencia” -faltó a una situación por una falta de tránsito- un crimen: ingresar sustancias ilegales a un establecimiento correccional. una vez que esto sucedió, el oficial le gritó a todos con gran alegría: “¡¡tenemos a un criminal!!”. Se felicitaron entre ellos.

Él estaba en mi celda. Era un hombre maravilloso, ahora con su vida destruida. Súbitamente me di cuenta de lo afortunado que yo era, o, usemos la palabra: privilegiado. Soy blanco, igual que los oficiales que nos arrestaron. Vestía un traje. Hablaba educadamente y de forma calmada. Sí, a pesar de ello había sido capturado y saqueado pero me di cuenta que no experimenté lo peor de todo.

Yo me iría al final del día. Pero este hombre hispánico no tenía tanta suerte. tenía tatuajes, acento extranjero, y en general se veía más descartable para sus controladores. Parecía ser pobre. Estaría enredado en este desastre por meses, tal vez incluso pasaría un tiempo en la cárcel, tal vez incluso años. Esto me sonaba como una vida arruinada, Todo por algunos pedazos de marihuana en un bolsillo.

En otras palabras, esto es por lo que me estaban revisando tan rigurosamente. Ellos querían encontrar cualquier excusa, cualquier pequeña razón para intensificar los cargos, para esparcir más miseria y destrucción. uno de los guardias parecía menos excitado que los otros, y le pregunté cómo podría soportar ver este tipo de cosas sucediendo todo el día, cada día. Me dijo que uno simplemente se acostumbra.

Los funcionarios

“Sólo hago mi trabajo”. debo haber escuchado esa frase 15 veces durante mi experiencia. Los policías la usan. Los burócratas la usan. Los guardias la usan. Todo el sistema se ve a sí mismo de esta forma. Sólo está haciendo lo que se supone que debe hacer. Se parece un poco a la guerra, cómo los soldados hacen cosas terribles cada día, cosas moralmente objetables, pero lo aceptan porque no tienen una alternativa real. Hacen lo que tienen que hacer.

Y así es para todo el sistema de justicia criminal en América hoy. todos están haciendo sólo lo que deben hacer. Ninguna persona individual es responsable de juzgar la moralidad o la justicia de todo eso. Es el sistema, y ellos trabajan dentro de él. No lo pueden cambiar. Cooperan con él. Siguen las reglas. Son las reglas mismas las que son el opresor.

La ley es una cabrona

De forma rutinaria nos referimos al sistema de Justicia como un monopolio del “Estado”, pero no podría funcionar sin el sector privado. Los autos de policía son fabricados por empresas privadas. las armas y vestimenta que usan son producidas por privados. Las esposas y tasers son productos del capitalismo. La prisión es construida por contratistas privados. El acero de los barrotes también. La empresa que remolcó mi auto: privada. El fiador: privado.

Entre más miras al sistema qué llamamos el Estado, más claro se vuelve que por sobre todo es construido por el poder y la productividad de la economía de mercado. Cada persona que es parte de este sistema, cada contratista y beneficiario, tiene interés en su bienestar. Ellos desean que el sistema continúe y están listos para defenderlo porque defender al Estado es lo mismo que defender su sustento.

Entonces, ¿qué hace diferente al Estado? ¿Qué es esta cosa que llamamos el Estado? Al final, se trata de la ley misma. Es decir, la ley son los dientes. La ley es lo que permite al Estado hacernos lo que nosotros no podemos hacernos unos a otros. La ley posee esta cosa extraordinaria, un completo monopolio sobre el uso de la fuerza agresiva contra persona y propiedad. El estado, entonces, es la única agencia en la sociedad que tiene permitido el poder completo de control coercitivo absoluto sobre todo el resto.

¿Y quién hace esta ley? Algún grupo de élite en algún lugar. Podría ser un regulador. Podría ser un político. Podría ser algún edicto administrativo. Un juez, tal vez. Podría ser que todos los responsables por la ley en su incepción han abandonado hace tiempo esta tierra. La ley permanece como un monumento viviente a ideas muertas, personas muertas, un pasado muerto. Pero permanece de todos modos. Y lo hace por la intrincada red de grupos de interés que se benefician de ella.

¿Quiénes son los explotadores?

Este es un sistema de explotadores y explotados, exactamente como Marx mismo explicó. Pero la diferencia es ésta: la ley es el explotador y la población la explotada. No es complejo. Pero mal identificar las identidades de quién es quién -un error que caracteriza siglos de pensamiento político- puede tener consecuencias terribles.

La política de nuestro tiempo se trata completamente sobre identificar a los explotadores. Los socialistas dicen que los explotadores son los capitalistas. Trump y su ejército de tontos dice que los explotadores son los inmigrantes. Los racistas blancos dicen que el problema son los negros. Los teócratas dicen que son los infieles y ateos. Los neonazis dicen que son los judíos. la guerra entre los sexos sigue el mismo camino. Generalmente, la derecha dice que el problema es la izquierda, y la izquierda dice que es la derecha. Y las masas de gente siguen estas afirmaciones e impulsan sus agendas, que son siempre sobre construir un código legal cada vez más alto, grueso, duro, más y más horrible.

Y, sin embargo, cada ley termina en el derecho de una pequeña élite de capturarte, saquearte, y, finalmente, matarte. Cada adición al código legal intensifica la violencia.

Luego de que fui liberado -pero por supuesto no realmente liberado- y recuperé mi auto, acabé en un McDonald’s, donde fui saludado como un dignatario en visita, incluso a pesar de que no sabían mi nombre y nunca me habían visto antes. Inmediatamente me ofrecieron papas fritas y bebida gratis y me invitaron a ordenar la hamburguesa de mis sueños.

Allí estaba a todo color, el pasmante contraste entre la cárcel y el restaurante de comida rápida. La primera es un infierno creado por ley. El último, un producto del orden social emergente y civilizado por el intercambio y comercio, es la cosa más cercana al paraíso que este mundo ofrece.

Traducción: Dusan Vilicic Held
Correcciones: Martín Gallardo Gysling
Original: https://tucker.liberty.me/captured-cuffed-and-jailed-a-personal-story

Los EEUU no son un país capitalista

Debo comenzar aclarando que por ‘capitalismo’ yo entiendo un sistema que requiere de una sociedad muy libre, donde se respeten muy a rajatabla los derechos de propiedad privada, los impuestos sean bajos, y la intervención estatal en la sociedad sea en general muy escasa o totalmente nula. En pocas palabras una sociedad y mercado libres.

También debo aclarar que esto lo escribo en respuesta a un artículo publicado en El Quinto Poder titulada “Miseria en la yugular del capitalismo“, donde el autor se dedica a describir lo terrible que es el “capitalismo” estadounidense.

La verdad es que yo no consideraría a los EEUU de hoy como la “yugular del capitalismo”, ni de lejos. Tal vez hasta 1900 o poco más podría haberse dicho algo por el estilo, pero después de las administraciones de los fascista-socialistas de Hoover y Roosevelt, el país nunca dejó el camino del mercantilismo y del corporativismo. Dejo claro que yo entiendo que un “capitalismo” requiere de una sociedad muy libre donde se respeten muy a rajatabla los derechos de propiedad privada. Nada de expropiaciones ni “eminent domain” ni complejos industriales militares coludidos con el Estado, ni planos reguladores, ni monopolios otorgados por el Estado, ni subsidios a la gran agricultura, ni limitaciones a las importaciones para proteger los intereses de las grandes empresas, ni servicios estatalizados que realmente corresponden a la sociedad privada, ni sendos impuestos con un código tributario tan grande que se requiere de un equipo de asesores para entenderlo. Los EEUU de hoy están extremadamente lejos de eso. Si hasta en varios Estados de ese país ni se puede practicar la peluquería o el diseño de interiores sin un permiso estatal, para proteger a los grupos de interés, generalmente gremios o empresas grandes. Eso tiene poco y nada de mercado libre, ni de sociedad libre. A menos de que creas que “capitalismo” es algo diferente, no relacionado con una sociedad libre de respeto a los derechos de propiedad privada.

Por otro lado, es curioso que dentro de los EEUU hay mucha diferencia en la “miseria” que hay. Llama la atención que donde más miseria se ve es en general en los Estados y lugares donde se ha impuesto por más tiempo el socialismo, como por ejemplo Nueva York o Detroit, entre otros. Son Estados o ciudades con un control estatal muy fuerte sobre la sociedad, con sueldos mínimos legales relativamente altos, y donde es muy poco lo que se puede hacer sin algún tipo de trámite o permiso estatal. El resultado está a la vista. Luego de haber sido una de las sociedades más libres, prósperas y pujantes del planeta, pasó a ser una de las más mercantilistas y con el mayor intervencionismo estatal en la sociedad, vino el estancamiento y la miseria. No es algo muy sorprendente la verdad.