¿Masculinidad tóxica? Sí, claro

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¿Qué tan seguido ves a hombres arriesgando sus vidas por ayudar a otras personas o incluso animales?

¿Qué tan seguido ves a mujeres arriesgando sus vidas por ayudar a otros?

¿Qué tan seguido ves a hombres sacrificando su tiempo y energías para darle una vida más cómoda a su familia?

¿Qué tan seguido ves a mujeres haciendo eso?

La disparidad es enorme. Las mujeres -por voluntad propia, no por compulsión ni por adoctrinamiento- en general escogen arriesgar menos su vida que los hombres. Es por esto que escogen profesiones como medicina o psicología en vez de policía, rescatista o bombero. En ambos casos la motivación principal es ayudar al prójimo, la diferencia es en buena parte el riesgo. No veo nada de tóxico en ese impulso de auto sacrificio por el prójimo.

Si alguien está actuando ahí bajo compulsión son muchos de esos hombres. Pero las feministas insisten que las víctimas son las mujeres. Insisten en que la solución está en “dejar de oprimir a las mujeres”, como si fuera el caso. Sí, claro. La solución es que los hombres sacrifiquen aún más, y eso de alguna forma logrará que sacrifiquen menos. En el mundo al revés al menos.

Porque claramente sacrificarse por el prójimo es oprimir al prójimo ¿acaso no lo sabías? Dedicarse a arriesgar la vida por otros es masculinidad tóxica, pero sólo si lo hace un hombre. Entregar décadas de tu vida por mejorar el nivel de vida de otros es masculinidad tóxica. Escoger los trabajos más difíciles, los más peligrosos, los más incómodos, eso es todo masculinidad tóxica. Masculinidad tóxica es que un hombre ayude a una anciana a cruzar la calle, o que no la ayude. También lo es que se lance a un lago helado para rescatar a una niña, o que no se lance para ayudarla. Sólo un macho opresor le cede el asiento a una embarazada, pero si no se lo cede… también es un macho opresor por no solidarizar con la embarazada. Es un defensor del patriarcado si decide ser quien va a enfrentar al invasor que entró en mitad de la noche a su casa, y también lo es si no lo hace.

Las feministas parecen estar lidiando con un complejo de inferioridad. Ven a tantos más hombres haciendo tanto más por el resto que las mujeres, que probablemente se sienten disminuidas. Seguramente se sienten inadecuadas en comparación con la gran competencia, auto sacrificio y solidaridad que demuestran tantos hombres. Eso explicaría su afán “chaquetero” por derribar a estos verdaderos héroes (pequeños y grandes). Dejan la barra muy alta, y eso no les gusta, porque es difícil ser un pez pequeño en un gran océano, para eso mejor ser tuerto entre ciegos. Sacarle los ojos al resto no va a mejorar tu vida, pero al menos dejarías de sentirte mediocre.

Hay que ser muy mal agradecido para criticar a alguien que se está sacrificando de forma heroica por el resto. Hay que ser una persona muy mezquina de alma para despreciar así a las personas que hacen un gran esfuerzo por mejorar la vida del resto. Hay que ser muy pobre de espíritu para fijar así la atención sólo en los defectos más mínimos que alguien pudiera tener, y no alabar los aportes que hace al resto.

Hay que ser muy sexista y egoísta para ser feminista.


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Objeciones al Intervencionismo en la Cultura

Hace algún tiempo comenzó la campaña de ARCHI en contra de la ley que establece que mínimo un 20% de las transmisiones debe ser de música nacional, lo que ha generado un debate sobre la conveniencia de este tipo de medidas y de si es válido e incluso beneficioso vulnerar la libertad de las radioemisoras de transmitir lo que prefieran. Fuera de consideraciones económicas -tema para otra columna tal vez-, es necesario analizar un poco si este tipo de medidas es siquiera necesaria según las justificaciones que se le suelen dar. Algunos ejemplos de estas justificaciones se pueden encontrar en la columna “Música chilena en las radios: la ley de los que sobran” de Benjamín Walker, algunas de las cuales pretendo analizar y cuestionar acá.

Una de tales justificaciones es que esto sirve para incentivar la industria y cultura nacional. En primer lugar, sencillamente no razón real para que siquiera haya música nacional. Este argumento de la cultura es esencialmente vacío, ya que lo que se busca en tal caso es de alguna forma imponer ciertos gustos que tienen algunos por la fuerza. Porque las preferencias y costumbres de la gente son lo que crea las culturas, y lo que se trata de hacer es forzar a la gente a tener ciertas preferencias y costumbres. Esto significa que la cultura deja de ser algo que emerge de forma espontánea desde la gente, sino que se convierte en algo impuesto por el estado sobre la gente. Entonces ya no es la cultura del pueblo o de la gente, sino que la del estado, lo cual es cuando menos cuestionable, teniendo en cuenta que mucha de la cultura que se desea imponer es justamente fruto de procesos espontáneos no planificados y evolucionó y cambió a lo largo de la historia. Extrañamente de pronto es necesario “planificar la cultura” en vez de dejar que evolucione de forma natural y orgánica.

Tampoco se entiende el afán por impedir este proceso de evolución cultural que se da espontáneamente, creando regulaciones que pretenden congelar (lo llaman “preservar”) la cultura. La cultura, como ya dije antes, es algo que necesita evolucionar y adaptarse, a medida que el contexto va cambiando. Si se intenta mantener usos y costumbres obsoletos, el resultado no será muy positivo, además de que el objetivo en sí no tiene una utilidad concreta y clara.

Otro argumento es que supuestamente se está discriminando a la música nacional porque alguien supuestamente la considera “mala”. El tema es que las emisoras no están haciendo un juicio sobre la calidad de la música, sino sobre las preferencias de la gente. Es muy extraño que un grupo de gente tan preocupado por la democracia, las necesidades y los deseos del pueblo esté tan afanado en pasar a llevarlos. El mercado lo que hace es suministrar lo que se demanda, esto significa que para que transmitir un tipo de música sea rentable, debe haber demanda de ese tipo de música. Es decir, para que algo sea rentable, a la gente debe gustarle esto, debe preferirlo por sobre otras alternativas. Y al final esto se manifiesta en los estilos musicales transmitidos. El rating es un indicador de preferencia y así es como “democráticamente” se selecciona la música que se transmite, según las preferencias de la gente. Más aún, la oferta es amplia y dado que en determinado punto geográfico pueden captarse numerosas emisoras, cada una puede apelar a un público diferente con preferencias diferentes. Esto significa que si la gente prefiere la música chilena sintonizará las emisoras que transmiten esa música cuando lo hagan. Esto se refleja en el rating y por ende, en qué tan rentable es transmitir un tipo de música.

Entendido lo anterior, la idea de tratar de influir en las preferencias de la gente a través de regulación que de forma violenta impone un tipo de música a emitir sólo se puede entender como un intento de dictar cuáles deben ser las preferencias de la gente. Se está diciendo a la gente cuales deben ser sus gustos. Esto nos lleva a preguntarnos cuál es el gran problema con que a la gente le gusten cosas diferentes de lo que se trata de forzar. También nos hace pensar en el mensaje que se está entregando al hacer eso, que es que de algún modo es incorrecto que la gente tenga gustos que se salen de los que se están intentado imponer. Que de alguna forma el que a mucha gente le guste más la música extranjera que la nacional es de algún modo algo que debe corregirse y se debe forzar a la gente a cambiar sus gustos y preferencias.

La conclusión es que esto no es otra cosa que censura, que se está tratando de censurar ciertas cosas, en este caso, la música extranjera que de algún modo es “mala” y que de algún modo es “malo” que la gente la prefiera. Es una medida sumamenente totalitaria y dictatorial, propia de ideologías como el fascismo ¿De verdad queremos seguir este camino?