[Traducción] Spooner: El Estado y el asaltante

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Extracto de “No es Traición N° VI: La Constitución de Autoridad Nula“, capítulo III, por Lysander Spooner. Traducción mía.

El pago de impuestos, siendo obligatorio, por supuesto no constituye evidencia de que alguien apoya la Constitución de forma voluntaria.

Es verdad que la teoría de nuestra Constitución es, que todos los impuestos son pagados voluntariamente; que nuestro Gobierno es una compañía mutual de seguros, a la cual la gente ingresa entre ella voluntariamente; que cada hombre hace un contrato libre y puramente voluntario con todos los otros que suscriben a la Constitución, para pagar tanto dinero por tanta protección, igual que él hace con cualquier otra compañía de seguros; y que él es tan libre de no ser protegido, y no pagar ningún impuesto, como lo es de pagar un impuesto, y ser protegido.

Pero esta teoría de nuestro Gobierno es completamente diferente del hecho práctico. El hecho es que el Gobierno, como un asaltante, le dice al hombre: Tu dinero o tu vida. Y muchos, si no la mayoría, de los impuestos son pagados bajo la compulsión de esa amenaza.

El Gobierno, de hecho, no ataca a un hombre en un lugar solitario, salta sobre él desde la orilla del camino, y, poniendo una pistola en su cabeza, procede a hurgar en sus bolsillos. Pero el robo es de todos modos un robo en ese caso; y es mucho más cobarde y vergonzoso.

El asaltante asume para sí mismo la responsabilidad, el peligro, y el crimen de su propio acto. Él no pretende que tiene algún derecho a tu dinero, o que tiene la intención de usarlo para tu propio beneficio. Él no pretende ser nada más que un ladrón. No ha adquirido suficiente imprudencia para profesar ser meramente un ‘protector’, y que toma el dinero de los hombres contra su voluntad, meramente para que tenga la capacidad de ‘proteger’ a esos infatuados viajeros, quienes se sienten perfectamente capaces de protegerse a sí mismos, o no aprecian su peculiar sistema de protección. El es un hombre demasiado razonable como para dedicarse a profesiones como esas. Además, tras haberse llevado tu dinero, te deja, como tú deseas que lo haga. No insiste en seguirte en el camino, contra tu voluntad; asumiendo ser tu legítimo ‘soberano’, en atención a la ‘protección’ que te provee. Él no sigue ‘protegiéndote’, por medio de ordenarte a hacer una reverencia y servirle; por medio de requerir que hagas esto, y prohibiéndote hacer lo de más allá, por medio de robarte más dinero tan seguido como lo considere en su interés o gusto; y por medio de declararte como un rebelde, un traidor, y un enemigo de tu país, y abatiéndote a disparos sin piedad, si disputas su autoridad, o resistes sus demandas. Él es muy caballeroso para ser culpable de tales imposturas, e insultos, y villanías como esas. En suma, además de robarte, él no intenta convertirte en su estafado o su esclavo.

Los procedimientos de esos ladrones y asesinos, que se llaman a sí mismos ‘el Gobierno’, son loa directamente opuestos a los del simple asaltante.

En primer lugar, ellos no se dan a conocer de forma individual como él; o, consecuentemente, asumen personalmente la responsabilidad de sus actos. Al contrario, ellos secretamente (mediante voto secreto) designan a alguno de ellos para cometer el robo por ellos, mientras se mantienen prácticamente ocultos. Le dicen a la persona así designada:

Vé a A— B—, y dile que ‘el Gobierno’ tiene necesidad de dinero para cubrir los gastos de protegerlo a él y a su propiedad. Si osa decir que él nunca nos ha contratado para protegerlo, y que no quiere nuestra protección, dile que eso es asunto nuestro, no de él; que nosotros elegimos protegerlo, lo quiera o no; y que demandamos paga, también, por protegerlo. Si se atreve a preguntar quiénes son estos individuos, que se han tomado para sí el título de ‘el Gobierno’, y que asumen protegerlo, y demandan de él pago, sin haber hecho él nunca ningún contrato con ellos, dile a él que eso es, también, asunto nuestro y no suyo; que no elegimos darnos a conocer individualmente a él; que te hemos designado de forma secreta (mediante voto secreto) como nuestro agente para darle aviso de nuestras exigencias, y, si las acata, para darle, en nuestro nombre, un recibo que lo protegerá contra cualquier exigencia similar por el año presente. Si se niega a acatar, confisca y vende suficiente de su propiedad para pagar no sólo nuestras exigencias, sino que además tus propios gastos y molestias. Si se resiste a la confiscación de su propiedad, pide a los transeúntes que te ayuden (sin duda algunos de ellos resultarán ser miembros de nuestra pandilla). Si, al defender su propiedad, él matara a cualquiera de nuestra pandilla que que testé asistiendo, captúralo a cualquier costo; acúsalo (en una de nuestras cortes) de homicidio, condénalo, y cuélgalo. Si fuera a pedirle a sus vecinos, o a cualquier otro que, como él, esté dispuesto a resistir nuestras exigencias, y ellos fueran a venir en grandes cantidades en su ayuda, clama que ellos son todos rebeldes y traidores; que ‘nuestro país’ está en peligro; llama al comandante de nuestros asesinos a sueldo; dile que reprima la rebelión y ‘salve al país’, cueste lo que cueste. Dile que mate a todos los que se resistan, aunque sean cientos de miles; y así infunda terror en todos los otros que estén similarmente dispuestos. Asegúrate que el trabajo de homicidio sea hecho de forma exhaustiva, para que no tengamos más problemas de este tipo en adelante. Cuando a estos traidores se les haya enseñado así nuestra fuerza y determinación, ellos serán buenos y leales ciudadanos por muchos años, y pagarán sus impuestos sin cuestionar nada.

Es bajo tal compulsión que los así llamados impuestos son pagados. Y no hace falta más argumento para mostrar cuanta prueba constituye el pago de impuestos de que la gente consiente apoyar a ‘el Gobierno’.


Traducido al español por Dusan Vilicic Held. Si quieres apoyar mi trabajo puedes hacerlo donando acá.

Translated to Spanish by Dusan Vilicic Held. If you want to support my work you can do it by donating here.

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