[Traducción] Lo Natural no es Necesariamente Mejor: Celebrando el Logro Humano

Por Richard Morrison, 23 de marzo de 2018

Únete a la celebración anual del Instituto de Empresa Competitiva a la innovación y el progreso.

La Hora del Logro Humano – a ser observada mañana, 24 de Marzo, entre las 8:30 PM y las 9:30 PM – es la celebración anual del Instituto de Empresa Competitiva a la innovación y el progreso.

Durante esta hora, personas en todo el mundo rinden tributo a los avances que inventores y emprendedores han creado en cada campo, desde salud y energía a comunicaciones y transporte. Estos avances nos permiten vivir vidas más completas y ricas, y nos protegen a nosotros y a nuestras familias de peligros impredecibles, tanto en la vida diaria como durante emergencias o desastres.

Originalmente lanzada como una alternativa a campañas de activistas ambientalistas como la “Hora de la Tierra” – que hace un llamado a sus participantes a señalar su preocupación por el cambio climático por medio de apagar todas sus luces – la Hora del Logro Humano desafía a las personas a celebrar la habilidad de la humanidad de resolver problemas de forma creativa.

Algunas voces en el debate ambiental de hoy en día ven a la humanidad como una plaga sobre un de otro modo prístino y virtuoso planeta Tierra. Esa perspectiva, que adolece de lo que los filósofos llaman la “falacia naturalista”, aboga por una menor población humana, límites en el uso de energía, y restricciones gubernamentales en la implementación de valiosa nueva tecnología. Eleva una visión antropomórfica de la Madre Tierra por sobre la salud y seguridad de seres humanos concretos.

En vez de confrontar los desafíos ambientales con una economía vibrante y creciente, y con conocimiento humano, escuchamos repetidas llamadas a reducir nuestras expectativas para afianzarnos para un futuro de recursos constreñidos en el que viviremos materialmente más pobres que nuestros ancestros. Esas condiciones, se nos asegura, deben venir con estrictos límites gubernamentales sobre lo que podemos cultivar, usar, minar, cosechar y crear.

Esta visión demasiado pesimista y profundamente deprimente de nuestro futuro en común ignora las necesidades humanas vitales que dependen del desarrollo de recursos y del uso de fuentes de energía asequibles, incluyendo fuentes fósiles como petróleo, gas natural, y carbón.

Incluso como un gesto simbólico, encender nuestras luces en respuesta a desafíos globales manda el mensaje equivocado. El conocimiento tecnológico, abundante energía, y economía competitiva que trajeron acceso universal a la electricidad al mundo desarrollado son precisamente las fuerzas que nos permitirán prosperar, florecer y ganar un creciente estándar de vida a todos nosotros hasta un futuro lejano.

Como sea que pases la hora mañana en la noche, recuerda que la tecnología humana y la energía asequible están haciendo que la vida sea mejor para miles de millones de personas alrededor del mundo cada día – desde esperanza de vida y tratamiento de enfermedades a tasas de alfabetismo y más empleo. Imponer barreras y restricciones en nombre de proteger la Tierra ralentizará esas mejoras. Los costos, especialmente para los más pobres y más vulnerables, son reales.

En vez de sentarse en la oscuridad, la Hora del Logro Humano nos pide a todos celebrar el espíritu humano – y apoyar una sociedad libre en cualesquiera mayores éxitos será posible.

Republicado desde el Instituto de Empresa Competitiva.


Richard Morrison

Richard Morrison es el administrador de proyectos del Centro para el Avance del Capitalismo, un proyecto del Instituto de Empresa Competitiva.


Traducido al español por Dusan Vilicic Held. Artículo original publicado en FEE.org. Si quieres apoyar mi trabajo puedes hacerlo donando acá.

Translated to Spanish by Dusan Vilicic Held. Original article published on FEE.org. If you want to support my work you can do it by donating here.

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[Traducción] El miedo al individualismo

Los ataques contra el individualismo distorsionan groseramente lo que realmente es

Tibor R. Machan
01/07/1993

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Tibor Machan Es profesor de filosofía. Escapó de la Hungría Comunista en 1953 y vive en los Estados Unidos desde 1956.

Uno de los regalos de los regalos más importantes que los Estados Unidos le han dado al mundo es la filosofía política del individualismo. El principio central de esta idea es que cada ser humano es importante, especialmente desde el punto de vista de la ley y la política, como un individuo soberano, que no vive por permiso del Gobierno o algún amo o señor. Esa es la idea básica sobre la que se apoyan no sólo el proceso democrático, la Primera Enmienda de la Constitución de los EEUU, y las varias prohibiciones que tiene el Gobierno respecto de cómo tratar a la ciudadanía, sino que también el sistema económico de mercado libre.

Individualismo y Capitalismo

El sistema de mercado libre o capitalismo está fundado en la doctrina de que cada persona tiene un derecho básico a la propiedad privada sobre su trabajo y lo que esa persona crea y gana libre y honestamente. La idea económica del comercio libre -en trabajo, habilidad, bienes, servicios, etcétera- descansa de lleno en el individualismo. Nadie es el amo o sirviente de nadie más. No está permitida ninguna servidumbre involuntaria excepto como castigo por un crimen. De esta forma todos tienen el derecho básico a comerciar libremente – así como a llevar a cabo cualquier otra clase de acción pacífica, incluso cuando su decisión particular puede no ser la más sabia o incluso moralmente ejemplar.

En una sociedad individualista la ley defiende la idea de que todos son libres para elegir asociarse con otros bajo sus propios términos – sea por motivos económicos, artísticos, religiosos románticos. No que todas las decisiones que la gente tomará serán buenas. No que los individuos son infalibles. No que ellos no pueden abusar de su libertad. Todo ello es obvio. Pero nada de eso justifica hacer que otros sean sus amos, por muy inteligentes que esos otros puedan ser. Citando a Abraham Lincoln, “ningún hombre es suficientemente bueno para gobernar a otro hombre sin el consentimiento de ese otro”.

Pero hoy la filosofía política bajo más severo ataque en muchos círculos intelectuales es el individualismo. Desde sobrantes marxistas a comunitaristas recién emergidos, y hasta pragmáticos democráticos en los campos de economía política, sociología y filosofía – todos están difamando al individualismo. toma fuerza hace varios años con la publicación del libro de Robert N. Bellah llamado Hábitos del Corazón: Individualismo y compromiso en la vida americana, y continúa con innumerables esfuerzos relacionados, incluyendo el lanzamiento del periódico La Comunidad Sensible y la publicación de un nuevo libro por parte de Bellah, La Sociedad Buena, como también el libro recién publicado de Amitai Etzioni llamado El Espíritu de Comunidad.

Estos y muchos otros esfuerzos constituyen un ataque concertado contra el individuo y sus derechos. Tal vez predeciblemente, los esfuerzos incluyen groseras distorsiones de lo que el individualismo realmente es. Supuestamente incentiva la deslealtad a la familia, amigos y país. Supuestamente es hedonista e inculca sentimientos antisociales en la gente. Presuntamente es puramente materialista, vacío de cualquier valor espiritual y cultural.

Pero tal distorsión es acompañada de un enfoque selectivo en un área muy limitada de la filosofía individualista, empleada principalmente en el análisis económico técnico y que meramente sirve como modelo con el cual comprender eventos estrictamente comerciales en economías de mercado libre. Una concepción exclusivamente económica del individuo humano es ciertamente estéril – trata a todos como nada más que un cúmulo de deseos. Pero esto no es muy diferente de la forma en que la ciencia emplea modelos, tomando una idea muy simple para comprender un área muy limitada del mundo.

Individualismo, Verdadero versus Falso

Los anti individualistas no ven al individualismo como fue desarrollado por pensadores como Frank Chodorov, F.A. Hayek, o Ayn Rand, menos aún por algunos de sus estudiantes contemporáneos que están desarrollando estas ideas y mostrando qué tan vibrante pueden ser un sistema político y una cultura cuando los seres humanos son comprendidos como individuos. El poder creativo de los seres humanos debiera dejar claro que su individualidad es innegable, crucial para cada faceta de la vida humana, buena o mala. Aún así, esta individualidad esencial de cada persona de ningún modo quita el vital rol que cumplen para ellos las diversas afiliaciones sociales; los individuos humanos son seres sociales.

El tipo de comunidad digna de la vida humana está ligado íntimamente al individualismo; una comunidad tal, incluso siendo el contexto más apropiado para la vida humana, debe ser escogida por los individuos que la ocupan. Si esto es editado al forzar a los individuos a participar en comunidades, estas comunidades y no voluntarias no serán comunidades fue genuinas en absoluto. La elección y responsabilidad individuales son esenciales para el florecimiento humano.

De hecho, en los EEUU, donde el individualismo ha florecido más que en cualquier otro lugar, hay millones de diferentes comunidades a las que los individuos pertenecen, a menudo de forma simultánea, y esto es posible porque los individuos tienen su derecho a elegir razonablemente bien protegido. No sólo es que todos los individuos se unen a un amplio abanico de comunidades -familia, iglesia, profesión, clubes, asociaciones civiles y partidos políticos- sino que hay enfoques inmensamente distintos sobre cómo vivir que también atraen alrededor de ellos a grandes segmentos de la población que se unen libremente, sin ninguna coerción ni regimentación. Pero en vez de apreciar la robusta naturaleza del individualismo, incluyendo su apoyo a la forma más saludable de comunitarismo, sus oponentes están intentando desacreditarlo en cualquier forma que pueden. ¿Por qué?

Bien, algunos de sus motivos pueden ser suficientemente decentes – algunos pueden de hecho temer el impacto de un individualismo económico estrecho y por ende quejarse contra todo individualismo. Pero a veces sus motivaciones no se pueden entender como nada más que un hambre por poder sobre las vidas de otra gente. Si no fuera así ¿por qué ignoran estos críticos a versiones perfectamente razonables del individualismo e insisten en las caricaturas? Una y otra vez invocan la caricatura incluso cuando otras versiones bien desarrolladas están disponibles.

Algo como esto parece ser la mejor explicación para desear destruir el descubrimiento estadounidense más significativo, específicamente la vital contribución de la individualidad a la cultura humana ¿Por qué serían lanzados tales ataques si no es para reintroducir la subyugación, la servidumbre involuntaria, y la denigración de individuos como individuos a favor de alguna élite?

Sin duda aquellos que claman por poder racionalizan sus acciones con la idea de ciertos objetivos dignos: ellos desean una comunidad cooperativa, armoniosa y mutuamente enriquecedora. A menudo creen que los individuos son peligrosos como individuos, pero son maravillosos como miembros de una comunidad. Como la autor rusa Tatyana Tolstaya observa en una edición reciente de La Nueva República:

Tomados individualmente, en suma, no todos son buenos. Tal vez esto es verdad, pero entonces ¿cómo lograron todas estas alimañas constituir un buen pueblo? La respuesta es que “el pueblo” no está “constituido de”. De acuerdo a [los colectivistas] “el pueblo” es un organismo viviente, no una “mera conglomeración mecánica de individuos dispares”. Esto, por supuesto, es el viejo e inevitable truco del pensamiento totalitario: “el pueblo” es postulado como unificado y entero en su multiplicidad. Es una esfera, un enjambre, un hormiguero, un panal, un cuerpo. Y un cuerpo debiera aspirar a la perfección; todo en él debe ser suave, elegante y armonioso. Cada órgano debiera tener su lugar y función: el corazón y el cerebro son más importantes que las uñas y el pelo, y así sucesivamente. Si tu ojo te tienta, entonces arráncalo y deséchalo; amputa los miembros enfermos, pon freno a esas extremidades que no van a obedecer, y fortifica tu espíritu con abstinencia y oración.

Es por eso que ellos debieran estar en el poder: Ellos son la cabeza del organismo, de la comunidad; ellos saben lo que es bueno; y ellos debieran estar tomando las decisiones sobre quién continúa siendo parte de él y quién debe ser descartado.

Los miembros de la sociedad de hecho tienen diferentes roles; los economistas hablan convincentemente de los beneficios de la división del trabajo. Los errores de los colectivistas son (1) su presunción de que saben mejor que los individuos involucrados cuáles miembros de la sociedad son menos importantes, y (2) que ellos tienen el derecho a eliminar a esos miembros. Pero los individuos son fines en sí mismos, no animales a ser sacrificados en el altar del Estado colectivista.


tiborniceTibor R. Machan
Tibor R. Machan es un Profesor Emérito en el Departamento de Filosofía de la Universidad de Auburn y previamente tuvo la Cátedra R. C. Hoiles de Ética Comercial y Libre Empresa en la Escuela Argyros de Negocios y Economía en la Universidad de Chapman.


Traducido al español por Dusan Vilicic Held. Artículo original publicado en FEE.org. Si quieres apoyar mi trabajo puedes hacerlo donando acá.

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[Traducción] Mi año como billonario

Por Joe Kent

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Cuando tenía 22 años, tuve la experiencia única de ser capaz de vivir como un  billonario. Para proteger los nombres de aquellos involucrados, prefiero no entrar en detalles de cómo tuve acceso a tanto dinero, pero digamos que súbitamente tuve una especie de padrastro muy rico.

Este hombre era enormemente rico. Era dueño de equipos deportivos,  y compañías de Fortune 500. Tenía una mansión multimillonaria, y un jet privado. Él era el hombre más rico que había conocido, y súbitamente, yo era como su hijastro.

Creo que todos debieran vivir la experiencia de ser fabulosamente rico. Al menos por un año. Te da una gran expectativa del mundo. Por un lado, podía viajar. Visité más países ese año, que en el resto de mi vida.

Pero otra razón por la que todos debieran experimentarlo es porque por el resto de tu vida, sabrás de lo que te estás perdiendo. Cuando vuelvas a ser pobre (como lo soy hoy), sabrás exactamente qué tan pobre eres, comparado con qué tan rico podría ser. Por el resto de tu vida, cada pedazo de filete que comas puede ser comparado con el filete de un billonario, y sabrás exactamente la diferencia. Y es una diferencia muy importante de recordar. Porque la diferencia es –  no mucho, en realidad.

En lo que a filetes respecta, era bueno. Pero teniendo que elegir entre el filete casero hecho por mi mamá, y un filete servido en un restaurant caro, yo prefiero el de mi mamá cada vez. Ambos saben muy bien, y están cocidos a la perfección, con la cantidad justa de sazón. Pero no me interesa cuánto cuesta el filete, porque mi mamá cocina el mejor filete del mundo.

Lo mismo sucede con casi todo lo demás. En la mansión, teníamos un sistema de cine con un proyector. En mi pequeño departamento tengo un pequeño proyector que uso para proyectar en mi pared blanca. La calidad de la imagen es tan buena, que difícilmente notó La diferencia entre lo que tengo ahora, y lo que tenía en la mansión.

En la mansión teníamos una gran piscina. En mi complejo de apartamentos Tenemos una gran piscina. por lo general no hay nadie en la piscina ¡y ni siquiera me tengo que preocupar de limpiarla!

En la mansión teníamos nuestro gimnasio personal. en mi departamento tengo Mi par personal de shorts, que uso para salir a correr.

En la mansión teníamos una cocina gigante. Parecía salida de una revista. Tenía hermosa iluminación, una isla en la mitad hecha de mármol, un microondas que parecía de la era espacial, y un lujoso lavavajillas.

Por supuesto, mi pequeño departamento tiene su propia cocina, con un microondas, y un lavavajillas. Claro que no es tan bonita como la cocina de un millón de dólares, pero tengo todas las ollas y sartenes que necesito, y puedo cocinar todo lo que quiero.

En cuanto a muebles ¿Cuántos necesita uno realmente? La mansión estaba llena de camas y sillones. Un museo entero de camas y sillones. A veces una mesa aquí o allá. A veces una silla. Una lámpara ¿Qué se puede comprar realmente, aparte de camas y sillones?  Recuerdo caminar a través de la mansión llena de camas, sillones, mesas, y sillas y pensar ¿Cuál es la gracia? Cuando éramos pobres también teníamos camas, sillones, mesas, y sillas. Seguro, no teníamos tantas, pero ¿cuántas necesitas?

Mi padrastro billonario (como lo llamaremos) tenía un Audi. Era uno de los autos más lujosos del momento. Tenía un  manos libres, GPS, un sensor que piteaba cuando retrocedía. Era una maravilla tecnológica.

Pero me anticuado y viejo Mercedes Benz 1986 también es una maravilla tecnológica. lo compré por sólo $600, y anda y anda y anda. El pináculo de la ingeniería alemana de 1986, con paneles de madera, y un nuevo (en ese tiempo) dispositivo de seguridad llamado “airbag”. Ese auto me ha llevado de A a B, e incluso hasta Z, y de vuelta, y a veces hasta voy más rápido que los Audis en el camino.

Desafortunadamente, mis años como billonario han terminado, y ahora he vuelto a ser pobre nuevamente. Pero eso no es tan malo. Soy tan feliz cómo lo fui cuando era rico. De hecho, probablemente más feliz.

Pero, hay una cosa que el billonario tiene que yo no. El enorme poder para dar. Desearía poder dar la cantidad de dinero a la gente pobre que el billonario daba. Primero que todo, daba trabajo a miles de personas. En segundo lugar, él daba millones de dólares cada año a la caridad. Él ayudaba a gente alrededor del mundo, desde Guatemala a Filipinas. Él hacía viajes especiales para asegurarse de que el dinero estaba yendo a los proyectos adecuados, y a la gente indicada. La gente que realmente necesitaba la ayuda por encima de todos.

Este millonario daba porque él era un ser humano, y empatizaba con su prójimo. Alguna vez fue pobre también, así que sabía exactamente lo que es no tener suficiente para comer. Tenía tanta compasión qué sabía que quedarse con su dinero para sí mismo ayudaba más que si lo regalara todo. Porque si lo regalaste todo, no quedaría más dinero para entregar. Pero si se quedaba con algo para él, entonces podría seguir invirtiéndolo con gente, para que muchos más de nosotros pudiéramos permitirnos comprar nuestras propias camas, sillas, y sillones.


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Joe Kent

Un músico viviendo en Maui, Hawaii. Soy un libertario activo en el partido. También soy un ex-delegado de Ron Paul, y un ancap. Adicionalmente, participo en las elecciones para el Congreso de los EEUU por el Distrito Congresional 2.


Traducido al español por Dusan Vilicic Held. Artículo original publicado en Liberty.me. Si quieres apoyar mi trabajo puedes hacerlo donando acá.

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Los EEUU no son un país capitalista

Debo comenzar aclarando que por ‘capitalismo’ yo entiendo un sistema que requiere de una sociedad muy libre, donde se respeten muy a rajatabla los derechos de propiedad privada, los impuestos sean bajos, y la intervención estatal en la sociedad sea en general muy escasa o totalmente nula. En pocas palabras una sociedad y mercado libres.

También debo aclarar que esto lo escribo en respuesta a un artículo publicado en El Quinto Poder titulada “Miseria en la yugular del capitalismo“, donde el autor se dedica a describir lo terrible que es el “capitalismo” estadounidense.

La verdad es que yo no consideraría a los EEUU de hoy como la “yugular del capitalismo”, ni de lejos. Tal vez hasta 1900 o poco más podría haberse dicho algo por el estilo, pero después de las administraciones de los fascista-socialistas de Hoover y Roosevelt, el país nunca dejó el camino del mercantilismo y del corporativismo. Dejo claro que yo entiendo que un “capitalismo” requiere de una sociedad muy libre donde se respeten muy a rajatabla los derechos de propiedad privada. Nada de expropiaciones ni “eminent domain” ni complejos industriales militares coludidos con el Estado, ni planos reguladores, ni monopolios otorgados por el Estado, ni subsidios a la gran agricultura, ni limitaciones a las importaciones para proteger los intereses de las grandes empresas, ni servicios estatalizados que realmente corresponden a la sociedad privada, ni sendos impuestos con un código tributario tan grande que se requiere de un equipo de asesores para entenderlo. Los EEUU de hoy están extremadamente lejos de eso. Si hasta en varios Estados de ese país ni se puede practicar la peluquería o el diseño de interiores sin un permiso estatal, para proteger a los grupos de interés, generalmente gremios o empresas grandes. Eso tiene poco y nada de mercado libre, ni de sociedad libre. A menos de que creas que “capitalismo” es algo diferente, no relacionado con una sociedad libre de respeto a los derechos de propiedad privada.

Por otro lado, es curioso que dentro de los EEUU hay mucha diferencia en la “miseria” que hay. Llama la atención que donde más miseria se ve es en general en los Estados y lugares donde se ha impuesto por más tiempo el socialismo, como por ejemplo Nueva York o Detroit, entre otros. Son Estados o ciudades con un control estatal muy fuerte sobre la sociedad, con sueldos mínimos legales relativamente altos, y donde es muy poco lo que se puede hacer sin algún tipo de trámite o permiso estatal. El resultado está a la vista. Luego de haber sido una de las sociedades más libres, prósperas y pujantes del planeta, pasó a ser una de las más mercantilistas y con el mayor intervencionismo estatal en la sociedad, vino el estancamiento y la miseria. No es algo muy sorprendente la verdad.

Errores comunes acerca de privatización y estatización

Mario Bunge escribe en El País una columna titulada “Privatización ‘versus’ nacionalización“, donde trata de explicar porqué no considera que sea buena una privatización total de todo recurso y servicio, ni tampoco una estatización (“nacionalización”) completa, y porqué ni lo uno ni lo otro son cosas esencialmente “malas”. Lamentablemente su columna está plagada de errores, de modo que cualquier conclusión a la que llega no es significativa. Mi intención acá es explicar algunos de los errores que comete, y tal vez aprovechar para explicar algunos temas relacionados con economía, justicia, y los derechos de propiedad.

Primero que nada, Bunge cae en errores ya al principio, al identificar a los conservadores con la privatización. Esa afirmación está muy lejos de la realidad. A pesar de que los conservadores tienen tendencias liberales, y a veces han apoyado privatizaciones, no es lo que siempre ha sucedido. Muchos gobiernos y políticos denominados “conservadores” han comprado acciones de empresas privadas (una estatización parcial), e incluso hasta creado empresas estatales o confiscado empresas y recursos privados, para qué hablar de expropiaciones, bajo la excusa del “bien común”. Además, existe tal cosa como un conservador socialista. Actualmente en Chile el conservadurismo socialista es bastante fuerte, y se expresa en cosas como oposición a la liberalización de drogas, entre otras. Muchos conservadores de partidos “de derechas” apoyan todo tipo de estatizaciones y expansiones de la intervención estatal en la economía. Ergo, es un error más o menos grande asumir que un conservador en general desea privatizar.

Otro error que Bunge también comete al principio es confundir propiedad privada colectiva, con “socialización” en el sentido en que normalmente se entiende el término, es decir, estatización. Cualquier liberal que se precie entiende que la propiedad privada colectiva es una forma totalmente legítima de ejercer dominio sobre un bien. No deja de ser privada por ser colectiva, ni tampoco es estatal por no ser individual. Las sociedades son formas de ejercer el derecho de propiedad privada de forma colectiva, siendo uno de sus más claros ejemplos las sociedades anónimas. Nadie en su sano juicio afirmaría que una fábrica que es propiedad de una sociedad anónima ha dejado de ser propiedad privada, menos aún que ha pasado a ser propiedad estatal (“pública”). Entonces no existe un conflicto entre propiedad privada colectiva (como las cooperativas que menciona Bunge), y el concepto de propiedad privada como tal, pues la propiedad privada puede perfectamente ser individual o colectiva.

Otro error que el autor comete en su primer párrafo es asumir que lo que se haga en Suiza o en los EEUU es un ejemplo de capitalismo. Este error es muy común, y lo he escuchado muchísimas veces. Es fácil ver el error. Si esa afirmación es correcta, significaría que si en Suiza decidieran estatizar todo y que el Estado decidiera cómo se produce y distribuyen los recursos de acuerdo a planes quinquenales, la URSS habría sido capitalista, no socialista. En efecto, es falaz decir “lo que haga X es capitalista”, porque no necesariamente X hará cosas “capitalistas”. Lo cual nos lleva a preguntarnos el significado de “capitalismo”. Mi comprensión de esa palabra implica un mercado libre de intervención estatal, es decir, una sociedad con instituciones de corte liberal. Ahora, si se quiere ser estricto, “capitalismo” puede entenderse de muchas maneras. Los marxistas y afines le llaman así a la “dictadura o dominio del capital”, mientras que otra definición habla de un sistema en el que se puede generar y acumular capital de forma libre, habiendo incluso otras distintas, con diferentes implicancias. Es por esto que hablar de “capitalismo” sin al menos dar a entender qué se entiende por el término es como mínimo caer en ambigüedades, en el peor de los casos puede implicar un uso inconsistente de acepciones y tener como resultado un argumento falaz e inválido.

Pasando a otro error que Bunge comete, esta vez ya por ignorancia de la ciencia económica, es asumir que quien desea que se privaticen recursos, nunca lo hace pensando en la utilidad pública, y que la utilidad pública no se considera cuando los recursos son de propiedad privada. Es un error también común que deriva de no entender a cabalidad conceptos económicos como ‘utilidad’, ‘lucro’, y las condiciones necesarias para que un intercambio libre y voluntario se lleve a cabo. La utilidad es el nivel de satisfacción que una persona deriva de la realización de algún fin, por ejemplo de comer una manzana. Esto significa que la utilidad es siempre mental y subjetiva, es decir, no es algo físico mensurable y cada persona deriva una utilidad diferente de las mismas cosas, pues los fines son diferentes y la intensidad con que se desean estos fines varía de persona a persona (y de momento a momento). Lucro, en ciencia económica, es simplemente un beneficio, cualquiera que este sea. La definición contable y legal de esta palabra difiere de la económica y se refiere a la utilidad financiera que deja el ejercicio de una actividad, pero esta definición no es buena para describir el verdadero lucro económico, que es como ya dije, cualquier beneficio que se pueda percibir de algo, incluyendo cosas como una mayor comodidad, tranquilidad, placer, felicidad, entre otras categorías similares no mensurables y mentales. También sabemos que un intercambio libre y voluntario sólo será llevado a cabo cuando todas las partes involucradas consideran que se verán beneficiadas de su concreción. Es decir, sólo se dará el intercambio si cada parte valora más lo que recibe, que lo que entrega a cambio. Esto es considerando todo lucro económico, entendido como ya expliqué antes, es decir, incluyendo toda clase de beneficio, material o inmaterial, físico o mental, no sólo el beneficio financiero o monetario. De esto se sigue que un intercambio voluntario sólo se dará si incrementa el bienestar de la sociedad en su conjunto, es decir, la sumatoria del bienestar de cada persona, si se quiere expresar de esa forma, a pesar de que el bienestar no sea algo cuantificable. De aquí proviene el error que Bunge comete al creer que la “utilidad pública”, es decir, el bienestar de todos en conjunto, no necesariamente aumenta cuando se llevan a cabo intercambios libres y voluntarios en un marco de respeto a los derechos de propiedad privada (individual y colectiva). El autor cree que un intercambio libre y voluntario puede darse en casos donde una de las partes no valora más lo que recibe que lo que entrega a cambio. Por supuesto, luego del intercambio las valoraciones de cada uno pueden cambiar (y de hecho lo hacen), y esto puede llegar a implicar que una o más de las partes pasa a valorar más lo que anteriormente entregó, que lo que recibió a cambio. Esto se llama “cometer un error”, y es imposible evitar que las personas cometan errores, en tanto es imposible prever cuales serán las valoraciones que cada persona dará en el futuro a cada cosa y fin. Por esto es que es imposible que la propiedad estatal de algún recurso sea capaz de mejorar el resultado que emerge de los intercambios libres y voluntarios que se dan de manera espontánea en un marco de respeto a los derechos de propiedad privada. Y nada de esto es cubierto por un “velo ideológico”. Tampoco es un esquema simplista, afirmar eso sería desconocer la complejidad implícita en lo ya dicho, donde en un contexto de la existencia de miles de milllones de personas, se intecambian miles de millones de recursos diferentes, y teniendo cada una sus propios fines y valoraciones de éstos, lo que se tiene es un sistema sumamente intrincado y complejo, al que se suele llamar con nombres tales como “economía”, “mercado” y “sociedad”, siendo éstos esencialmente sinónimos, variando sólo en el punto de vista usado para observar el mismo fenómeno. En este punto se podría discutir de la necesidad de que el Estado sea propietario de algunos recursos para garantizar este marco, pero no es mi intención entrar en esa discusión, que es diferente de los puntos que quiero hacer acá, además de no ser parte de la argumentación de Bunge.

Me parece que lo ya explicado es suficiente para entender los errores esenciales que Bunge comete, los que luego repite numerosas veces en el resto de su escrito. También comete otros errores que podría ser interesante abordar, pero que por ahora elijo no hacerlo para no extenderme más de lo que ya he hecho. Probablemente lo haga de manera individual si alguien me lo solicita.


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La inanición del socialismo

Una de las conclusiones a que llega el pensamiento de la escuela de la Public Choice es que la gente de una organización que atiende a un problema tiene un fuerte incentivo a perpetuar el problema de forma de no perder su fuente de ingresos. Un ejemplo popular es que los médicos tienen un incentivo fuerte a intentar que la gente se enferme, porque así tienen más pacientes (clientes).

Este incentivo, en un mercado libre, está más que contrapesado por la libre competencia, donde aquellos médicos que de hecho tratan de hacer que la gente se enferme tienen una fuerte tendencia a perder clientes hasta quedar fuera del mercado. Otros ejemplos pueden incluir al estado y el crimen (entre más crimen, más pueden alegar los funcionarios estatales que necesitan más recursos) y el caso que me interesa: las organizaciones que “defienden los derechos de las clases proletarias”, como la Unión Clasista de Trabajadores y las corrientes socialistas

Hoy las clases o castas sociales básicamente ya no existen, pues para que haya tal cosa prácticamente no debe haber movilidad entre castas, sobre todo hacia arriba, ya que una de las características principales de las clases o castas sociales es la inmovilidad de sus miembros[1]. Por otro lado, la pobreza absoluta que fue el caldo de cultivo del socialismo ha dejado de existir. En ningún país donde ha habido capitalismo real (baja presión fiscal y regulatoria, respeto a la propiedad privada, poco proteccionismo) por unos 20 años hay necesidad de trabajo infantil ni pobreza extrema generalizada, que ya fue superada.

Esto significa que básicamente este tipo de organizaciones y corrientes está quedando obsoletas, están perdiendo su razón de ser. Sin pobres ni clases sociales inmóviles, no hay sustento real para el socialismo. Por este motivo es que los socialistas que van quedando están empecinados en multiplicar los pobres, y hacerlos lo más miserables posible. En palabras de Jorge Giordani, Ministro de Planificación de Chávez y Maduro: “El piso político nos lo da la gente pobre: ellos son los que votan por nosotros, por eso el discurso de la defensa de los pobres. Así que, los pobres tendrán que seguir siendo pobres, los necesitamos así”[2].

Lo lamentable del caso es que el contrapeso de la libre competencia no aplica al estado, pues es éste un monopolista, no tiene competencia que lo desbanque cuando produce malos resultados. Por esto, cuando los socialistas llegan al poder pueden efectivamente llevar a cabo su destructiva labor de empobrecimiento y pauperización masiva. Ya que la profecía de Marx de la pauperización en el capitalismo no se cumplió, los socialistas están fabricando su propia pauperización artificial.

Y aún peor es que a la vez le echan la culpa a la libertad, o más precisamente al “neoliberalismo”, siendo que ese término, al ser analizado en su uso, identifica las políticas que han llevado a cabo los socialistas mismos. Es decir, los socialistas hacen política “neoliberal”, pero ellos no se dicen neoliberales, según ellos los neoliberales son los liberales. De esta forma le echan la culpa de esta pauperización artificial a lo que en realidad prácticamente la hizo desaparecer.

Claramente necesitamos combatir el socialismo con todas nuestras fuerzas, ya que de lograrlo, es muy probable que en un par de generaciones éste llegara a desaparecer por simple inanición. Sin pobreza, su principal fuente vital, el socialismo quedaría obsoleto y superado, falleciendo de forma natural.

[1] Estratificación y movilidad social en Chile: entre la adscripción y el logro, CEPAL, Florencia Torche, Guillermo Wormald http://books.google.cl/books?id=0VeBk-TV0joC&lpg=PP1&pg=PA69#v=onepage&q&f=false

[2] Jorge Giordani: “Los pobres tendrán que seguir siendo pobres, los necesitamos así”, DolarToday, Mar 24, 2013 https://dolartoday.com/jorge-giordani-los-pobres-tendran-que-seguir-siendo-pobres-los-necesitamos-asi/

RE: Seis mitos sobre el comunismo que se cumplen en el capitalismo

El 14 de febrero Russia Today en español publicó un artículo llamado “Seis mitos sobre el comunismo que se cumplen en el capitalismo” donde supuestamente explica cómo es el capitalismo el opresivo, expropiador e inhumano, y no el comunismo. La realidad es que estas acusaciones son tan infundadas como otras similares que se han vuelto populares.

El articulo comienza diciendo que “el poder estatal es una condición indispensable para la protección de la propiedad, piedra angular del capitalismo.” Esto es incorrecto, es un hecho sabido por los estudiosos del tema que muchísimas culturas anárquicas primitivas si funcionaban (y funcionan aún algunas) con propiedad privada y un sistema legal y judicial completo y muy efectivo. Al respecto este ensayo de Bruce L. Benson es bastante elocuente. Por otro lado, el uso de la coerción es prácticamente universal en los sistemas colectivistas.

El siguiente “mito” dice que el capitalismo se basa en la expropiación, cosa bastante falsa. Lo que sí se basa en esto es el estatismo y el mercantilismo que siguen muy vivos hoy. Es un error muy común confundir mercantilismo -el cual se trata de otorgar privilegios a ciertos grupos mercantiles a costa del resto mediante regulaciones y monopolios- con capitalismo de libre mercado. Y hay muchos ejemplos de economías de mercado que surgieron sin expropiarle un milímetro a ningún otro pueblo ni esclavizar a nadie, por ejemplo la exitosa experiencia de Taiwán o de Singapur, entre muchos otros.

También es errónea la afirmación de que la prosperidad estadounidense y europea se debe a que en un momento de su historia emplearon esclavos o robaron sus bienes y tierras. La prosperidad estadounidense proviene de gente como Andrew Carnegie, John Rockefeller entre otros grandes empresarios que redujeron el precio de productos como el petróleo y el acero al punto que los precios de casi todo bajaron y el poder adquisitivo de la gente subió dramáticamente. Si, estos “malvados empresarios” cometieron el horrible crimen de hacer más ricos a todos los estadounidenses y de paso a los habitantes de muchos otros países. Los EEUU se volvieron una superpotencia mundial recién ahí, no antes. Y vale la pena recordar que para ese momento, ya habían abolido la esclavitud de que habla el artículo de RT. De igual forma el exterminio de los indígenas norteamericanos tampoco fue una causa de la posterior prosperidad de esos países. Es algo obvio que exterminar a un pueblo no es más rentable que comerciar pacíficamente con él.

Tampoco se entiende la frase que dice que se priva a los campesinos el acceso a los campos. De hecho esto es una característica clásica de los regímenes socialistas como los africanos, donde la gente simplemente no puede ser propietaria de tierras. Y menos aún se entiende ese reclamo de “falta de libertades”. ¿Qué libertades reclama el autor que no se respetan? No las especifica, porque claramente en los sistemas socialistas se respetan mucho menos las libertades básicas.

El siguiente punto pretende achacar al libre mercado los problemas de desnutrición causados por políticas proteccionistas y socialistas. ¿No es acaso curioso que donde hay más problemas de pobreza es en los lugares donde más prevalece el socialismo?

El cuarto punto pretende achacar al capitalismo cosas que nuevamente son obra del estatismo: guerras, esclavitud, etc. Además, graciosamente culpa a quienes se defendían de gobiernos opresivos y dictatoriales de ser los culpables de las muertes ocurridas durante las rebeliones contra estos gobiernos. Además, por algún motivo ignora los millones de muertos bajo regímenes socialistas de todo tipo, incluyendo a los nazis, otros fascistas, China, la URSS, las víctimas de los guerrilleros socialistas en todo el mundo. Si a esto se le suma las víctimas de guerras iniciadas por estos mismos regímenes, las hambrunas sufridas allí y diversos genocidios por estos regímenes, el total excede los 300 millones con holgura.

El penúltimo punto es ridículo. Entre otras cosas, pasa por alto la gran diversidad cultural e individual que se da cuando hay libertad, mientras que el socialismo pretende imponer la cultura “aprobada por el partido” y prohibir todo lo que no sea del agrado de los gobernantes. Siempre ha sido así, desde la fuerte censura y represión en los países del bloque soviético, hasta el más disimulado “incentivo a la cultura” dirigido desde los estados socialdemócratas modernos.

El último punto es también una falacia. Que mucha gente tenga gustos similares no significa que de alguna manera se los esté obligando a “ser iguales”. Más bien debería el autor fijarse en la gran variedad de gustos que hay aparte de los mayoritarios. No sólo existen las grandes cadenas de supermercados y de locales de comida rápida, también existe una tremenda cantidad de locales que apelan a los gustos más variados, desde restaurantes con cocina de todos los rincones del mundo y con los temas más variados, pasando por todo tipo de cosas, incluyendo tiendas de antigüedades, de artesanías de todo tipo, grupos musicales de una variedad casi inimaginable de estilos, etc. Toda esta variedad que apela a los más diversos gustos individuales jamás existió ni existirá en una economía comunista. La socialdemocracia imperante ya le hace bastante daño a esta diversidad como es.

El resumen más sucinto que puedo hacer después de haber escrito lo anterior es que el autor confunde capitalismo con estatismo y la socialdemocracia imperante, mal llamada “neoliberalismo” o “capitalismo”. Se le achacan al capitalismo hambrunas que son consecuencia de políticas de corte socialista (exceso de regulación de los mercados, emisión monetaria descontrolada, alta fiscalidad), expropiaciones que son medidas también de corte socialista (¡Exprópiese!) etc. En una frase: es una falacia de comienzo a fin.

Crítica a Marcel Claude y Jaime Bellolio

Hace un tiempo un amigo me mandó este video de Marcel Claude hablando con Jaime Bellolio. Tal vez esperaba que defendiera a Bellolio, pero haré lo contrario.

Para empezar, criticar su afirmación de que “los bancos deben ser regulados”. No! Hay que eliminar regulación, partiendo por abolir el Banco central, abolir las leyes de curso forzoso y abolir las leyes que les conceden privilegios a los bancos para operar con una reserva fraccionaria, además de insistir en que el gobierno no rescatará a ninguna empresa, sea o no “muy grande para quebrar” ni garantizará los depósitos. Eso en realidad es subsidiar a los ricos.

En segundo lugar, el estado a través del Banco Estado no debe usar recursos extraídos por impuestos para “dedicarse a aquellos ámbitos a dónde no están llegando los privados”. Si no están llegando ahí es por un motivo. Henry Hazlitt explica muy bien este punto en el quinto capítulo de su obra maestra ‘La Economía en una Lección”. Tal cosa es perturbar los mecanismos que tiene el mercado para asignar los recursos a quienes probablemente harán un uso más productivo de ellos. Además, si el mercado no quiere conceder préstamos a alguien, será porque esa persona no tiene crédito. Eso significa que es muy poco probable que pueda devolver el préstamo. Entonces hacer lo que propone Bellolio no es más que dilapidar recursos escasos, frenar la producción y la elevación de los estándares de vida y poder adquisitivo de la gente en general.

Y pasando a Claude, es cierto que en Chile no opera el libre mercado, aunque a diferencia de su diagnóstico, es porque hay un exceso de regulación, impuestos, subsidios, además de la influencia planificadora del banco central. Como ya mencioné antes [http://on.fb.me/191bMMv], la concepción que tiene Marcel de los monopolios y oligopolios no es interesante. Siempre que haya libre mercado estos grupos no podrán “abusar” de su posición. Lo importante es que se eliminen todo lo posible las barreras artificiales al emprendimiento, y estas barreras son las impuestas por la intervención estatal en forma de subsidios, impuestos y regulaciones, que al final del día benefician sólo a las empresas grandes que tienen los recursos para manejar estas cosas y que ven su competencia reducida a causa de tal intervencionismo.

Es falso que los consumidores no tengan muchas opciones. Bástese con pensar cuántas cosas diferentes uno puede comprar con mil o diez mil pesos. La gran mayoría de cosas que se pueden comprar en un supermercado cuestan menos de diez mil pesos, para qué hablar de otras alternativas como ahorrar. Claro, habrían muchas más alternativas si hubiera menos intervencionismo estatal, pero eso no significa que no haya alternativas.

Después Marcel dice que el interés público está opuesto al interés privado, pero olvida que el interés público está compuesto por los intereses privados de cada persona. El interés público ES el interés privado.

Sobre la democracia, espero que lo que tengamos no sea eso, Hoppe explica muy bien porqué la democracia es un peligro público en las siguientes citas:

“Previsiblemente, bajo condiciones democráticas la tendencia de todo monopolio – de aumentar los precios y reducir la calidad – sólo será más pronunciada. En lugar de un príncipe que considera al país como su propiedad privada, un tutor temporal es puesto a cargo del país. Él no es dueño del país, pero mientras está en el cargo se le permite usarlo para ventaja propia y de sus protegidos. Él es dueño de su uso actual – usufructo – pero no de su capital. Esto no eliminará la explotación. Al contrario, hará que la explotación sea menos calculada y llevada a cabo con poca o nula relación al capital, es decir, de forma cortoplacista. Por otra parte, la perversión de la justicia ahora procederá aún más rápido. En lugar de proteger los derechos de propiedad privada pre-existentes, el gobierno democrático se convierte en una máquina para la redistribución de los derechos de propiedad existentes en nombre de la ilusoria ‘seguridad social’.”

“El modelo americano – la democracia – debe ser considerado como un error histórico, tanto económica como moralmente. La democracia promueve la miopía, el desperdicio de capital, la irresponsabilidad y el relativismo moral. Conduce a redistribución permanente y obligatoria de la riqueza y la renta y a la inseguridad jurídica. Es contraproducente. Promueve la demagogia y el igualitarismo. Es agresiva y potencialmente totalitaria internamente, vis-à-vis de la propia población, así como externamente. En suma, se conduce a un espectacular crecimiento del poder estatal, que se manifiesta por la cantidad de ingresos gubernamentales y de la riqueza parasitariamente apropiados – por medio de impuestos y expropiación – en relación a la cantidad de ingresos privados y riqueza adquiridos productivamente – a través del intercambio de mercado -, y por la variedad y la invasividad de la legislación estatal. La democracia está condenada al colapso, tal como el comunismo soviético estaba condenado al colapso.”

Sobre lo del financiamiento de las campañas políticas por “los poderes fácticos” (a los que yo y cualquier economista que entienda algo de esto llama “intereses especiales”) estoy de acuerdo. La cosa es que los sistemas democráticos, por su naturaleza degeneran en esto. El problema no es que no haya democracia, el problema ES la democracia, al menos en este punto.

Lo último es que Claude no entiende que el lucro, en un mercado libre, es una señal que indica que lo que se está haciendo es valorado por el resto -por la sociedad si se quiere-. Entonces el fin de lucro en esas condiciones implica hacer lo que la sociedad valora más. ¿Qué cosa es más democrática, social, y de utilidad pública que eso?