El conservacionismo debería oponerse a la reforma de los derechos de aguas

Entre las propuestas que está analizando el gobierno respecto del agua están estatizarla (monopolio estatal), limitar la duración de los derechos y castigar a quienes tienen derechos pero “no los usan”. Más allá de los nocivos efectos económicos y la mala economización que previsiblemente resultaría, quiero llamar la atención sobre los efectos que tendría para el conservacionismo.

La primera propuesta, crear un monopolio estatal del agua (agua lluvia y atmosférica, glaciares, ríos, etc.) sería potencialmente perjudicial para el conservacionismo, ya que siendo el agua privada, los grupos conservacionistas interesados en preservar un glaciar, un río y su ecosistema, etc., pueden comprar esos recursos y cuidarlos, y nadie tiene derecho a dañarlos ni usarlos de un modo que al grupo no le parezca. En cambio, si el estado es dueño del glaciar o río, no hay ninguna garantía de que el gobierno de turno no se los vaya a entregar a una minera o cualquier otro grupo de interés, y que esta los destruya, cosa que no pasaría si un grupo conservacionista fuera el dueño. Y seamos realistas, los estados no suelen ser muy conservacionistas ni sustentables con el uso de un recurso una vez que lo monopolizan.

La segunda y tercera propuestas mencionadas también van en detrimento de los grupos conservacionistas, ya que lo que ellos quieren es justamente tener los recursos para usarlos en “no usarlos”, cosa que sería castigada con multas o impuestos especiales. Entonces los costes de conservar intactos esos recursos y sus ecosistemas se disparan.

Los conservacionistas deberían ser de los primeros y más vociferantes opositores a tales medidas, pues les quita poder y vías de acción. Son medidas desempoderantes y un perjuicio claro para cualquier conservacionista.

Como extra les dejo esta charla que muestra el efecto que tiene cuando se castiga y desincentiva el “no uso” de los recursos hídricos:

 

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Las fatales fallas de nacionalizar el agua

Alejandro Guillier pide estatizar los recursos hídricos

La gente que pide nacionalizar el agua no sabe que hacerlo básicamente significaría condenarnos a tener una escasez de agua. Hay una frase que viene mucho al caso: “Si se nacionalizara el Sahara en poco tiempo habría escasez de arena”. Se refiere a la llamada “Tragedia de los comunes”, fenómeno que se ha observado infinitas veces en la historia allí donde algo ha sido convertido en “de libre acceso”, “de todos” o “de nadie”. Los economistas han explicado este fenómeno hace mucho tiempo, pero la gente que no sabe de economía se deja llevar por las palabras bonitas sin saber que se están condenando a la miseria. Al que le interese el tema, le recomiendo ver este video corto, que es un extracto de esta excelente charla de Enrique Ghersi, dictada en la Universidad Francisco Marroquín.

No es el único problema, porque si el agua es “de todos” tendría o que ser de libre acceso, o habría que consultar con todos (literalmente) para poder usarla. Y como el segundo caso es impracticable, lo primero es lo que se haría. ¿Y qué impediría que uno de los “todos” se la llevara toda? “No, el gobierno establecería cuotas” suele ser la respuesta. Pero en ese caso, técnicamente el agua sería del gobierno, no “de todos”. La lógica de “el agua es de todos” se cae por su propio peso hasta con ese simple examen.

Más aún, privatizar un recurso tan esencial permite “democratizar” el uso de este recurso, dándole la posibilidad a cada comunidad de adquirir el recurso y disponer de él como mejor le parezca. Nadie estaría obligado a permitir que una empresa use el recurso, ni tampoco a venderlo. Así, los que desean evitar el uso industrial del recurso simplemente tendrían que adquirirlo y no venderlo. Si es el estado quién decide cómo se usa el recurso, este mecanismo desaparece y queda a merced de los caprichos del gobernante o funcionario de turno. Y es sabido que estos funcionarios suelen ser presa fácil de la seducción emprendida rutinariamente por las grandes empresas. En ningún modo la estatización garantiza un uso del recurso acorde con los deseos y necesidades de la gente que de otro modo sería con toda probabilidad dueña de él.

Es claro que la mejor solución al tema de los recursos hídricos no es la estatización, sino que la privatización.