[Traducción] Los libertarios siempre han llevado la delantera en el tema matrimonial

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El líder del Partido Libertario, David Boaz, dice que su partido apoyó la igualdad de matrimonio -y derechos completos para gays y lesbianas- mucho antes que Barack Obama y Hillary Clinton.

Por David Boaz
25 de junio del 2015

Mientras la Corte Suprema se prepara para un juicio histórico, la mayor parte del país ahora apoya el matrimonio gay. Los libertarios lo hicieron primero. De hecho John Podesta, uno de los principales asesores de Bill Clinton, Barack Obama y Hillary Clinton, y fundador del Centro por el Progreso Americano, comentó el 2011 que probablemente debías haber sido un libertario para haber apoyado el matrimonio gay 15 años antes.

Hace sólo 7 años, en la campaña presidencial del 2008, tanto Barack Obama, Joe Biden, como Hillary Clinton se oponían al matrimonio gay. El Partido Libertario apoyaba los derechos de los gays con su primera plataforma en 1972- el mismo año que el nominado a vicepresidente por el Partido Demócrata se refirió a “maricones” en un discurso en Chicago. En 1976 el Partido Libertario emitió un panfleto llamando al fin de las leyes anti-gay apoyando completos derechos  matrimoniales.

Eso no es una sorpresa, por supuesto. Los libertarios creen en los derechos individuales para todos, igualdad ante la ley. Por supuesto que reconocieron los derechos de los gays antes que lo hicieran los socialistas, conservadores, o los “liberales igualitarios”.

La Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América promete a los americanos vida, libertad y la persecución de la felicidad. Por supuesto, no todos disfrutaron esos derechos al principio. Pero eventualmente esas ideas enraizaron y llevaron a la abolición de la esclavitud y luego a los derechos civiles y los derechos de las mujeres. Tomó aún más tiempo para que la gente se tomara en serio la idea de la actividad homosexual como un asunto de libertad personal y reconocer a los gays y lesbianas como un grupo merecedor de derechos.

Fueron los liberales clásicos, los ancestros de los libertarios, quienes primero llegaron a esa conclusión. Desde Montesquieu y Adam Smith en el siglo 18, al economista ganador del premio Nobel F.A. Hayek en 1960, Fueron los libertarios quienes insistieron en que (en palabras de Hayek) “las prácticas privadas entre adultos, por muy aberrantes que puedan ser para la mayoría, no son un sujeto apropiado para la acción coercitiva para un Estado cuyo objeto es minimizar la coerción”.

Los historiadores han usualmente notado el peligro general que representa para las minorías un gobierno poderoso y expansivo. En su libro Cristiandad, Tolerancia Social, y Homosexualidad, el historiador de Yale, John Boswell, escribió que “las personas gay estaban de hecho más seguras bajo la República [Romana], antes de que el Estado tuviera la autoridad o medios para controlar aspectos de las vidas privadas de la ciudadanía. Cualquier Gobierno con el poder, deseo, medios para controlar asuntos individuales tales como la creencia religiosa podría también regular la sexualidad, y cómo la gente gay parece ser siempre una minoría, la probabilidad de que sus intereses tendrán mucho peso es relativamente escasa”. En Asuntos Íntimos: Una Historia de la Sexualidad en América , John D’Emilio y Estelle Freedman notaron que un creciente compromiso con la libertad en los Estados Unidos del siglo 18  desencadenó “un declive promedio en la regulación estatal de la moralidad y una transición en las preocupaciones de las transgresiones morales privadas a las públicas”.

A pesar de la amplia influencia del liberalismo en el mundo, los gobiernos han continuado  interfiriendo en la sexualidad. Las relaciones homosexuales eran ilegales en casi todos los Estados estadounidenses, hasta fechas tan recientes como los 60s, y 13 Estados aún tenían tales leyes en los libros hasta que la Corte Suprema las derogó el 2003. Cuando estas leyes eran vigorosamente hechas cumplir,  empujaron a los gays a la clandestinidad y crearon mucha miseria. Los gays y lesbianas no podían ser abiertos sobre sus vidas. Si lo eran, arriesgan ser despedidos, ser expulsados de sus casas, e incluso ser golpeados o asesinados. Una vez que los gay se manifestaron a favor de sus derechos, las actitudes sociales comenzaron a cambiar y los Gobiernos dejaron de hacer cumplir las leyes. Aún así, hasta la sentencia de la Corte, las leyes de sodomía aún eran usadas, por ejemplo, para negar a los padres gay la custodia de sus hijos.

Hoy, los libertarios creen, como John Stuart Mill famosamente escribió, que “sobre si mismo, sobre su propio cuerpo y mente, el individuo es soberano”. Eso se aplica a la gente gay y a todo el resto. Por lo tanto los libertarios continúan oponiéndose a leyes que criminalizan cualquier actividad sexual consensuada entre adultos, en los EEUU y cualquier otro lugar.

Muchos libertarios argumentan a favor de la privatización completa del matrimonio, haciendo de él un asunto de contrato individual y -para aquellos que lo quieran- una ceremonia religiosa, removiendo así cualquier necesidad por un reconocimiento estatal de los matrimonios. Mientras el matrimonio sea una licencia estatal, empero, las parejas del mismo sexo tienen derecho a los mismos derechos legales. La misma regla aplica a otros programas gubernamentales, desde leyes impositivas, a Seguridad Social, a adopción. Los libertarios desearían sacar al Gobierno de la mayoría o todas las áreas, pero mientras el Gobierno esté inmiscuido, debe tratar a los ciudadanos de igual manera. La Corte Suprema podría pronto estar de acuerdo.

David Boaz es vicepresidente ejecutivo del Instituto Cato y autor de La Mente Libertaria, publicado por Simon & Schuster.

Traducción: Dusan Vilicic Held
Texto original:
http://www.advocate.com/commentary/2015/06/25/op-ed-libertarians-have-long-led-way-marriage

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Government = Corruption = Undeserved Wealth = Insider Favoritism

¿Los EEUU son “el epicentro del libre merdado”? Ni de lejos

International Liberty

In hopes of learning some lessons, let’s take a tour through the dank sewer of government, the place where malice is rewarded and malfeasance is a stepping stone to success.

Writing for the Washington Post, Professor Stephen Medvic argues that America’s political system is mostly clean.

…there is very little political corruption in the United States. …According to Transparency International’s 2015 Corruption Perceptions Index, a survey of expert opinion about the level of corruption in 167 countries, only 15 countries were judged to be cleaner than the United States. …our score of 76 (out of 100) was considerably higher than the average score of 67 in the European Union and Western Europe.

But before concluding that Mr. Medvic is a crazy crack addict, he is using a very narrow definition of corruption in the above excerpt, focusing on politicians who trade votes for under-the-table money that goes into their…

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[Traducción] Seis formas en que los padres enseñan valores socialistas a sus hijos

ducciónPor Michael Esch

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Todo el tiempo escuchamos a las generaciones más viejas decir que los mileniales necesitan madurar. Algunos incluso han dicho que no les interesa que estén listos con la universidad, ellos sólo quieren que estén listos con vivir en sus sótanos. Que la generación más joven necesita tomar responsabilidad personal sobre sus vidas. Escuchamos que la gente joven no tiene ética del trabajo y que se sienten con derecho a todo. La mayor parte de esto es verdad, pero ha sido resultado de una generación parental reforzando ideas socialistas en casa.

El socialismo es la idea de que todos son responsables de todo el resto. Nadie en la comunidad debiera tener más que lo que tiene cualquier otra persona independiente de su productividad. Si alguien llegase a ganar más dinero, la autoridad, el Gobierno, re distribuiría ese dinero a las personas más necesitadas.

Estas son 6 formas en que los padres enseñan valores socialistas a sus hijos.

1) Compartir

Forzar a los niños a compartir es la forma más floja de crianza. Un padre escucha a dos niños peleándose por un juguete, entra en la habitación, le grita a los niños que compartan el juguete y sale. Los padres que hacen esto están enseñándole a sus hijos que siempre que alguien llegue a robarle sus posesiones, lo que debe hacer es simplemente entregarlas. Si se niega a hacerlo, la autoridad vendrá y lo castigará.

Solución
Enséñale a tus hijos que tienen prohibido robar. Si un niño está jugando con un juguete en la casa, entonces ese juguete es de él, y no tienen porqué compartirlo. Simplificar las reglas en la casa hace más fácil para los niños saber lo correcto y lo incorrecto. Los niños van a compartir de forma natural porque son sociales. Ellos desean jugar con otros, y la única forma de hacerlo es compartiendo. Compartir es bueno cuando es una elección, pero cuando es forzado es antinatural y resulta en  roces. reduce el conflicto en tu casa deteniendo el robo.

2) Enseñar Obediencia

Cuando un padre dice, “porque yo lo digo”,  le está enseñando a sus hijos obediencia ciega. Ésta también es una forma floja de crianza. Refuerza la idea de que un niño no tiene poder de decisión en su vida. Deben obedecer a la autoridad a toda costa. A medida que los niños crecen escuchando esta frase,  el resultado son algunos de los crímenes más perversos, y la defensa es ”sólo estaba siguiendo órdenes”.

Solución
Los padres deben explicar sus decisiones a los niños. A medida que un niño crece, debiera tener más control en la toma de decisiones. Además, si deseas enseñarle responsabilidad personal a tus hijos, entonces permitirles tomar malas decisiones Sirve como aprendizaje. Sí, a veces esto es más estresante, pero resulta en un niño qué toma control de su vida y aprende a lidiar con las consecuencias de sus decisiones.

3) Fuerza Innecesaria

A veces cuando un niño no es obediente, es fácil usar fuerza innecesaria para obtener obediencia. Cuando los castigos son demasiado fuertes, un padre usualmente puede manipular al niño para que haga lo que sea. Esto le enseña al niño que los castigos nunca puede ser demasiado fuertes. Luego de crecer con castigos duros no es extraño que la mayoría de estadounidenses estén de acuerdo con que el gobierno torture prisioneros.

Solución
Cada acción que tomamos tiene consecuencias naturales. Como padres, debiéramos intentar evitar estas consecuencias naturales. Si Juanito le pega a su hermana, entonces no tendrá permitido jugar con ella. Esta es una consecuencia natural. De esta forma los niños crecen y se vuelven más sensibles a las injusticias en el mundo.

4) Gestionar el juego

En una sociedad socialista, existe un negocio que ofrece un producto. la competencia está restringida pues promueve el lucro. Por lo tanto, las escuelas determinan como un niño puede servir mejor a la comunidad. Entonces el niño es puesto en esa ocupación. Esto se está volviendo más aceptado porque los padres gestionan el juego de los niños o el tradicional “tiempo libre”.

Un niño en edad escolar despierta, y entonces va a la escuela por 8 horas. En la escuela, le dicen qué leer, qué mirar y qué estudiar. Entonces van a practicar deportes donde les dicen cómo jugar. Entonces nos preguntamos porque ellos se sientan estando “aburridos” todo el tiempo. Nunca se les da la oportunidad de explorar sus propias decisiones.

Solución
¡Dale más libertad a tus hijos! Déjalos decidir lo que desean aprender. Déjalos decidir lo que quieren jugar. Déjalos explorar su curiosidad.  A medida que un niño crece en libertad, así también crece su potencial de aprendizaje. Los niños aprenderán de forma natural a tomar responsabilidad de su tiempo.

5) Quehaceres sin Compensación

A muchos niños se les dan quehaceres semanales y diarios sin compensación. Algunos padres dicen que ellos les pagan a sus hijos con alojamiento y comida. Eso no es verdad Porque si el niño no hace el quehacer, el padre igual les proveerá alojamiento y comida. Esto refuerza valores socialistas de que sin importar lo que haga siempre se le proveerá alojamiento y comida.

Solución
Enséñale a tus hijos cómo negociar. Los quehaceres debieran asemejarse al trabajo, y con el trabajo hay una compensación. esto no significa que tu hijo debiera tener una mesada. Simplemente significa que debe haber un intercambio por su trabajo y tiempo. Enseñarles que su trabajo y tiempo tienen valor es bueno para su ética de trabajo.

6) Sin Alternativas

Bernie Sanders, un candidato presidencial socialista, recientemente dijo que debiera haber sólo un tipo de desodorante. En una sociedad socialista, no hay alternativas. Los padres que no le dan alternativas a sus hijos están reforzando el valor de que la autoridad sabe lo que es mejor para el individuo y que los niños  debieran confiar en que ella tome esta decisión.

Solución
Dale a tus hijos la libertad de elegir. Cuando coman desayuno, déjalos elegir lo que van a comer. Cuando planifiques una vacación o una salida a comer, permite que los niños tengan una voz democrática en la toma de decisiones. Esto le enseña a los niños cómo tener una opinión y defenderla. Al permitirles elegir a los niños de forma consistente, ellos aprenden el valor de la libertad, lo que quieren en la vida y como obtenerlo.

Traducción: Dusan Vilicic Held
Original: https://thestand.liberty.me/6-ways-parents-teach-their-children-socialist-values

[Traducción] Mi año como billonario

Por Joe Kent

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Cuando tenía 22 años, tuve la experiencia única de ser capaz de vivir como un  billonario. para proteger los nombres de aquellos involucrados, prefiero no entrar en detalles de cómo tuve acceso a tanto dinero, pero digamos que súbitamente tuve una especie de padrastro muy rico.

Este hombre era enormemente rico. Era dueño de equipos deportivos,  y compañías de Fortune 500. tenía una mansión multimillonaria, y un jet privado. Él era el hombre más rico que había conocido, y súbitamente, yo era como su hijastro.

Creo que todos debieran vivir la experiencia de ser fabulosamente rico. Al menos por un año. Te da una gran expectativa del mundo. Por un lado, podía viajar. Visité más países ese año, que en el resto de mi vida.

Pero otra razón por la que todos debieran experimentarlo es porque por el resto de tu vida, sabrás de lo que te estás perdiendo. Cuando vuelvas a ser pobre (como lo soy hoy), sabrás exactamente qué tan pobre eres, comparado con qué tan rico podría ser. Por el resto de tu vida, cada pedazo de filete que comas puede ser comparado con el filete de un billonario, y sabrás exactamente la diferencia. Y es una diferencia muy importante de recordar. Porque la diferencia es –  no mucho, en realidad.

En lo que a filetes respecta, era bueno. Pero teniendo que elegir entre el filete casero hecho por mi mamá, y un filete servido en un restaurant caro, yo prefiero el de mi mamá cada vez. Ambos saben muy bien, y están cocidos a la perfección, con la cantidad justa de sazón. Pero no me interesa cuánto cuesta el filete, porque mi mamá cocina el mejor filete del mundo.

Lo mismo sucede con casi todo lo demás. En la mansión, teníamos un sistema de cine con un proyector. En mi pequeño departamento tengo un pequeño proyector que uso para proyectar en mi pared blanca. La calidad de la imagen es tan buena, que difícilmente notó La diferencia entre lo que tengo ahora, y lo que tenía en la mansión.

En la mansión teníamos una gran piscina. En mi complejo de apartamentos Tenemos una gran piscina. por lo general no hay nadie en la piscina ¡y ni siquiera me tengo que preocupar de limpiarla!

En la mansión teníamos nuestro gimnasio personal. en mi departamento tengo Mi par personal de shorts, que uso para salir a correr.

En la mansión teníamos una cocina gigante. Parecía salida de una revista. Tenía hermosa iluminación, una isla en la mitad hecha de mármol, un microondas que parecía de la era espacial, y un lujoso lavavajillas.

Por supuesto, mi pequeño departamento tiene su propia cocina, con un microondas, y un lavavajillas. Claro que no es tan bonita como la cocina de un millón de dólares, pero tengo todas las ollas y sartenes que necesito, y puedo cocinar todo lo que quiero.

En cuanto a muebles ¿Cuántos necesita uno realmente? La mansión estaba llena de camas y sillones. Un museo entero de camas y sillones. A veces una mesa aquí o allá. A veces una silla. Una lámpara ¿Qué se puede comprar realmente, aparte de camas y sillones?  Recuerdo caminar a través de la mansión llena de camas, sillones, mesas, y sillas y pensar ¿Cuál es la gracia? Cuando éramos pobres también teníamos camas, sillones, mesas, y sillas. Seguro, no teníamos tantas, pero ¿cuántas necesitas?

Mi padrastro billonario (como lo llamaremos) tenía un Audi. Era uno de los autos más lujosos del momento. Tenía un  manos libres, GPS, un sensor que piteaba cuando retrocedía. Era una maravilla tecnológica.

Pero me anticuado y viejo Mercedes Benz 1986 también es una maravilla tecnológica. lo compré por sólo $600, y anda y anda y anda. El pináculo de la ingeniería alemana de 1986, con paneles de madera, y un nuevo (en ese tiempo) dispositivo de seguridad llamado “airbag”. Ese auto me ha llevado de A a B, e incluso hasta Z, y de vuelta, y a veces hasta voy más rápido que los Audis en el camino.

Desafortunadamente, mis años como billonario han terminado, y ahora he vuelto a ser pobre nuevamente. Pero eso no es tan malo. Soy tan feliz cómo lo fui cuando era rico. De hecho, probablemente más feliz.

Pero, hay una cosa que el billonario tiene que yo no. El enorme poder para dar. Desearía poder dar la cantidad de dinero a la gente pobre que el billonario daba. Primero que todo, daba trabajo a miles de personas. En segundo lugar, él daba millones de dólares cada año a la caridad. Él ayudaba a gente alrededor del mundo, desde Guatemala a Filipinas. Él hacía viajes especiales para asegurarse de que el dinero estaba yendo a los proyectos adecuados, y a la gente indicada. La gente que realmente necesitaba la ayuda por encima de todos.

Este millonario daba porque él era un ser humano, y empatizaba con su prójimo. Alguna vez fue pobre también, así que sabía exactamente lo que es no tener suficiente para comer. Tenía tanta compasión qué sabía que quedarse con su dinero para sí mismo ayudaba más que si lo regalara todo. Porque si lo regalaste todo, no quedaría más dinero para entregar. Pero si se quedaba con algo para él, entonces podría seguir invirtiéndolo con gente, para que muchos más de nosotros pudiéramos permitirnos comprar nuestras propias camas, sillas, y sillones.

Traducción: Dusan Vilicic Held
Original: http://joekent.liberty.me/2014/05/03/my-year-as-a-billionaire

[Traducción] Capturado, esposado, y en prisión: Una historia personal

Por Jeffrey Tucker

Era un hermoso día, excepto que la mayor parte de él la pasé en la cárcel.

De un minuto al otro pasé de estar aparentemente libre a estar esposado y capturado. Cualquiera que haya experimentado algo así sabe exactamente a lo que me refiero. Si no lo has experimentado, espero que nunca lo hagas.

Podría ser mejor descrito como una pérdida de inocencia, sumado a una nueva conciencia de que todo lo que amamos y apreciamos en el mundo pende de un hilo. El hilo puede ser cortado, con o sin motivo, por un sutil movimiento de cualquier autoridad fiscalizadora de este país.

Es la segunda vez que voy a la cárcel -la primera vez fue por una multa impaga- así que no estaba completamente sorprendido al revisitar esa sensación de completa pérdida de albedrío y ser completamente dependiente de otros que no te valoran en absoluto. Me ha pasado antes y la primera vez sacudió mi mundo. Que otros te quiten todo lo que consideramos como humano es un desafío psicológico, y un trauma inolvidable.

La segunda vez, fue más fácil ver del otro lado. Lo que éstas personas quieren -me decía continuamente- es registrarme, dejarme como una estadística para mostrar lo esenciales que son, y luego saquear todo el dinero que sea posible. Entonces terminaría.

Para el final del día, había terminado. Excepto que no en realidad. Este incidente había terminado. Pero la realidad de que ninguno de nosotros realmente controla su vida, que nada de nuestra propiedad es realmente nuestra, que somos vulnerables al secuestro legal en cualquier momento. Esta es una realidad recurrente para toda la población. Ser arrestado y apresado es experimentar de primera mano la comprensión de que no hay verdadera libertad, no bajo el sistema existente.

De seguro no me va a pasar a mí

Cuando alguien es arrestado, la primera pregunta que tiene la gente es: ¿porqué? Hay una ansiedad implícita en la pregunta: ¿cómo puedo evitar este destino? Tal vez si no hago algo estúpido cómo lo que él hizo, no me sucederá a mí. Queremos convencernos de que el problema del Estado policial realmente es el problema de alguien más. Es sentido por gente que vive al borde, que consumen drogas, que son “inmigrantes ilegales”, que no saben cómo hablar de forma educada a la policía, y así sucesivamente.

Todo eso son ilusiones.

Bien, Así es como me sucedió a mí. hay una nueva ley de tráfico en la mayoría de los estados llamada la regla “moverse al costado”. Cuando la policía está detenida en el lado derecho del camino, tienes que moverte al carril izquierdo. Esto hace que el policía se sienta más seguro. En lo que a mí respecta, nunca había escuchado de esta ley y nunca se me había evaluado en mi comportamiento al conducir. El policía había puesto una trampa, deteniéndose allí al costado sólo para probar cumplimiento. Me moví un poco pero no lo suficiente.

Las luces se iluminaron detrás mío, y yo me estacioné. Le di al oficial mi licencia. Llegó otro auto policial. El volvió y me dijo que salga del auto, y me preguntó por qué mi licencia había sido suspendida. Estaba sorprendido. entonces recordé que me había atrasado un solo día en pagar una multa de estacionamiento. La señora en el escritorio me dijo que podría haber un problema con mi licencia, así que me dio un papel oficial titulado “Notificación Oficial de Reinstauración de Licencia de Conducir”, y puso el sello oficial en él.

Recordando esto, le dije al policía que podrían encontrar este documento en mi auto. Ellos buscaron porque en este punto no tenía permitido moverme. Ellos trajeron el papel de vuelta y lo observaron. Un policía dijo que claramente era legítimo. El otro dijo que no, qué fue emitido por la corte municipal, en vez del departamento de vehículos motorizados, así que no podía aceptarlo. Protesté pero la decisión había sido tomada.

Me miró y dijo: ponga sus manos detrás de su espalda. Fui esposado y guiado al auto. Proteste que mi computador, mi teléfono, todas mis cosas estaban en el auto. Nada de esto importó. Revisaron mi auto buscando drogas, armas, licor, o lo que sea. Encontraron una botella de pastillas sin etiqueta (anticoagulantes) y me interrogaron al respecto, implicando fuertemente que tener una botella de pastillas sin etiqueta es ilegal (¿lo es? No lo sé).

Parece le gusté que a un policía en algún punto, así que me permitió quedarme con las pastillas. Entonces dijo que me haría un favor. Me quitó las esposas -estaban muy apretadas y hacían doler mis muñecas- puso mis manos al frente, me volvió a esposar, y las dejó algo sueltas. Esto hizo una gran diferencia.

Mi auto sería remolcado a un almacén, explicó. Si pagaba mi fianza, podría pagar para tenerlo de vuelta. Pregunté si el depósito estaría abierto para entonces. El policía no tuvo respuesta, ningún interés. Una vez arrestado, eres un animal capturado. Nada más importa. Ya no eres un consumidor, un ciudadano, una persona con un trabajo, un ser humano normal. Ahora sólo eres forraje, una cosa que pueden usar como encuentren conveniente.

La noción de que tienes algún derecho en absoluto es un chiste una vez que estás arrestado. Lo que te suceda es completamente la decisión de tus captores.

La búsqueda

El auto policial en que iba partió, y en 15 minutos estaba siendo sometido a un cateo corporal. Metieron sus manos en cada bolsillo ¿Buscando qué? No tenía idea (lo averiguaría más tarde).

Entonces estaba en la cárcel, completa con un inodoro sucio, alguna cosa que parecía un lavamanos, y una banca. Después de 45 minutos o algo así, me permitieron usar el teléfono por unos pocos minutos. en este punto, noté una suavización en la actitud de parte de mis captores. Me estaban hablando, y se estaban relajando un poco.

Así que me dejaron quedarme en el teléfono un rato. Fue esencial. El teléfono estándar es una tecnología antigua. La gente hoy en día mensajes de texto. No puedes hacer eso desde la cárcel. No tienes un Smartphone. No tienes nada. Tienes que hacer tu llamada en un teléfono regular. En estos días, la gente no está inclinada a contestar una llamada de algún número extraño. Sólo contestamos el teléfono cuando conocemos a la persona que llama. Eso significaba que tenía que dejar mensajes y esperar que llamaran de vuelta.

Es una situación altamente volátil. Tienes que encontrar alguien que conteste. Si no lo haces, podrías pasar un largo tiempo en la cárcel. De hecho, esto es lo que sucedería. Podrías salir bajo fianza. Entonces te mandarían a la calle. Sin auto. Estás varado. No puedo siquiera imaginar el destino de alguien sin una tarjeta de crédito, sencillo, etcétera.

Después de mí trajeron a un hombre hispánico, y vi como tratan a otras personas. Estaba esposado por la espalda, firmemente. Fueron mucho más bruscos con él durante la búsqueda.

Entonces algo destacable sucedió. Encontraron lo que parecían ser pequeñas hojas de marihuana en su bolsillo, no más que un cuarto de cucharadita. inmediatamente cambiaron su cargo de “fallo de comparecencia” -faltó a una situación por una falta de tránsito- un crimen: ingresar sustancias ilegales a un establecimiento correccional. una vez que esto sucedió, el oficial le gritó a todos con gran alegría: “¡¡tenemos a un criminal!!”. Se felicitaron entre ellos.

Él estaba en mi celda. Era un hombre maravilloso, ahora con su vida destruida. Súbitamente me di cuenta de lo afortunado que yo era, o, usemos la palabra: privilegiado. Soy blanco, igual que los oficiales que nos arrestaron. Vestía un traje. Hablaba educadamente y de forma calmada. Sí, a pesar de ello había sido capturado y saqueado pero me di cuenta que no experimenté lo peor de todo.

Yo me iría al final del día. Pero este hombre hispánico no tenía tanta suerte. tenía tatuajes, acento extranjero, y en general se veía más descartable para sus controladores. Parecía ser pobre. Estaría enredado en este desastre por meses, tal vez incluso pasaría un tiempo en la cárcel, tal vez incluso años. Esto me sonaba como una vida arruinada, Todo por algunos pedazos de marihuana en un bolsillo.

En otras palabras, esto es por lo que me estaban revisando tan rigurosamente. Ellos querían encontrar cualquier excusa, cualquier pequeña razón para intensificar los cargos, para esparcir más miseria y destrucción. uno de los guardias parecía menos excitado que los otros, y le pregunté cómo podría soportar ver este tipo de cosas sucediendo todo el día, cada día. Me dijo que uno simplemente se acostumbra.

Los funcionarios

“Sólo hago mi trabajo”. debo haber escuchado esa frase 15 veces durante mi experiencia. Los policías la usan. Los burócratas la usan. Los guardias la usan. Todo el sistema se ve a sí mismo de esta forma. Sólo está haciendo lo que se supone que debe hacer. Se parece un poco a la guerra, cómo los soldados hacen cosas terribles cada día, cosas moralmente objetables, pero lo aceptan porque no tienen una alternativa real. Hacen lo que tienen que hacer.

Y así es para todo el sistema de justicia criminal en América hoy. todos están haciendo sólo lo que deben hacer. Ninguna persona individual es responsable de juzgar la moralidad o la justicia de todo eso. Es el sistema, y ellos trabajan dentro de él. No lo pueden cambiar. Cooperan con él. Siguen las reglas. Son las reglas mismas las que son el opresor.

La ley es una cabrona

De forma rutinaria nos referimos al sistema de Justicia como un monopolio del “Estado”, pero no podría funcionar sin el sector privado. Los autos de policía son fabricados por empresas privadas. las armas y vestimenta que usan son producidas por privados. Las esposas y tasers son productos del capitalismo. La prisión es construida por contratistas privados. El acero de los barrotes también. La empresa que remolcó mi auto: privada. El fiador: privado.

Entre más miras al sistema qué llamamos el Estado, más claro se vuelve que por sobre todo es construido por el poder y la productividad de la economía de mercado. Cada persona que es parte de este sistema, cada contratista y beneficiario, tiene interés en su bienestar. Ellos desean que el sistema continúe y están listos para defenderlo porque defender al Estado es lo mismo que defender su sustento.

Entonces, ¿qué hace diferente al Estado? ¿Qué es esta cosa que llamamos el Estado? Al final, se trata de la ley misma. Es decir, la ley son los dientes. La ley es lo que permite al Estado hacernos lo que nosotros no podemos hacernos unos a otros. La ley posee esta cosa extraordinaria, un completo monopolio sobre el uso de la fuerza agresiva contra persona y propiedad. El estado, entonces, es la única agencia en la sociedad que tiene permitido el poder completo de control coercitivo absoluto sobre todo el resto.

¿Y quién hace esta ley? Algún grupo de élite en algún lugar. Podría ser un regulador. Podría ser un político. Podría ser algún edicto administrativo. Un juez, tal vez. Podría ser que todos los responsables por la ley en su incepción han abandonado hace tiempo esta tierra. La ley permanece como un monumento viviente a ideas muertas, personas muertas, un pasado muerto. Pero permanece de todos modos. Y lo hace por la intrincada red de grupos de interés que se benefician de ella.

¿Quiénes son los explotadores?

Este es un sistema de explotadores y explotados, exactamente como Marx mismo explicó. Pero la diferencia es ésta: la ley es el explotador y la población la explotada. No es complejo. Pero mal identificar las identidades de quién es quién -un error que caracteriza siglos de pensamiento político- puede tener consecuencias terribles.

La política de nuestro tiempo se trata completamente sobre identificar a los explotadores. Los socialistas dicen que los explotadores son los capitalistas. Trump y su ejército de tontos dice que los explotadores son los inmigrantes. Los racistas blancos dicen que el problema son los negros. Los teócratas dicen que son los infieles y ateos. Los neonazis dicen que son los judíos. la guerra entre los sexos sigue el mismo camino. Generalmente, la derecha dice que el problema es la izquierda, y la izquierda dice que es la derecha. Y las masas de gente siguen estas afirmaciones e impulsan sus agendas, que son siempre sobre construir un código legal cada vez más alto, grueso, duro, más y más horrible.

Y, sin embargo, cada ley termina en el derecho de una pequeña élite de capturarte, saquearte, y, finalmente, matarte. Cada adición al código legal intensifica la violencia.

Luego de que fui liberado -pero por supuesto no realmente liberado- y recuperé mi auto, acabé en un McDonald’s, donde fui saludado como un dignatario en visita, incluso a pesar de que no sabían mi nombre y nunca me habían visto antes. Inmediatamente me ofrecieron papas fritas y bebida gratis y me invitaron a ordenar la hamburguesa de mis sueños.

Allí estaba a todo color, el pasmante contraste entre la cárcel y el restaurante de comida rápida. La primera es un infierno creado por ley. El último, un producto del orden social emergente y civilizado por el intercambio y comercio, es la cosa más cercana al paraíso que este mundo ofrece.

Traducción: Dusan Vilicic Held
Correcciones: Martín Gallardo Gysling
Original: https://tucker.liberty.me/captured-cuffed-and-jailed-a-personal-story

Historia de tres hijos

Un padre le dijo a sus 3 hijos cuando los envió a la universidad: “Siento que es mi deber proveerles la mejor educación posible, y no me deben nada por eso. Sin embargo, quiero que lo aprecien. Como muestra de ello, por favor, cada uno deje medio millón de pesos en mi ataúd cuando muera”.

Y así sucedió. Sus hijos se volvieron un médico, un abogado y un asesor financiero, cada uno muy exitoso financieramente. Cuando llegó la hora de su padre y lo vieron en el ataúd, recordaron su deseo.

En primer lugar, fue el médico el que puso un fajo de 25 billetes de $20.000 en el pecho del difunto.

Luego, el planificador financiero también puso sus $500.000 allí.

Finalmente, fue el turno del abogado, quien con su corazón roto metió la mano en su bolsillo, sacó su chequera, hizo un cheque por $1.500.000, lo puso en el ataúd de su padre, y se llevó el millón en billetes que habían dejado sus hermanos.

Posteriormente el abogado se convirtió en congresista.

La verdadera historia detrás de “La Otra Desigualdad”

Autores y entrevistados olvidan que hombres y mujeres son diferentes

Recientemente, la revista Capital publicó un reportaje llamado “La Otra Desigualdad[1], donde analiza un tópico que ha sido ampliamente discutido en muchos países del extranjero, la “brecha de ingresos” entre hombres y mujeres. Hay tanto que comentar respecto de este reportaje, que daría para un capítulo completo de un libro dedicado a desmentir mitos económicos y políticos (como por ejemplo La Economía en Una Lección, de Henry Hazlitt, libro muy recomendable por lo demás). Obviamente mi intención acá no es extenderme tanto, al menos no aún. Me centraré en los asuntos más prominentes y haré una crítica corta de cada uno de ellos. A mi juicio los principales mitos en el artículo que contienen errores importantes son las siguientes:

  1. Hombres y mujeres son iguales, la diferencia de sexos no influye en capacidades, habilidades y preferencias, los cuales serían definidos completamente por factores sociales, culturales y económicos.
  2. Una brecha en los promedios de hombres y mujeres implica algún tipo de discriminación contra las mujeres.
  3. Los gerentes le pagan menos a las mujeres simplemente por ser mujeres, o a empleados de un área por ser un área “femenina”.
  4. De algún modo es malo que una mujer desee ser ama de casa y cuidar a sus niños, como si esto fuera algo que se le impone.

El reportaje contiene muchos errores más, pero son de menor magnitud o alcance, por lo que ni me molestaré en mencionarlos.

Hombres y mujeres… ¿son iguales?

Hombres y mujeres son iguales, la diferencia de sexos no influye en capacidades, habilidades y preferencias, los cuales serían definidos completamente por factores sociales, culturales y económicos.

El primer mito ha sido repetidamente desmentido, y entre los expertos en neurociencias, comportamiento humano, psicólogos, etc., el consenso es que si bien el ambiente influye, no lo hace más que factores biológicos como por ejemplo las variaciones hormonales, y otros rasgos codificados genéticamente. Esto ha sido comprobado numerosas veces de forma empírica, en experimentos con bebés y niños donde estos muestran intereses y habilidades diferentes dependiendo de su género, independiente de cómo se los cría. Estas diferencias se han observado incluso en fetos, antes del nacimiento. Esto significa que por mucho que se le facilite el acceso de las mujeres a “carreras tradicionalmente masculinas”, ellas siguen prefiriendo en general ocupaciones “femeninas”. Lo mismo para los hombres. Es más, en los países donde más se ha propiciado la “igualdad de género” y la “no discriminación entre sexos”, como Noruega, es donde estas diferencias se acentúan más[2]. En países con menor intervención en este respecto, las mujeres tienen el incentivo de la mayor remuneración para elegir carreras “masculinas”, pero en Noruega este incentivo es menor o inexistente, dependiendo del caso. Entonces la diferencia se vuelve más fuerte: mucho mayor proporción de mujeres en carreras “femeninas” y de hombres en carreras “masculinas”. Esto al punto de que es muy difícil encontrar, por ejemplo, enfermeros hombres o ingenieros mujeres en Noruega. La diferencia entre sexos va más allá de simples preferencias, como todos sabemos, y se extiende hacia lo físico. Un simple ejemplo es que una mujer puede dedicarse a ser nodriza (amamantar a un bebé en ausencia de la madre), pero un hombre no. Los hombres tienen mayores niveles de testosterona, lo que facilita el desarrollo de masa muscular, por lo mismo los récords mundiales en deportes generalmente los establecen hombres, especialmente en disciplinas que requieren fuerza. Una mujer requiere de mucho más entrenamiento que un hombre para lograr el mismo resultado en ese tipo de actividades, en casos sólo pudiendo llegar a ese punto usando tratamientos hormonales o drogas. Esto significa que será mucho menos probable que para una mujer sea fácil o siquiera posible llevar a cabo ciertas actividades que requieren fuerza física. Pero ese no es el único ejemplo. Las mujeres, por ejemplo, tienen mayor tolerancia al dolor, mejor habilidad comunicacional, entre otras cosas. Pretender que mujeres y hombres son iguales no sólo no tiene sentido, sino que es peligroso, porque se está ignorando la realidad, lo que significa que el resultado de cualquier política que asume eso como cierto va a tener consecuencias diferentes de las deseadas, prácticamente siempre negativas para todos y especialmente para las mujeres.

La trampa de los promedios

Una brecha en los promedios de hombres y mujeres implica algún tipo de discriminación contra las mujeres.

El “antipoeta” Nicanor Parra alguna vez dijo famosamente “Hay dos panes. Usted se come dos. Yo ninguno. Consumo promedio: un pan por persona”. Esta cita dice mucho, pero no sobre la desigualdad como muchos pretenden, sino sobre lo engañosas que pueden ser las estadísticas, si no se producen, leen y usan correctamente. No por nada se dice que hay tres tipos de mentira: Mentiras, mentiras malditas, y estadísticas. Cuando se habla de la “brecha de sueldos” entre géneros, se cae en uno de los errores más básicos al usar este tipo de estadísticas. Porque es verdad, si se suman los ingresos de todos los hombres, y los de todas las mujeres, y cada una de esas sumas se divide por la cantidad de individuos, se obtiene el resultado de que en promedio los hombres tienen ingresos ligeramente mayores que las mujeres en promedio. Pero eso no nos dice mucho sobre discriminación. No significa que a una mujer en específico le estén pagando menos que a un hombre que tiene la misma experiencia laboral, estudios, edad, etc. Sólo significa que el promedio es menor. En el caso actual, hay muchas cosas que influyen en ese resultado, pero una de las cosas más importantes es lo que expliqué antes: hombres y mujeres tienen distintas preferencias, y por lo tanto escogen diferentes ocupaciones. Instinto maternal,

El mito de la misoginia

Los gerentes le pagan menos a las mujeres simplemente por ser mujeres, o a empleados de un área por ser un área “femenina”.

Según este mito, uno de los motivos por los que existe la mítica “brecha salarial” es que los gerentes de las empresas, hombres o mujeres que han “internalizado el patriarcado”, le pagan menos a las mujeres por el mismo trabajo, porque de alguna forma desprecian o “infravaloran” a las mujeres. Para cualquier persona sensata es obvio que son muy pocos los que realmente consideran que las mujeres son “inferiores” en general, especialmente hoy en día en la era del feminismo y la “empoderación femenina”, donde si un hombre está peleando o teniendo una discusión con una mujer generalmente se asume de inmediato que la mujer es la víctima y el hombre es el agresor, e incluso muchos continúan defendiendo a la mujer cuando se demuestra que ella era la agresora.

Pero más allá de eso, hay una forma alternativa de demostrar el poco sentido que tiene este mito, que consiste en preguntarse porqué los gerentes no contratan sólo mujeres. Según el mito, a las mujeres se les paga menos que a los hombres por hacer el mismo trabajo. Si esto es así, un gerente con dos dedos de frente se daría cuenta de que puede reducir sus costes (y así poder cobrar menos y aumentar las utilidades) si tan sólo contrata mujeres. Haciendo eso reduciría dramáticamente sus costos laborales, es lo lógico a hacer. El misterio sería entonces porqué no lo hacen, sino que muchas veces incluso evitan contratar mujeres, y no porque sean misóginos, sino que porque consideran que contratar a una mujer es más caro que contratar a un hombre ¿Cómo puede ser así? Es más, muchas mujeres de hecho ganan más que sus pares hombres. Se hace claro que el motivo de pagar menos no es la misoginia o el machismo.

Lo que realmente sucede es que, la legislación laboral chilena (y la de muchos otros países) efectivamente hace que contratar a un mujer sea más costoso en muchos casos que contratar a un hombre. Por ejemplo, sabemos que los permisos pre y post-natales son utilizados desproporcionadamente más por mujeres que por hombres. Esto significa que si se contrata a una mujer, y ésta queda embarazada, habrá que reemplazarla por de seis meses. El reemplazo de un empleado no es gratis, hay que buscar candidatos, reorganizar las labores de los empleados, incluso quizá pasar un tiempo sin alguien que ejecute ciertas tareas que le correspondían a la embarazada. Además, habrá que pagar una sala cuna luego del parto. Todo eso implica un costo para la empresa. Para compensarlo, las empresas tratan de pagarle menos a las mujeres, lo que funciona como una especie de “prima de riesgo” ante la posibilidad de un embarazo por parte de la empleada. Esta “prima” generalmente la pagan todas las mujeres, independiente de si planean o no tener hijos, e incluso si la mujer es estéril, pues esa información está prohibido por ley usarla para decidir si se contrata o no a alguien, o cuánto se le va a pagar, por lo que es muy raro que siquiera se averigüe. Así como esto, hay muchas regulaciones legales que elevan artificialmente el costo de contratar una mujer, redundando en una mayor “prima de riesgo” que se manifiesta en la forma de menores remuneraciones. Ejemplos incluyen regulaciones sobre baños separados para hombres y mujeres, traslados a trabajos alternativos por embarazo, etc. Todo esto hace que parezca que a las mujeres se les paga menos por el mismo trabajo, cuando no es así. Sus servicios laborales son cualitativamente diferentes de los de un hombre a causa de la legislación mencionada, siendo más riesgosos y caros, lo que se compensa con menores sueldos. No hay nada de misógino ni machista en ello, es más, se podría considerar misógina a la legislación que provoca ese daño a las mujeres.

En países donde la legislación laboral no contiene regulaciones que imponen estos costos, o donde estos costos impuestos son mucho menores, se observa que una mujer y un hombre ganan exactamente lo mismo si ambos tienen el mismo trabajo, nivel de estudios, experiencia laboral, edad, etc. Esto también se observa en países donde por ley no se puede pagar diferente a dos empleados que desempeñan las mismas tareas. En esos casos, aún a pesar de que no haya diferencias a ese nivel, igual se observa la mítica “brecha”, pero ya sabemos que eso es debido a las elecciones y preferencias particulares de cada persona, y no porque a las mujeres se les pague menos por hacer lo mismo.

La tiranía del feminismo

De algún modo es malo que una mujer desee ser ama de casa y cuidar a sus niños, como si esto fuera algo que se le impone.

A algunas personas, especialmente aquellas que se autodenominan “feministas”, generalmente les molesta que haya más mujeres en ciertas ocupaciones, como por ejemplo amas de casa o enfermeras. Aducen que esto es una violencia producto de la “internalización del patriarcado”, o de que esto conduce a un aumento de la “brecha salarial” antes mencionada (es gracioso que esta afirmación entra en conflicto con la idea de que una mujer gana menos que un hombre por el mismo trabajo).

El problema con esto es que al decir eso, lo que realmente dicen es que las mujeres no deben ser libres de elegir la ocupación que prefieran (idem los hombres). Lo que buscan es de algún modo forzar que mujeres y hombres estén igualmente representados en todas las ocupaciones, por medio de imponer cuotas de género, subsidios estatales a la contratación de mujeres, etc. Lo gracioso es que esto sólo lo buscan hacer en ocupaciones y carreras universitarias con mayor proporción de hombres, es decir ocupaciones y carreras “masculinas”, por ejemplo ingeniería, directorios de empresas, altos mandos gubernamentales, etc. En el caso de ocupaciones dominadas por mujeres curiosamente no suelen tratar de imponer subsidios a la contratación de hombres, ni cuotas.

El problema con este tipo de medidas es doble: por un lado perjudica al empleador (e indirectamente al resto de empleados y clientes), y por otro lado implica que las mujeres son inferiores, incapaces de obtener los puestos por sus propios méritos. Si las mujeres son capaces  de obtener los puestos por su propio mérito, entonces la medida es innecesaria. Como ya vimos, si no hay “igual representación de géneros” en estos puestos, no es por barreras que se les ponen a las mujeres, ni por “machismo” o “misoginia”. Más bien es por las preferencias individuales de cada mujer, quienes tienden a preferir otras ocupaciones. Si esto es así, crear cuotas de género no va a ayudar en nada, y sólo hará que la mayoría de postulantes igual o mejor capacitados sean discriminados por el simple hecho de ser hombres, es decir, se habrá instaurado un criterio de discriminación sexista obligatorio, que discriminaría entre candidatos sólo por el género de la persona, sin tomar en cuenta el mérito personal del candidato. El feminismo estaría entonces forzando la existencia de lo que dice querer erradicar.

Conclusión

Estos son los principales mitos sobre el tema de la desigualdad de género. De lo anterior se puede concluir que la desigualdad de género existe, pues ambos sexos son efectivamente diferentes (desiguales), no sólo en aspectos físico-anatómicos, hormonales y genéticos (diferencias biológicas, si se quiere), sino que además son diferentes (desiguales) en preferencias e instintos. Todo esto acarrea como consecuencia una diferencia o desigualdad en ocupaciones escogidas y últimamente de ingresos promedio. Esto no quiere decir que a una mujer se le pague menos que a un hombre con igual contexto, al contrario. Y en los casos en que pareciera ser el caso, lo que hay es legislación laboral que aumenta artificialmente el costo de contratar mujeres, lo que trae como consecuencia los desequilibrios observados. Pero tratar de eliminar estas desigualdades es ir contra la naturaleza e individualidad misma de hombres y mujeres, reduciendo su bienestar para satisfacer un capricho extremista igualitarista, sin mayor justificación que un sencillo “no me gusta”.

Notas

[1] Revista Capital N°417, 1 de Abril de 2016 http://www.capital.cl/poder/2016/03/31/100331-la-otra-desigualdad-2

[2] Un buen documental al respecto es la primera parte de “Hjernevask” (“Lavado de cerebro” en español), titulada “La paradoja de la desigualdad de género” (se puede ver acá subtitulado en inglés: https://youtu.be/p5LRdW8xw70; o subtitulado al español: https://youtu.be/2roZWQ-bw7I). Este documental de origen noruego, creado por el humorista y sociólogo Harald Eia cuestiona muchos mitos sociológicos, y los desmiente utilizando evidencia científica y estadística.

Re: Los taxistas, competencia e innovación

Hoy se publicó una carta en el diario El Pingüino de Punta Arenas sobre el asunto de Uber. Tengo varios problemas con esta carta, que reproduzco a continuación:

Captura

soEn la carta, José Navarrete hace varias afirmaciones. Primero cuando dice que “sus conductores, a diferencia de los taxistas, no son profesionales; sus autos no están asegurados como un taxi, no pagan ni declaran los ingresos obtenidos, no están sujetos a fiscalización alguna, entre otras.” Y más adelante dice que “Uber compite deslealmente contra los taxistas”. Vamos desgranando.

Conductores no profesionales

Si se refiere a que no necesariamente poseen la famosa licencia clase A, eso es irrelevante. Una persona con licencia clase B está facultada para transportar pasajeros. Todos lo hacemos, cuando viajamos en familia, cuando un padre lleva a sus hijos al colegio, cuando viajamos con amigos, y en general cuando compartimos el vehículo. Compartir el vehículo (tener pasajeros) no requiere de una licencia clase A, es más, el gobierno en ocasiones ha hecho campañas para promover el llamado “carpooling” o compartir los viajes con pasajeros, en vez de viajar en vehículos separados. Lo único que está prohibido para un conductor con licencia clase B es llevar a cabo esa actividad con fines de lucro. Esa prohibición no tiene más objeto que disminuir la competencia, por medio de la creación de una barrera de entrada artificial (la obtención de una licencia clase A) para beneficiar a grupos de interés corruptos (como el lobby del taxi) a costa del resto de nosotros (mayores precios, peor calidad).

El que un conductor sea o no profesional, por otro lado, sólo depende de si desempeña esa actividad como su profesión. Un conductor de Uber puede ser tanto o más profesional que un taxista normal. La profesionalidad no depende de las certificaciones que se tengan, por lo que el tema de la licencia no es relevante acá. Además, los conductores de Uber en general son muy corteses, amigables, honestos, cuidadosos, y no conducen mal. Navarrete mismo nos dice refiriéndose a Uber “sin lugar a dudas el servicio es de calidad”, lo cual dice mucho sobre la profesionalidad de los conductores de Uber.

Por estas razones es que decir que los conductores de Uber “no son profesionales” no sólo es poco serio, sino que derechamente es una tontera y una contradicción.

Autos no asegurados como un taxi

En estricto rigor esto no es mentira, pero se presta para equívocos. Para empezar todo vehículo en circulación debe contar con al menos el SOAP, el seguro obligatorio, así que de que están asegurados, lo están. El SOAP cubre los gastos médicos y relacionados de los participantes en un accidente provocado por el asegurado. Esto significa que si el conductor de Uber llegara a causar un accidente, uno como pasajero está cubierto por el seguro. Si es otro conductor el que causa el accidente, uno como víctima también está cubierto por el SOAP. Esto cubre la gran mayoría de accidentes que se pudieran llegar a tener. El que el conductor no esté obligado a tener asegurado su vehículo, más allá de lo que cubre el SOAP (daños a las personas) no es de interés para uno como usuario. Si el conductor quiere reducir la incertidumbre inherente en no tener asegurado su vehículo, puede hacerlo, pero es cosa de él, y sólo le afecta a él, por lo que tendría poco sentido obligarlo. Por otro lado, para los pocos y raros casos que el SOAP no cubriría, se pueden contratar seguros aparte, si uno considera que vale la pena. Además no se conoce que los conductores de Uber tengan mayores tasas de accidentabilidad que los taxistas o que un conductor particular como uno mismo, por km recorrido, y mientras no se conozca ese dato, poco sentido tiene exigirles más seguros que lo que se nos pide a todos.

No pagan impuestos

Esto es básicamente mentira, pero es fácil ver porqué Navarrete cae en el error. Los conductores de Uber pagan impuestos igual que lo hace una persona que vende productos a través de Mercado Libre. No lo hace directamente, sino que a través de la plataforma. Una parte de la comisión que cobra Uber se va a pagar los impuestos correspondientes. E incluso si fuera cierto, esto no es necesariamente algo malo, pues nos permite disfrutar de un servicio superior, a un precio inferior. Los únicos que se verían perjudicados serían los políticos y burócratas deseosos de aumentar sus fortunas y poder personales.

No están sujetos a fiscalizaciones

Esto es falso. Claro, no están sujetos a las mismas fiscalizaciones que los taxistas, pero los taxistas tampoco están sujetos a ser fiscalizados por Uber.

Primero, todo vehículo en circulación está sujeto a ser fiscalizado por las autoridades competentes, no sólo los taxis. Carabineros de vez en cuando hace estas fiscalizaciones, donde revisan todo tipo de vehículos, incluyendo los particulares, para verificar que todo esté en orden, desde los documentos, hasta la revisión técnica, implementos de seguridad y componentes reglamentarios.

Ya por lo anterior es falsa la afirmación de Navarrete, pero resulta que los conductores de Uber son fiscalizados por la misma empresa. Uber exige que sus conductores tengan sus vehículos en regla, y en perfectas condiciones. Por otro lado, los mismos usuarios actúan como fiscalizadores por medio de las funciones de evaluación y comentario disponibles en la aplicación. Si un conductor tiene malo un foco, el usuario puede calificar negativamente al conductor, y dejar el comentario. Uber incluso puede expulsar a conductores por no cumplir con sus estándares mínimos, que son más estrictos que los para los taxis, ya que no sólo incluyen detalles técnicos, sino que además cubren cosas como pulcritud, limpieza, etc. Además de que Uber no admite vehículos viejos, mientras que los taxistas generalmente utilizan modelos inferiores.

Como podemos ver, no sólo es falso que no están sujetos a fiscalización, sino que además funcionan bajo estándares más altos que los taxistas.

Competencia desleal

Se ha utilizado mucho este argumento de la “competencia desleal”, pero el término se está usando de forma totalmente errónea. Competencia desleal es un término utilizado para describir a la práctica del dumping, es decir, de cobrar menos que el costo con el fin de eliminar a la competencia y así poder cobrar mucho más que al inicio. Más allá de que esa técnica nunca ha funcionado realmente, no tiene nada que ver con lo que hace Uber. Uber no cobra por debajo de sus costos. Es más, cobra por encima de estos, por eso es que genera utilidades y no pérdidas, que es lo que sucedería si practicara competencia desleal así definida. Pero hay otra posible definición del término, que yo considero mejor: cobrar precios artificialmente bajos gracias a subsidios estatales. Evidentemente Uber no recibe ninguna clase de subsidio estatal, a diferencia de empresas como CODELCO, ENAP, BancoEstado o EFE. Esas empresas sí practican competencia desleal, Uber no.

Dicho eso, es evidente que el término se está usando no para referirse a su definición más técnica, económica, sino que en realidad lo que se está diciendo es que es injusto para los taxistas tener que operar con costos mayores que los que tienen los conductores de Uber. El primer problema ahí es que esos costos (licencia clase A, patentes amarillas, etc.) fueron en buena parte solicitados por el lobby del taxi, para que sirvieran de barrera de entrada artificial y así reducir su competencia en una movida de proteccionismo mercantilista puro y duro. Esto se hace evidente cuando el reclamo obvio, que sería pedir que les quiten esos costos innecesarios, no es el que hacen los taxistas. Como buen lobby mercantilista, lo que pide no es la reducción de las barreras de entrada, sino que la imposición de estas a la competencia más eficiente. Es más, a los taxistas se les dá el privilegio de poder utilizar gas natural como combustible, que es mucho más económico que la bencina o el diesel. Es evidente que si se desea una cancha pareja y mejorar la calidad del servicio, lo que se debe hacer es eliminar la obligatoriedad de la licencia clase A para transportar pasajeros con fines de lucro, de tener patente amarilla para idem, entre otras barreras de entrada innecesarias y obsoletas, además de eliminar la restricción del uso de gas natural para el resto de gente.

Conclusión

Tal vez sea cierto que Uber no es legal. Pero si no lo es, es por meras tecnicalidades y por leyes obsoletas o que derechamente siempre fueron innecesarias, es decir, en tal caso Uber no debiera ser ilegal. Lo que me parece en todo caso es que demostrar en juicio la ilegalidad del servicio será mucho más difícil que lo que a algunos les parece. Al margen de eso, es indiscutible que la calidad del servicio es superior y que los precios son de un tercio o menos que lo que cobra un taxi tradicional. Impedir el funcionamiento de un servicio que tanto beneficia a la sociedad sería no sólo un despropósito, sería derechamente un acto de locura o avaricia.

Porqué no creo en el tren

Yo creo que el tren no es un medio de transporte más eficiente que los vehículos tradicionales (buses, camiones). Me explico: al menos en Chile, que para que sirvan de algo se necesitaría un tremendo gasto en infraestructuras, y aún así tiene sus costos que el camión no tiene. Por ejemplo, con los camiones se traspasa carga (cargar o descargar) dos veces, una vez en el origen y otra en el destino, mientras que con los trenes son al menos cuatro traspasos (del origen a un camión, del camión al tren, del tren a otro camión, y del segundo camión al destino). No existe “tren a la casa/depósito”, excepto en casos muy puntuales como las industrias acerera y cuprífera donde se justifica.

De hecho, hay muchos tramos de tren funcionando y casi ninguno se usa más de una vez al día (ni siquiera hay servicios de pasajeros funcionando en ningún lugar excepto Santiago-Chillán, Victoria-Temuco, Valparaíso-Limache y Talca-Conce), lo que da una indicación de lo poco útil que es. Si fuera a ser algo tan útil y beneficioso, hace rato que se habrían presentado muchos inversores para poner trenes y mejorar líneas, pero eso tampoco ha pasado. Peor aún, a pesar de que a EFE se le hizo una tremenda inyección de capital, no fueron capaces de hacer funcionar el negocio, es decir, a pesar de que les regalaron trenes y líneas.

Yo no creo en el tren, la verdad. Creo que es una tecnología algo obsoleta, poco flexible, y que en lugares como Europa o los EEUU sólo se utiliza porque ya tenían muchísima infraestructura hecha -construída en la época donde la alternativa al tren eran las carretas-, y no necesitan partir de cero como acá, además de que ellos tienen mucha más demanda por transporte industrial que aquí.

Y acá es donde introduzco mi crítica al principio de subsidiariedad: ese principio se usa para justificar el gastadero que se hizo con EFE, y que se hace con tantas otras ridiculeces (los elefantes blancos de Lagos, por ejemplo, con carreteras y puentes que no iban a ningún lugar, o el infame puente de Chacao). Y es que está bien usado, porque es un caso donde “el sector privado no quiere o no puede financiar un servicio de utilidad pública”. Lo que no menciona ese (mal) principio es que el costo no debe ser mayor que esa utilidad “pública”. Sólo por medio del mercado libre se puede saber lo que vale o no la pena financiarse, ahí es donde la sociedad muestra sus preferencias y lo que le es o no útil. Y por lo que se puede ver, la sociedad no desea un puente de Chacao, ni un “tren al sur”, al menos no lo suficiente como para que valga la pena el gasto.

Por eso es que no creo en el tren (o para el caso, en puentes a ningún lugar, o cualquier cosa por el estilo). Y es que todo este atado del tren y similares viene de la idea, falsa y poco acertada, de que lo que no haga la sociedad por sí misma, lo debe hacer el Estado, para beneficio de la sociedad, cuando en realidad es para perjuicio de ella.

De déspotas e ignorantes

El Mercurio publica hoy una columna de Cristián Warnken titulada “Chile: ¿quién sabe?“, donde éste comete varios errores y cae en varias falacias que me hacen pensar que es malintencionado y no sólo tonto. Esto porque yo suelo, en casos así, asumir que la persona no es malintencionada, y que sólo es tonta o ignorante. Es decir, quiere hacer algo bueno, pero no sabe cómo hacerlo, y en su ignorancia o falta de reflexión, termina sugiriendo o haciendo cosas incluso hasta contraproducentes. En fin, manos a la obra.

Primero, cae en una brutal generalización, al asumir que los chilenos «no son capaces ni de un segundo de contemplación o admiración en silencio». Aparentemente Warnken no se considera chileno, ni tampoco lo son los miles de ¿chilenos? que sí somos “capaces de contemplación”. Esto es una falacia muy obvia, y muy común entre quienes quieren tratar de manipular la realidad presentándola de una forma falsa, distorsionada, para lograr cierto efecto.

No explica para nada cuales serían los «signos de este bosque de símbolos» que según él «se perdieron». Tal vez sea porque ni él sabe de qué está hablando, que simplemente escribió eso porque suena “poético” y de algún modo da una impresión de ser verdad, simplemente porque cada quién va a rellenar mentalmente ahí lo que cada quién cree que es eso que se “perdió”. Es un recurso muy típico en los discursos que se crean para, también, lograr cierto efecto en el lector (en este caso, indignación, probablemente), sin presentar una causa real y concreta.

No explica tampoco por qué todos debieran saber reconocer cada especie de flora y fauna. Acá comienza a evidenciarse su problema: a Warnken le molesta que al resto de gente no le guste lo mismo que a él. Esto se confirma hacia el final, cuando comienza a reclamar por las «ruidosas y groseras “motos de agua”». Es una enfermedad común entre los intelectuales e intelectualoides (aquellos que se quieren hacer pasar por intelectuales) el querer presentar sus propios gustos y preferencias como si éstas fueran de algún modo superiores. Que de algún modo sus gustos son los correctos, y quienes no los compartes básicamente pecan, son herejes que deben ser subyugados. El clásico desprecio al prójimo. Y este desprecio sale a la superficie completamente en momentos como cuando dice que «el hombre es prescindible», que no es más que trivializar al otro, las personas no son importantes, dando la idea de que cualquier agresión cometida en el afán de imponer sus gustos particulares es algo trivial, sin necesidad de ser justificada. «El hombre es prescindible», así que no importa si hay que subyugarlo y quitarle su libertad, con tal de que se comporte como él desea. Ese es el mensaje que al menos yo voy encontrando en su columna. Bastante perverso, en mi opinión.

Es curioso que Cristian se indigna porque un terreno estatal esté sucio, pero no parece hacer mucho por limpiarlo. No parece entender el problema que hay ahí. Esa playa que él menciona es “de todos”, pero como bien sabemos “lo que es de todos no es de nadie”, y por ende no se cuida y nadie se preocupa mucho por su mantención. Si ese terreno fuera de alguien que quisiera explotarlo comercialmente como atracción turística, es muy seguro que se aseguraría de que hubiera basureros, y gente recogiendo la basura que pueda haber sido dejada fuera de ellos, para mantener la limpieza y atractivo del lugar. Poca gente gusta de visitar atracciones turísticas sucias con basura, por lo que si el empresario quiere lucrar, debe mantener el lugar limpio. Pero gente como Warnken no están interesados en estudiar cosas tan “mundanas” como economía, la ciencia que se dedica a entender la acción humana y sus consecuencias.Y por eso no entienden cosas como lo que es la tragedia de los comunes, ni cómo se soluciona. Terminan haciendo un diagnóstico equivocado, y por ende, con soluciones inefectivas y hasta contraproducentes. Esto queda clarísimo en el momento en que dice que lo que «une a un flaite y a mucho[s] miembro[s] de nuestra clase dirigente» es «el desamor a lo propio». No se da cuenta que lo estatal no es “propio”, olvida que “lo que es de todos no es de nadie”, por ende no tiene sentido hablar de “algo propio” en su ejemplo. Sin olvidar que Warken parece pretender que por haber nacido en algún lugar del territorio del Estado de Chile, entonces de algún modo se es propietario de ese territorio. Eso es falso. Chile no es “de los chilenos”, cada terreno es de su(s) propietario(s) y de nadie más. No tiene sentido que uno adquiera derechos sobre un terreno en La Serena simplemente por haber nacido en Puerto Williams, es un disparate que sólo tiene consecuencias contrarias a lo que parece buscar Warnken.

En fin, no parece ser más que otro más en una larga lista de iluminados que creen que sus propios gustos y preferencias son superiores y dignos de ser impuestos al resto por medio de la violencia de ser necesario. Un déspota más, sencillamente.