[Traducción] Capturado, esposado, y en prisión: Una historia personal

Por Jeffrey Tucker

Era un hermoso día, excepto que la mayor parte de él la pasé en la cárcel.

De un minuto al otro pasé de estar aparentemente libre a estar esposado y capturado. Cualquiera que haya experimentado algo así sabe exactamente a lo que me refiero. Si no lo has experimentado, espero que nunca lo hagas.

Podría ser mejor descrito como una pérdida de inocencia, sumado a una nueva conciencia de que todo lo que amamos y apreciamos en el mundo pende de un hilo. El hilo puede ser cortado, con o sin motivo, por un sutil movimiento de cualquier autoridad fiscalizadora de este país.

Es la segunda vez que voy a la cárcel -la primera vez fue por una multa impaga- así que no estaba completamente sorprendido al revisitar esa sensación de completa pérdida de albedrío y ser completamente dependiente de otros que no te valoran en absoluto. Me ha pasado antes y la primera vez sacudió mi mundo. Que otros te quiten todo lo que consideramos como humano es un desafío psicológico, y un trauma inolvidable.

La segunda vez, fue más fácil ver del otro lado. Lo que éstas personas quieren -me decía continuamente- es registrarme, dejarme como una estadística para mostrar lo esenciales que son, y luego saquear todo el dinero que sea posible. Entonces terminaría.

Para el final del día, había terminado. Excepto que no en realidad. Este incidente había terminado. Pero la realidad de que ninguno de nosotros realmente controla su vida, que nada de nuestra propiedad es realmente nuestra, que somos vulnerables al secuestro legal en cualquier momento. Esta es una realidad recurrente para toda la población. Ser arrestado y apresado es experimentar de primera mano la comprensión de que no hay verdadera libertad, no bajo el sistema existente.

De seguro no me va a pasar a mí

Cuando alguien es arrestado, la primera pregunta que tiene la gente es: ¿porqué? Hay una ansiedad implícita en la pregunta: ¿cómo puedo evitar este destino? Tal vez si no hago algo estúpido cómo lo que él hizo, no me sucederá a mí. Queremos convencernos de que el problema del Estado policial realmente es el problema de alguien más. Es sentido por gente que vive al borde, que consumen drogas, que son “inmigrantes ilegales”, que no saben cómo hablar de forma educada a la policía, y así sucesivamente.

Todo eso son ilusiones.

Bien, Así es como me sucedió a mí. hay una nueva ley de tráfico en la mayoría de los estados llamada la regla “moverse al costado”. Cuando la policía está detenida en el lado derecho del camino, tienes que moverte al carril izquierdo. Esto hace que el policía se sienta más seguro. En lo que a mí respecta, nunca había escuchado de esta ley y nunca se me había evaluado en mi comportamiento al conducir. El policía había puesto una trampa, deteniéndose allí al costado sólo para probar cumplimiento. Me moví un poco pero no lo suficiente.

Las luces se iluminaron detrás mío, y yo me estacioné. Le di al oficial mi licencia. Llegó otro auto policial. El volvió y me dijo que salga del auto, y me preguntó por qué mi licencia había sido suspendida. Estaba sorprendido. entonces recordé que me había atrasado un solo día en pagar una multa de estacionamiento. La señora en el escritorio me dijo que podría haber un problema con mi licencia, así que me dio un papel oficial titulado “Notificación Oficial de Reinstauración de Licencia de Conducir”, y puso el sello oficial en él.

Recordando esto, le dije al policía que podrían encontrar este documento en mi auto. Ellos buscaron porque en este punto no tenía permitido moverme. Ellos trajeron el papel de vuelta y lo observaron. Un policía dijo que claramente era legítimo. El otro dijo que no, qué fue emitido por la corte municipal, en vez del departamento de vehículos motorizados, así que no podía aceptarlo. Protesté pero la decisión había sido tomada.

Me miró y dijo: ponga sus manos detrás de su espalda. Fui esposado y guiado al auto. Proteste que mi computador, mi teléfono, todas mis cosas estaban en el auto. Nada de esto importó. Revisaron mi auto buscando drogas, armas, licor, o lo que sea. Encontraron una botella de pastillas sin etiqueta (anticoagulantes) y me interrogaron al respecto, implicando fuertemente que tener una botella de pastillas sin etiqueta es ilegal (¿lo es? No lo sé).

Parece le gusté que a un policía en algún punto, así que me permitió quedarme con las pastillas. Entonces dijo que me haría un favor. Me quitó las esposas -estaban muy apretadas y hacían doler mis muñecas- puso mis manos al frente, me volvió a esposar, y las dejó algo sueltas. Esto hizo una gran diferencia.

Mi auto sería remolcado a un almacén, explicó. Si pagaba mi fianza, podría pagar para tenerlo de vuelta. Pregunté si el depósito estaría abierto para entonces. El policía no tuvo respuesta, ningún interés. Una vez arrestado, eres un animal capturado. Nada más importa. Ya no eres un consumidor, un ciudadano, una persona con un trabajo, un ser humano normal. Ahora sólo eres forraje, una cosa que pueden usar como encuentren conveniente.

La noción de que tienes algún derecho en absoluto es un chiste una vez que estás arrestado. Lo que te suceda es completamente la decisión de tus captores.

La búsqueda

El auto policial en que iba partió, y en 15 minutos estaba siendo sometido a un cateo corporal. Metieron sus manos en cada bolsillo ¿Buscando qué? No tenía idea (lo averiguaría más tarde).

Entonces estaba en la cárcel, completa con un inodoro sucio, alguna cosa que parecía un lavamanos, y una banca. Después de 45 minutos o algo así, me permitieron usar el teléfono por unos pocos minutos. en este punto, noté una suavización en la actitud de parte de mis captores. Me estaban hablando, y se estaban relajando un poco.

Así que me dejaron quedarme en el teléfono un rato. Fue esencial. El teléfono estándar es una tecnología antigua. La gente hoy en día mensajes de texto. No puedes hacer eso desde la cárcel. No tienes un Smartphone. No tienes nada. Tienes que hacer tu llamada en un teléfono regular. En estos días, la gente no está inclinada a contestar una llamada de algún número extraño. Sólo contestamos el teléfono cuando conocemos a la persona que llama. Eso significaba que tenía que dejar mensajes y esperar que llamaran de vuelta.

Es una situación altamente volátil. Tienes que encontrar alguien que conteste. Si no lo haces, podrías pasar un largo tiempo en la cárcel. De hecho, esto es lo que sucedería. Podrías salir bajo fianza. Entonces te mandarían a la calle. Sin auto. Estás varado. No puedo siquiera imaginar el destino de alguien sin una tarjeta de crédito, sencillo, etcétera.

Después de mí trajeron a un hombre hispánico, y vi como tratan a otras personas. Estaba esposado por la espalda, firmemente. Fueron mucho más bruscos con él durante la búsqueda.

Entonces algo destacable sucedió. Encontraron lo que parecían ser pequeñas hojas de marihuana en su bolsillo, no más que un cuarto de cucharadita. inmediatamente cambiaron su cargo de “fallo de comparecencia” -faltó a una situación por una falta de tránsito- un crimen: ingresar sustancias ilegales a un establecimiento correccional. una vez que esto sucedió, el oficial le gritó a todos con gran alegría: “¡¡tenemos a un criminal!!”. Se felicitaron entre ellos.

Él estaba en mi celda. Era un hombre maravilloso, ahora con su vida destruida. Súbitamente me di cuenta de lo afortunado que yo era, o, usemos la palabra: privilegiado. Soy blanco, igual que los oficiales que nos arrestaron. Vestía un traje. Hablaba educadamente y de forma calmada. Sí, a pesar de ello había sido capturado y saqueado pero me di cuenta que no experimenté lo peor de todo.

Yo me iría al final del día. Pero este hombre hispánico no tenía tanta suerte. tenía tatuajes, acento extranjero, y en general se veía más descartable para sus controladores. Parecía ser pobre. Estaría enredado en este desastre por meses, tal vez incluso pasaría un tiempo en la cárcel, tal vez incluso años. Esto me sonaba como una vida arruinada, Todo por algunos pedazos de marihuana en un bolsillo.

En otras palabras, esto es por lo que me estaban revisando tan rigurosamente. Ellos querían encontrar cualquier excusa, cualquier pequeña razón para intensificar los cargos, para esparcir más miseria y destrucción. uno de los guardias parecía menos excitado que los otros, y le pregunté cómo podría soportar ver este tipo de cosas sucediendo todo el día, cada día. Me dijo que uno simplemente se acostumbra.

Los funcionarios

“Sólo hago mi trabajo”. debo haber escuchado esa frase 15 veces durante mi experiencia. Los policías la usan. Los burócratas la usan. Los guardias la usan. Todo el sistema se ve a sí mismo de esta forma. Sólo está haciendo lo que se supone que debe hacer. Se parece un poco a la guerra, cómo los soldados hacen cosas terribles cada día, cosas moralmente objetables, pero lo aceptan porque no tienen una alternativa real. Hacen lo que tienen que hacer.

Y así es para todo el sistema de justicia criminal en América hoy. todos están haciendo sólo lo que deben hacer. Ninguna persona individual es responsable de juzgar la moralidad o la justicia de todo eso. Es el sistema, y ellos trabajan dentro de él. No lo pueden cambiar. Cooperan con él. Siguen las reglas. Son las reglas mismas las que son el opresor.

La ley es una cabrona

De forma rutinaria nos referimos al sistema de Justicia como un monopolio del “Estado”, pero no podría funcionar sin el sector privado. Los autos de policía son fabricados por empresas privadas. las armas y vestimenta que usan son producidas por privados. Las esposas y tasers son productos del capitalismo. La prisión es construida por contratistas privados. El acero de los barrotes también. La empresa que remolcó mi auto: privada. El fiador: privado.

Entre más miras al sistema qué llamamos el Estado, más claro se vuelve que por sobre todo es construido por el poder y la productividad de la economía de mercado. Cada persona que es parte de este sistema, cada contratista y beneficiario, tiene interés en su bienestar. Ellos desean que el sistema continúe y están listos para defenderlo porque defender al Estado es lo mismo que defender su sustento.

Entonces, ¿qué hace diferente al Estado? ¿Qué es esta cosa que llamamos el Estado? Al final, se trata de la ley misma. Es decir, la ley son los dientes. La ley es lo que permite al Estado hacernos lo que nosotros no podemos hacernos unos a otros. La ley posee esta cosa extraordinaria, un completo monopolio sobre el uso de la fuerza agresiva contra persona y propiedad. El estado, entonces, es la única agencia en la sociedad que tiene permitido el poder completo de control coercitivo absoluto sobre todo el resto.

¿Y quién hace esta ley? Algún grupo de élite en algún lugar. Podría ser un regulador. Podría ser un político. Podría ser algún edicto administrativo. Un juez, tal vez. Podría ser que todos los responsables por la ley en su incepción han abandonado hace tiempo esta tierra. La ley permanece como un monumento viviente a ideas muertas, personas muertas, un pasado muerto. Pero permanece de todos modos. Y lo hace por la intrincada red de grupos de interés que se benefician de ella.

¿Quiénes son los explotadores?

Este es un sistema de explotadores y explotados, exactamente como Marx mismo explicó. Pero la diferencia es ésta: la ley es el explotador y la población la explotada. No es complejo. Pero mal identificar las identidades de quién es quién -un error que caracteriza siglos de pensamiento político- puede tener consecuencias terribles.

La política de nuestro tiempo se trata completamente sobre identificar a los explotadores. Los socialistas dicen que los explotadores son los capitalistas. Trump y su ejército de tontos dice que los explotadores son los inmigrantes. Los racistas blancos dicen que el problema son los negros. Los teócratas dicen que son los infieles y ateos. Los neonazis dicen que son los judíos. la guerra entre los sexos sigue el mismo camino. Generalmente, la derecha dice que el problema es la izquierda, y la izquierda dice que es la derecha. Y las masas de gente siguen estas afirmaciones e impulsan sus agendas, que son siempre sobre construir un código legal cada vez más alto, grueso, duro, más y más horrible.

Y, sin embargo, cada ley termina en el derecho de una pequeña élite de capturarte, saquearte, y, finalmente, matarte. Cada adición al código legal intensifica la violencia.

Luego de que fui liberado -pero por supuesto no realmente liberado- y recuperé mi auto, acabé en un McDonald’s, donde fui saludado como un dignatario en visita, incluso a pesar de que no sabían mi nombre y nunca me habían visto antes. Inmediatamente me ofrecieron papas fritas y bebida gratis y me invitaron a ordenar la hamburguesa de mis sueños.

Allí estaba a todo color, el pasmante contraste entre la cárcel y el restaurante de comida rápida. La primera es un infierno creado por ley. El último, un producto del orden social emergente y civilizado por el intercambio y comercio, es la cosa más cercana al paraíso que este mundo ofrece.

Traducción: Dusan Vilicic Held
Correcciones: Martín Gallardo Gysling
Original: https://tucker.liberty.me/captured-cuffed-and-jailed-a-personal-story

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